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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 04
    Mayo
    2016

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    Murcia

    ¡QUÉ OCURRENCIA..!

    ¡QUÉ OCURRENCIA..!

    Albert Ribera tuvo una ocurrencia fuera de lugar. Y digo fuera de lugar, porque aquí, en este país, no se pueden tener esas ocurrencias. En otros sitios no es así, pero aquí sí lo es. Se le ocurrió, ante el impasse producido por la inevitabilidad de ir a unas nuevas elecciones, como al fin vamos a ir, y ante el ombliguismo de los dirigentes, proponer que los principales partidos se pusieran de acuerdo y apoyaran a un independiente para la presidencia de gobierno. Alguien de confianza de todos, que sirviera de moderador y aglutinador. La figura del primer ministro en las repúblicas, o algo parecido…

                    Pero, claro, cosechó un sonoro y generalizado rechazo desde la derecha a la izquierda pasando por sus eventuales socios de pacto. ¡Cómo se le ocurre a este zagal tamaño despropósito!, clamaron al unísono… ¡qué desatino, por Dios (el que crea)!, ¿.. pero qué se habrá creído?.. Y es verdad, aquí aún estamos muy verdes para tales soluciones, nuestra democracia aún no está madura, es más, aún no es una democracia entera… una partitocracía quizá. En Italia, por ejemplo, sí se pudo hacer tras casi dos años de gobierno provisional y nefasto, y resultó muy bien, y mucho mejor que el impresentable Berlusconi… Y esa solución fue propuesta por su primer ministro, al igual que aquí podría proponerla el rey… bueno, el ciudadano Felipe, según Garzón el listo (yo diré, si me lo permite, el ciudadano rey). Pero España is different ahora y siempre, y eso en esta tierra de idiotas son palabras mayores…

                    Y aquí es impensable, porque nuestros líderes políticos padecen de un cesarismo galopante. Ellos sí que pueden incorporar independientes a sus listas, a fín de mejorar en lo posible la mediocridad rampante de las mismas, pero siempre “a mayor gloria y lustre del amado líder”, nunca, jamás, para que puedan hacerle sombra, mucho menos para que le quite el puesto supremo. Faltaría más, Fantomás… O sea, un independiente vale como medio para lograr un fín, pero no como propio fín para desatascar un medio. Aunque supere la media de la inteligencia política. Importa poco, bien poco, que pueda ser un medio para proteger el bien común y general, como solución a un problema enquistado, tal y como ocurre aquí mismo…

                    Porque esa es otra. Nuestros ombligueros y egoístas líderes políticos, desde el estatuista Rajoy hasta el oportunista Iglesias, no quieren darse cuenta que ellos son los únicos y absolutos responsables de esta parálisis. Y lo son porque han desobedecido el mandato que les ha dado el pueblo: que gobiernen en “entente”, según el reparto dado en las urnas, y abjurando de la parte proporcional de sus “principios” para lograr un común denominador. El deseo expresado del pueblo es: se acabaron las mayorías absolutas y absolutistas, dialoguen ustedes, acuerden y consensúen…

    Pero ellos, sátrapas de casta, incluídos los que inventaron el motecico… han hecho todo lo contrario, discutir, pelear, engañar, insultar, y defender sus ruínes parcelas de poder. Por eso, cualquier independiente libre de la ponzoña partidista y clasista, puede dar más y mejor juego y resultado que los sinvergüenzas mamones que se disputan la poltrona entre sí. Por eso asusta tal solución, y, entre todos, le cortan el cuello. Pues vale, tomemos debida nota.

    MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ // www.escriburgo.com

     

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