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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 06
    Octubre
    2014

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    MAQUILLAJES

     Leo algo curioso. Permítanme que lo comparta con ustedes. A mediados del siglo XVIII, prácticamente casi que ayer mismo como quién dice, la mujer a la moda no necesitaba pensar en lavarse, pero no se olvidaba jamás de ponerse afeites. Después de una mano de blanquete en el rostro, se dibujaban las cejas de negro, las venas se resaltaban con azul cyan, y los ojos de encarnado. Este último toque era el más importante de todos.

    El buen fair prohibía a las damas decentes ponerse colorete de forma que pareciera natural. Lo artificioso era lo moral. Únicamente las damas de honor distraído y público oficio podían imitar a la naturaleza por medio del colorete, y embellecerse no embelleciéndose. La decencia dictaba, sin embargo, que el maquillaje debería pintar como un Miró.

    ¿Se imaginan?.. La virtud había que pintarla con Titanlux para demostrar que era virtud, y el vicio había que dejar obrar a la naturaleza para demostrar que era vicio.

    Afortunadamente, las mujeres han dado la vuelta a tamaña barbaridad. Ahora, lo artificioso significa descaro y provocación - no necesariamente dejación de virtud - y lo natural, pues eso mismo, lo que en realidad significa y es: naturalidad. Y normalidad. ¡Qué quieren que les diga!, aparte el aseo, la higiene y la limpieza, cosa importante hoy en día, el pintarse de máscara está bien solo para ciertas ocasiones requeridas al caso. Ya solo las momias que un día fueron lo que ya no son se tapan sus decadencias con otra decadencia mayor. Pero eso son reliquias vivas de nuestro más reciente pasado.

    ... ¿Y a mí, óigan, que me viene a colación toda esta historia con la clase política?.. Es cierto. Piensen que nuestros políticos van de normales por la vida, ya saben, dándole la mano, sonriendo, besando niños, prometiendo cosas, jurando su desinteresada entrega al pueblo, proclamando su honestidad... O sea, naturalidad, aunque ésta sea impostada. Esto es, como las meretrices del S.XVIII, que se ocultaban en lo natural. Curioso, ¿verdad?..

    Claro, es que si se esconden tras una espesa capa de afeites y pintura, y se pintan de payasos, para dar la sensación de honradez y pudibundez como entonces, hoy aparentaría exactamente todo lo contrario. Se les vería llegar de lejos. Irían pintarrajeados para taparse su auténtico rostro y eso cantaría la Traviata. Así, al menos, deben esforzarse y asistir a clases de interpretación.

    Por lo tanto ocultan su cara bajo una pintura leve, neutra, con apariencia de normalidad natural, algo así como cemento transparente, para poder lograr lo que persiguen y buscan. Hoy en día es el mejor disfraz, un camuflaje efectivo y engañador. Y, ¡hala!, a apandar que la vida es corta...

    La cuestión, ayer y hoy, siempre, es procurar aparentar lo que, generalmente, no se es... Unos más que otros, claro.

     

     

     

     

     

     

     

     

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