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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 22
    Julio
    2015

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    Murcia

    POLITIMONEY

    POLITIMONEY

    No hay nada en este mundo que no lo arregle San Facundo. Este viejo y antíguo dicho, lógicamente, acabó por adaptarse a la etimología de las palabras, pero cambie usted el santo Facundo por el de Fecundo, y cobrará su real significado. Póngale la "e" de fecundidez, y, claro, natural, donde hay fecundia - abundancia - hay alegría. Por supuesto. La pobreza solo trae tristeza...

    España fué un país que se creyó fecundo, don Facundo... Fuímos el reino de jauja. Aquí plantabas un ladrillo del ocho y te nacía un edificio de apartamentos. Solo tenías que regarlo con agua ayuntamentaria debidamente recalificada, comprada con regalías bancarias. El gaznápiro jóven abandonaba el áula a medio desasnar, aprendía a solar, y se convertía en el rey del botellón of luxury con buga tunneado y bolsillo forrado. Cualquier bajoca movía dos pólizas, se metía a promotor, y el motor prometía enormes ganancias a cuenta de un agujero cada vez más agujero y cada vez más negro.

    Habíamos inventado el motor económico de movimiento contínuo. La facundia en estado perpetuo. Un manejador de grúa era disputado como balón de oro por los equipos constructores, y ganaba más que un cirujano arreglando anos. Tres cuartas en negro y un cuartillo en nómina, como Dioseuro manda, o mejor, mandaba... Y así todo. Los ayuntamientos eran máquinas registradoras automáticas, donde recalificaban y daban permiso constructor a golpe de talón, y donde la producción de Ibis engordaban las bolsas (con ese de plural) y cada cual entienda lo que quiera entender... Y, en consecuencia, los políticos administradores autoadmiraban su primordial y proverbial genialidad y sapiencia, por lo que dijéronse a sí mismos que merecían participar de las primicias de tal abundancia, y pusiéronse sueldos en consonancia...

    Pero, enfín... todo se fué a la porra caminico de Calahorra, y aquí ya solo quedan deudas, agujeros, pobreza, y una enorma desigualdad, escasez, paro, mucha miseria y algo de hambre. En la sociedad civil, claro, en la calle, repartido entre la ciudadanía, donde la clase media era alta y ahora es baja tirando a enana, donde los que eran humildes ahora son pobres de solemnidad. Donde la brecha cada vez es mayor y la solución cada vez es menor...

    ...Menos los políticos, naturalmente. Que ni se han dado cuenta del detalle, y se bajan un par de cientos de euros de los dos pares de miles de ellos. Miserable e insultante solidaridad la suya. Que no solo no se los bajan en la misma proporción que se ha empobrecido la calle, si no que le suben a esa misma calle los impuestos además, eso sí, en la misma desproporción que se les ha empobrecido la vida... Todo un detalle por su parte.

    Poca justicia hay en ello. Muy poca. Ninguna, en realidad. Por muy legal que sea, que no dudo lo será, aunque también sea inmoral. Como también será legal dentro de nada que se nos persiga a los ahulladores de la luna, como antaño, con una ley mordaza que hace legal los silenciamientos canallas y canallescos, para que solo se sepa la sola verdad una, grande y libre... Como libre y grande es ya la indignidad y la poca vergüenza.

    MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ * www.escriburgo.com

     

     

     

     

     

     

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