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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 03
    Diciembre
    2014

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    SANTA PEDOFILIA, ORA PRO NOBIS.

     Es imposible. Los falsos arrepentimientos motivados porque "el jefe" los deja con el culo al aire, y han de escenificar una petición de perdón inducida, pero eso obedece más a causas estratégicas que estrictamente morales. Cuando un arzobispo, el de Granada, se hace mopa con sus ricos ropajes eclesiales, para montarse una foto efectista, pero olvida lo que sigue silenciando, lo único que demuestra es que está escenificando una simulación, una mentira... otra más. ¿Y van..?.

    Antes de explotarle en lo alto de la mitra el escándalo pedófilo de la banda sacerdotal de los Romanones, gracias a que Francisco llamó directamente a una de las víctimas saltándose a su propia curia, este hombre, que era conocedor de lo que estaba pasando, había tomado las acostumbradas "medidas cautelares", o sea, silenciar y proteger a los pederastas.

    Pero es que ese mismo prelado, antes de ser arzobispo de Granada, fué obispo en Málaga. Y allí también hizo exactamente lo mismo con un sacerdote que abusó sexualmente de nueve niñas. Un mal cura al que tapó, protegió y al que ocultó sus desmanes mientras este depredador estuvo bajo su autoridad pastoral. Solo su sucesor se atrevió a apartarlo de sus funciones sagradas durante un tiempo, si bien que ahí sigue de cura esa curiana, sin pagar por los delitos que cometió y, por supuesto, sin que él, ni nadie, tampoco pidan perdón.

    Naturalmente, las víctimas están en su derecho de denunciar ahora este nuevo escándalo. El fiar la justicia a la Iglesia es como pedir amparo al lobo. Son demasiados ejemplos los que van saliendo, y son malos, nefastos, ejemplos. Hay que acudir a la justicia secular, aún con todos sus defectos...

    Lo que pasa en este caso es que hay un prelado reincidente en cubrir las fechorías de sus curas pederastas. Un prelado que, además, ha hecho gala de falsedad mostrando un artificial y artificioso arrepentimiento, con una teatral e impostada petición de perdón, mientras seguía ocultando su responsabilidad en este otro caso anterior ocurrido en Málaga.

    Ya no podemos saber si hay más fechorías ocultas en su largo servicio a la Iglesia y que estén tapadas en el podridero de su silencio, o en el de tantos otros... Lo que está meridianamente claro es que no son sinceros ni cuando piden perdón. Que siguen mintiendo, ocultando y disimulando. Que no son de fiar en sus falsos arrepentimientos. Lo han hecho durante muchos siglos, y no lo van a torcer ahora por un Papa bienintencionado. Predican a Dios, pero siguen al diablo...

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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