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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 10
    Septiembre
    2014

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    TERTULIAS Y TERTULIANOS

     No hace mucho se publicó una pequeña observación en este mismo periódico. De siete niños que una madre había enviado al cine, tan solo dos se habían enterado de la película. Los otros cinco se habían pasado el par de horas whatsappeando desde sus butacas. Esto es tan solo un mínimo detalle que retrata el fenómeno. Existen grupos de jóvenes que, estando físicamente juntos, se comunican a través de los móviles. No es exageración alguna, si no la más descarnada realidad.

    Los expertos están advirtiendo desde hace tiempo que esta dependencia entraña serios riesgos y peligros. Que estamos educando generaciones enteras absolutamente abducidas por las pantallas, y que están empezando a darse casos graves en ciertos comportamientos anormales - yo diría subnormales -. Dicen que hay que empezar a imponer un serio programa de usos restrictivos, a fin de reeducar a los chavales a que ellos ejerzan un dominio sobre la pantalla y no que la pantalla lo ejerza sobre ellos.

    A mí ya no me extraña nada. Veo tribus urbanas enteras absorvidos. Son pantallas con patas. Pero poco se puede hacer cuando en la familia, el papi, la mami, la güeli, o el güelo ya son abducidos. Ya está ocurriendo...

    Yo propongo un hábito que se ha perdido y solo sobrevive, deformado y manipulado, en ciertos programas televisivos: el de las Tertulias. Antíguamente existían las tertulias de casino, de bareto, de círculos determinados... de trastiendas (yo viví la de una librería)... Eran de una riqueza cultural, interactiva y comunicativa enorme. Y atraía audiencias naturales y espontáneas, solo por escuchar lo que allí se debatía.

    Es muy sencillo. Una buena tertulia no debe ser formada por menos de cuatro tertulianos, para no caer en el monólogo dialogado, ni tampoco mayor de seis, para no diluirse en gallinero. Sus principios básicos y elementales: no discriminación de temas, libertad de comentarios y respeto mutuo. Hoy habría que añadir un cuarto: exigencia de apagar móviles. En las ciudades había tertulias de muchas clases y en muchos sitios, y la gente opinaba sobre cuales eran más interesentes asistir, bien por los temas, bien por los tertulianos...

    Deberíamos esforzarnos por resucitarlas. Organizar grupos de tertulianos reconocidos, por calles, por barrios, en todos los pueblos... Aparte de enriquecedor y formativo, sería el mejor antídoto contra el nefasto virus paralizante del pantallismo. Queda propuesto, a ver si tuviéramos, al menos, alguna mínima capacidad de reacción.-

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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