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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 22
    Octubre
    2014

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    PRIVILEGIOS

    Hay que ver la prístina inocencia que, a principios del siglo XX, existía en los políticos de la época. Fíjense en este simple botón de muestra, y comparen - y compárense también los afectados - en este humilde ejemplo:

    Los Diputados a Cortes en España, venían disfrutando de la franquicia postal, privilegio que alcanzaba también a todos los empleados que prestaban servicio en las Cámaras. Privilegio, pues, que era compartido con subordinados y subalternos del Congreso. Esto dió lugar a gran cantidad de abusos, y provocó mucho escándalo en la opinión pública de entonces. Así que para cortar por lo sano, se tomó una medida: retirar a los señores diputados tal franquicia, y, en compensación, se abonaría a cada uno quinientas pesetas mensuales (¿?)... Por aquella época (Abril, 1.920), el sello de una carta nacional era de quince céntimos.

    Es enternecedor, primero, que el escandaloso privilegio fuera que los sellos de sus cartas les salieran gratis. Y es estremecedor, segundo, que con el arreglo del abuso pudiera mandar más de 3.000 cartas al mes cada uno. A diez diarias incluídos festivos. Aquellos políticos se pasaban el tiempo escribiendo misivas a todo bicho viviente o por vivir...

    Naturalmente, yo creo que allí empezaron los políticos a tapar escándalos con otros mayores. Y a eliminar privilegios y regalías a cambio de crear otros más grandes y de más enjundia que lo de los sellicos de Correos. Hoy, que solo se escriben e.mails y whatssaps, hubieran tenido que poner los pobretillos políticos un puesto en la Plaza Mayor y tratar de colocarlos a coleccionistas.

    Así que ahí, me imagino, empezó la escalada de prerrogativas y chupopterías sin fín. Hoy, los quince céntimos es lo que les cuesta el cafelito en el Vip de las Cámaras, diez veces menos que al común de los españoles, a fin de compensar, sin duda, la diferencia salarial entre ambos bolsillos. Si bien a esa minucia hay que sumar sueldos tresmileuristas por barba, más un par de miles por "alojamiento", y un mil más por "gastos representativos", y otro complemento mileurista más por "actividades extraparlamentarias", más otros complementos por comisiones, etc... Y, como aún van cortos, les pagan viajes, taxis, teléfono, ordenador personal, y docenas de chucherías más.

    Hay que ver a lo que ha llegado aquel escandaloso sello de las cartas de 1.920.- A veces es mejor "non meneallo", porque cuando uno se queja a Alí Babá de lo que hacen sus cuarenta, éste lo soluciona abriendo más cuevas.

    Lo que hay que hacer es lo que hay que hacer... Y no digo más ná que luego tó se sabe...

     

     

     

     

     

     

     

     

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