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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 27
    Febrero
    2015

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    Murcia

    ¡¡SÍ, SÍ... FÍENSE..!!

    ¡¡SÍ, SÍ... FÍENSE..!!

    Al principio de los tiempos fué el ahorro. La gente de la posguerra vivía en una justeza tirando a miseria, salvo unos pocos ricos y algunos privilegiados por el régimen imperante. Duro y severo régimen, por cierto. Sin embargo, las familias, aún en la escasez, ahorraban. Para una posible enfermedad, para el entierro si no superaban la enfermedad, para los zagales, para algún ineludible escopetazo que se veía venir de lejos... La cartillica postal era el viático del porque nunca se sabe... Lo que nunca llegaré a saber es de dónde salía donde tanto faltaba. Pero así era.

    Pero un día, algún alguien o algo inventó el crédito. No el fiado, que eso era otra cosa distinta, un remiendo para un descosido con el tendero basado en la confianza, no: el crédito. Cómprese lo que quiera, lo que acaricia como imposible en sus crudos sueños ide frio y no se atreve a expresar en voz alta, lo que sea... ¡Y páguelo a plazos!. Poco a poco, a su comodidad, casi sin darse cuenta... Joder qué gran invento.

    Y las humildes casas empezaron a tener una radio de ojo mágico, sobre el mejor tapete que tapaba el peor soporte, y alrededor de la que arrimarse en las noches invernales, junto al brasero... A la mierda el brasero, ahora podrá ser una estufa eléctrica. La catalítica, a ser posible. Y la cocina a gas y a hacer puñeta el carbón, o una Guzzi, y la bicicleta p´al crío... Como igual luego vinieron las televisiones, los seiscientos y la porcelanosa, y los lavatodos y los cuquifoul en la playa. Y lo que hiciera falta aunque no hiciese falta. El crédito nos revolucionó la existencia y se cargó el ahorro, el por si acaso. No había lugar para los dos al este del Mississipi.

    Así que se publicaron edictos y difundieron proclamas, y se dieron las tres voces. El ahorro ha muerto, viva el crédito. No hasy más dios que Visa y el banco es su profeta. Y así inauguramos una nueva era de consumo en humo. Gilipollas el último... y salimos todos dándonos con los piés en nuestro miserable culo remendado de ricos remiendos...

    Lo que pasa es que cuanto más comprábamos lo que nunca sería totalmente nuestro, más vendíamos lo que realmente sí lo era: nuestro tiempo y nosotros mismos. Vendimos nuestra alma al diablo. Nuestro auténtico ser al dios Mammón, que es el demonio del dinero según la Biblia, y según Mephisto que es el inventor del contrato.

    Por cierto, que su autor fué Göethe, alemán de la germanía, la patria de las walkyrias y de Mérkel, la Ángela exterminadora, la de la espada flamígera puesta por su banken central para expulsar del paraíso a los que no hayan pagado los plazos del crédito con que se ha comprado al diablo su manzana envenenada. No solo perderás lo que creías haber comprado, también lo que hayas podido pagar de ello, y además lo que ya era tuyo. Tu patrimonio. Se queda con todo: con tus dineros, con lo comprado, y con tus bienes. Y además le debes tu alma (tu bolsillo) por los siglos de los siglos.

    Dicen que la banca está empezando otra vez a trompetear un nuevo ciclo. Ahora ya no se llaman preferenciales, si no productos estructurados, por ejemplo. Otra vez a la caza de incautos. De nuevo a vender mentiras a cambio de que firmes con tu sangre. Son los nuevos tentáculos del mismo pulpo de siempre. Financieras, bancos, fondos de inversión... y sus mastines los políticos. Los perros del Averno. Los fieles Boris de su maestro Drácula...

    Miguel Galindo Sánchez // www.elescribidor.net

     

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