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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 10
    Abril
    2015

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    Murcia

    ¿QUÉ M... SOMOS?..

    ¿QUÉ M... SOMOS?..

    Existe una frase lapidaria que dijo alguien conocido (no sé si fué Ringo Star..): están los que hacen la historia, y estamos los que la sufrimos. La verdad es que, sin dejar de llevar razón, que no digo yo que no la lleve, pero pienso, con permiso del respetable, que no del todo. Nadie nos obliga a NO participar en la historia, que yo sepa... O nos molestamos en hacer lo que podamos, donde podamos y como podamos, o nos conformamos con quejarnos. Pero es elección nuestra, no se lo podemos achacar a nadie. O se da un paso al frente, o se da un paso atrás, o no se da ningún paso, pero no podemos culpar a los que participan de lo que nosotros rehuimos...

    Es que esa misma frase se puede extrapolar a la política, donde encaja como un guante, puesto que la historia se hace, o se deshace, desde la política. Podemos igual decir: están los que hacen la política, y estamos los que la sufrimos... O, incluso, los que la pagamos... Y la verdad que así es. Es muy cierto. Pero yo vuelvo a preguntar lo mismo: ¿quién nos impide participar en ella?.. porque hay muchas maneras, muchas, de participar... O digo más aún, ¿quién nos impide controlarla?.. ¿quién nos impide, incluso dirigirla..?.

    Yo os lo digo: NADIE. Absolutamente nadie. Nuestra propia comodidad, si acaso, o nuestra propia irresponsabilidad. Nuestra propia huída, nuestra propia incapacidad, nuestra propia insolidaridad, nuestro propio abandono... Esa renuncia, cobarde renuncia, es la que deja en manos de los malos políticos el hacerla ellos para pagarla y sufrirla nosotros. Y están encantados de ello, por cierto. Pero no tiene porqué ser así. La democracia no se reduce a votar cada cuatro años, pues somos engañados cada vez que tocan las trompetas electorales, para que todo siga igual. No. El ciudadano debe tomar el control, ser parte activa y directa en la toma de decisiones, en el diseño de la política, en la estrategia de sus políticos...

    El ciudadano debe meterse en su cabeza que los políticos son sus obreros, sus empleados, y no al revés. El ciudadano los elige para realizar un trabajo concreto, los saca del paro, los pone en el puesto y les paga su sueldo... Y es el ciudadano contratante el que debe mandar, exigir y pedir explicaciones a sus empleados contratados, y no al contrario... Sin embargo, aquí es el obrero el que realiza el trabajo que quiere como quiere, se sitúan donde les dá la gana y sitúan a los suyos, se fijan su propio sueldo, no dan explicaciones al pueblo que los mantiene, a sus empleadores, e incluso se permiten mandar sobre sus jefes imponiéndoles sus intereses. Y se permiten exigirles a sus patronos lo que sus patronos tienen vetado exigirles a ellos... El mundo al revés.

    En este país existe una subversión de valores. Y existe porque nuestra visión de la realidad está desenfocada y deformada por nuestra ciega, suicida y cobarde comodidad. Un empresario no deja la finca en manos de sus asalariados y se vá a su casa a no querer saber nada, y a esperar que sus operarios le manden, le ordenen, les hagan las normas, le fabriquen las leyes y les pongan los impuestos... ¿Quiénes cubren los gastos de mantenimiento de la explotación, el empresario o los obreros?.. ¿Quiénes lo del estado, los ciudadanos o los políticos?..

    Pues igual pasa con las regiones. Lo mismo ocurre con los municipios, y con los pueblos. Que los administradores dan las órdenes en vez de recibirlas. Así que aprendamos a darlas nosotros, que somos los responsables directos. Acostumbrémonos a saber hacerlo, pues es nuestra hacienda la que hemos de administrar. Y empecemos por exigir nuestra participación en ello... No hay otra salida. No existe otra solución.-

    Miguel Galindo Sánchez - www.elescribidor.net

     

     

     

     

     

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