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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 17
    Septiembre
    2014

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    NECROLÓGICAS

     Uno de los mejores países para morirse es España. Máxime siendo prohombre de algo. Y si también algo de las esencias de esos que han sido y ya no son, se quedan algún tiempo revoloteando por aquí, tienen que asombrarse al verse retratados en los ditirambos de sus necrologistas. Aquí se muere alguien que sea de letra gorda (como decía un amigo que tampoco se quedó a verlas llegar) y los epitafios llegan al cielo antes que el difunto... y vuelven.

    Un servidor de las monjas, para servir a Dios y usted, como me enseñó mi abuela a dirigirme a los señores y las señoras, se confiesa un poco necrófílico-literario... Uséase, siente la desviación a desviarse leyendo "delirancias" fúnebres que tolmundo escribe sobre el ilustre muerto. Porque eso me ilustra sobre la sociedad en que vivimos, nos movemos... y nos morimos.

    Isidoro Álvarez, el último quenpazdescanse de altos vuelos, vemos que fué un buen hombre que hizo carrera siendo un mejor sobrino de su tío, que empezó con la sastrería más chic de la época del todomadrizz de la calle Preciados, y que, para seguir la tradición familiar, ha hecho lo propio con otro sobrino suyo. Nada bueno ni malo en sí mismo que no haya hecho cualquier otro tendero de los millares que en España son y han sido. La única diferencia es que este hombre era presidente del Corte Inglés y tuvo los suficientes cuartos como para hacerse con un Galerías Preciados a precio de saldo cuando a ésta la cagó la moscarda.

    Lo de Emilio Botín tiene más pelendengues. Jamás he leído mayores y más grandes y contínuos elogios de uno de los más claros exponentes financieros mundiales, en un país destrozado y empobrecido por una crisis económica motivada por un más que dudoso y monstruoso rescate de una banca nacional con dinero del bolsillo de los ciudadanos. Y que hizo el agosto de sus accionistas aprovechando que una prima de riesgo que pasaba por ahí cuando, para España, más que prima era madrastra... Si desmenuzamos la alta economía hasta las microconsecuencias se explicarán muchas necesidades y hambres actuales. Pero para una buena necrológica, el hambre y el hombre son casos y cosas distintas.

    Y al revés. Cuando murió Adolfo Suárez, recuerdo haber leído las más delirantes aleluyas al finado, de plumas que, en vida del mismo, lo pusieron como hoja de perejil por lo mismitico que una vez muerto lo ensalzaban: su labor en política. Yo pienso que si una persona fué mala viva, no tiene porqué cambiar una vez q.e.p.d., y si fué buena, pues mejor ni peor que si fué neutra, pues lo neutro no mejora después de fiambre, ¿no?..

    Pero claro, no es nada de eso lo que se necrologiquea, no, es el poder, el dinero, la casta... Miren, siempre será mejor juzgar al vivo que inmortalizar al muerto.

     

     

     

     

     

     

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