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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 16
    Abril
    2015

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    Murcia

    QUE LO GASTEN EN BOTICA

    En Medinaceli, Soria, tieneQUE LO GASTEN EN BOTICAn el dudoso honor de hacer la fiesta más famosa de los toros encendidos. Más triste y patéticamente famosa, diría yo. Su Toro Júbilo, que así lo llaman, es posiblemente la más conocida de esas fiestas repugnantes de los toros de fuego, en la que los más animales atan al menos animal entre los cuernos un cacharro de hierro con unas bolas de líquido inflamable que arden durante horas como antorchas. Al toro - al que dicen proteger untándolo con barro - se le seca, se le cae, y las chispas achicharran su lomo, pecho, cara, ojos... Y sus cuernos, que son tan sensibles como nuestros dientes por cierto, y todo ello le produce un sufrimiento tan atroz como aterrador.

    Tanto es así, que el noble animal (los otros bestias son los innobles), asustado, intenta escapar de ese tormento, y, en sus agónicos esfuerzos, se disloca el cuello, o se desnuca. O incluso, como ya ha ocurrido varias veces, enloquecido por el dolor y la tortura, llegan a suicidarse topando contra un muro hasta morir... Tan solo intenten imaginar semejante barbaridad, y díganme, con sinceridad, y con el corazón, quiénes de todos ellos son cada cual. Quiénes las víctimas, y quiénes los bárbaros y embrutecidos verdugos.

    El pasado año, un pequeño grupo de veinte personas humanas, lo digo así para clarificar las cosas, entraron en el cercado y se ataron al poste central junto a la pobre criatura, que no animal, puesto que ya he dicho que los animales son los del pueblo. En You Tube hay un vídeo colgado que demuestra el increíble coraje de estos seres humanos, enfrentados a los insultos, a los salivazos, a las agresiones y a la burricie de una horda de energúmenos y cernícalos descerebrados que practican la tortura para divertirse... Eso sí, en nombre de una tradición que tan solo es una excusa para saciar sus bajos instintos.

    Pero lo que verdaderamente acojona, lo que hace saltar la lógica, la coherencia y el correcto sentido común en mil pedazos, es que esas personas valientes, sensibles y comprometidas, han sido multadas con 300 euros por una administración necia, lerda y espesa hasta decir basta... Trescientos euros de multa por alteración del órden público (orden público que se traduce en cometer salvajadas en seres vivos protegidos por la ley). Esta es la guinda de la más supina estupidez, del más aposentado cretinismo en los imbéciles a los que se les ocurrió tamaña (in)justicia a modo de escarmiento.

    Un tarado insensible no tiene más argumentos que la propia bestialidad de sus actos, revestidos, eso sí, de fiesta, tradición, historia, cultura, y qué se yo de lo que disfrazan la auténtica y genuína naturaleza de los mismos. Y eso puede encontrarse en el jóven y aguerrido mozo, en el venerable abuelo, en la pulcra dama-juana, en el respetable edil de festejos, o incluso en el muy honorable alcalde de semejante tribu. Es igual. Dá lo mismo. En el fondo, lo que transluce es el más abyecto y cruel salvajismo de una España que se resiste a ser civilizada, educada y formada, y que sanciona y multa precisamente a los que les están dando ejemplo de ello. Son los pueblos profundos aún por redimir, aún por desasnar...

    Por el contrario, como ejemplo de un buen ejemplo, tenemos a Algemesí, que ha votado no volver a matar vaquillas en sus fiestas. Es la luz de la esperanza que se opone a la oscuridad de lo sangriento. Una luz que disipa lo tenebroso de algunas mal llamadas fiestas. Mientras tanto, esos 6.000 euros que van a recaudar a costa de los civilizados que se oponen a la tortura de criaturas inocentes, pido a Dios, a los ángeles y a todos los santos, incluído sus patronos, que se lo gasten en botica... y aún les falten otros tantos... Como poco.

    Miguel Galindo Sánchez - www.elescribidor.net

     

     

     

     

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