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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 17
    Diciembre
    2014

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    TONTOS Y VIOLENTOS

     Se lo he oído decir al entrenador del Barcelona. Creo que se llama Luis Enrique, o José Enrique, o José Luis, no sé... no me acuerdo muy bien, y espero me perdone el interfecto y me disculpen los entendidos, pero me suena a algo así. Lo que sí tengo por seguro es que entrena al Barça. Y lo que oí, también lo tengo como muy claro.

    "Si expulsamos de los estadios a los que insultan, nos quedamos solos". Doy por entendido que los que insultan son los que alborotan, los ineducados, los gamberros, los burros... Bien, si valoramos la frase en su sentido más puro, lo que esta persona está diciendo - y lo supongo con sobrado conocimiento de causa - es que si se van todos los alborotadores de los estadios, éstos se vacían.

    O lo que es lo mismo, que a los campos de fútbol solo van los asnos... Cuidado, lo está diciendo el pepenrique, o el pepperoni, éste, no yo. Si los insultadores, los rebuznadores, se marchan, jugamos nosotros solicos... Es una frase clave, y tan clara, descriptiva y definitoria, que no se puede sacar de contexto, porque no existe ningún contexto alrededor de ella del que se pueda extraer. Es huérfana, solitaria y explícita por sí misma. Simplemente, o es verdad, o es mentira, o ha exajerado un tanto. Yo no lo sé porque no frecuento tales amontonamientos ni tales sentimientos. Pero eso sí, decirlo, lo dijo, alto y claro.

    Si es mentira, pues entonces su propia espontáneidad lo ha traicionado, y es que está loco y no sabe lo que dice. Si exajera, entonces tampoco está diciendo la verdad, pues una minoría no es la mayoría, y no se sentirían solos y desarropados. Y si dice la verdad, es que está reconociendo lo que todo el mundo sabe pero es incapaz de confesar y confesarse: que el fútbol se ha convertido en un factor (no sé si generador) pero sí que polarizador, de la violencia.

    El analizar las causas y los porqués, rebasaría el espacio que aquí dispongo, por lo que no voy a entrar en eso. Pero lo que es innegable es que son dos fenómenos, fútbol y ultraviolencia, que andan asociados. Resulta demasiado evidente, demasiado obvio, como para que nos neguemos a admitirlo.

    Pero lo que sí voy a analizar aquí hoy es la aceptación tácita de ello como la cosa más normal del mundo por parte de alguien que, claro, vive de ello. Si se van los cernícalos, nos quedamos solos, así que hay que aceptarlo o se acaba el negocio. Eso es tremendamente crudo. Si una actividad humana atrae lo peor del ser humano, y/o congrega a los peores seres humanos, resulta cínico e irresponsable admitirlo como algo inevitable o como mal menor, tan solo porque se sopa, y muy bien sopado por cierto, de ese plato... La violencia, aunque solo sea verbal, no deja de ser más que la antesala y anuncio de una violenciaa mayor. Y no se debe justificar jamás, nunca, por causa de intereses económicos...

    Claro, el entrenador no vá a escupir en su propia salsa. Sería tan tonto como absurdo... Pero el resto de los que pagan por ello y para ello, los mantenedores del cotarro, esos sí que son los auténticos, los genuínos tontos útiles. Puro pedigrí... Pata negra, óigan. Como la gula del norte, talmente...

     

     

     

     

     

     

     

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