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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 05
    Septiembre
    2014

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    ...SON NIÑOS

     Se habla y se escribe mucho sobre el problema de la inmigración. Los medios nos ponen ante las narices cifras, datos, análisis e interpretaciones, sobre todo interpretaciones que, según de donde vienen, casi siempre del lado oficial, están formuladas para enfocar y dirigir la atención de la gente y de la opinión pública hacia determinados parámetros.

    Así nos presentan las llegadas de las pateras a las playas (solo las que llegan, claro) y la cogida y acogida de los que en ellas llegan. O vemos los desesperados asaltos a la verja de Melilla, casi siempre la alegría de los que lo logran pero nunca las palizas a los que no lo consiguen. Tenemos una policía amable a este lado, la propia, y una bastarda comprada al otro lado que usan la violencia.

    Pero existe otra clase más sutil de inmigración. Aparte los que cruzan el mar jugándose la vida, y son los que se la juegan en los bajos de los camiones, entre las hélices de los transbordadores o en los capós de los coches... Y todos ellos, o casi todos, son niños. Niños de entre 6 y 16 años.

    El pasado año entraron más de 200 críos de estas edades. Se me pone un nudo en el alma y una rabia sorda en las tripas... ¡¡ esos niños pueden ser mis nietos, me cago en la leche !!. no puedo evitar pensar en ellos y tratar de adivinar qué horror, qué clase de desesperación, qué tipo de amargura les arrastra a alejarse de los suyos, de sus familias, para poder sobrevivir, solicos, en un mundo incierto, en una sociedad hostil... Tremendamente vulnerables y con sus recuerdos a cuestas... ¡qué inhumano desamparo deben sentir..!

    Los protocolos establecen que se hagan cargo de ellos los Centros de Protección de Menores, y, a los más pequeños, se les busca familias de acogida, hasta que se les puede resolver su situación legal... Pero solucionar un aspecto legal es tan solo una parte - la más efectiva pero menos afectiva - de la protección y el cariño que necesita un niño. Solucionado lo legal, pero... ¿y lo humano?.

    No consigo dejar de preguntarme qué son de esos pequeños después de que les concedan unos papeles, una estancia de instancia, una identidad para una entidad... Vale, bien, ¿y luego, qué?.. ¿se hacen mendigos callejeros para poder comer?.. ¿se les recluye en centros acuartelarios?.. ¿se les margina como futuros delincuentes o se les mira como sobrevivientes?.. Antes de ser extrajeros, antes de ser inmigrantes, antes de ser moros... ¡¡son niños, joder, SON NIÑOS!!.

     

     

     

     

     

     

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