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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 07
    Abril
    2015

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    Murcia

    LAS LEYES

    LAS LEYES

    El Partido Popular se quedó en el Congreso más solo que la una de la madrugada, hora peninsular, en defensa de su nueva Ley de Seguridad Ciudadana. Una controvertida ley que entrará en vigor en Julio, con los calores del verano y los colores que le han sacado el resto de las formaciones políticas. Porque es la primera reforma del Codigo Penal con el único apoyo de su único grupo. La oposición acusa al PP de imponer un estado policial.

    Y, la verdad, joer... es que todos llevan una parte de razón, solo parte, pero ninguno entera. Es lo malo en estos casos. Que se hace mucha demagogia con lo que no habría que hacerse ninguna. Existen cosas, sobre todo leyes, que son tan importantes y delicadas que no deberían convertirse de ninguna manera en campo de batalla de las fuerzas políticas para ponerse zancadillas unos a otros, en vez de establecer la sola garantía de los intereses públicos. Pero no de unos sobre otros. No. De todos.

    Yo, personalmente, considero, por ejemplo, que una manifestación no dá derecho a nadie a atentar contra la propiedad privada ni la pública. Al fin y al cabo, la pública la costeamos con el bolsillo de todos. Que una banda de descerebrados se encapuchen y vuelquen coches, rompan escaparates, quemen mobiliario urbano o tiren adoquines a la policía, debe ser severamente castigado, si no, un derecho fundamental se convierte en la oportunidad perfecta para los tarados más desalmados.

    Pero eso no debe tampoco servir como excusa para arrestar al personal por el mero hecho de ser bizco y que un policía declare que lo ha mirado mal. Las leyes más represivas de los países en ciernes totalitarios comenzaron todas precisamente en defensa de las seguridades de las personas, y terminaron usándose contra sus propios derechos y seguridades. Sabido es que la seguridad es inversamente proporcional a la libertad. Las cámaras de vigilancia, por ejemplo, atentan contra el derecho de privacidad personal, pero son muy buenas aliadas para conseguir áreas y zonas más seguras para esas mismas personas.

    La cuestión está en saber dónde trazar la línea para conseguir cortar de raiz los abusos y fechorías de los radicales sin menoscabar los derechos básicos del ciudadano en su libre uso de manifestarse. En eso deberían esforzarse y centrarse sus señorías para justificar el sueldo que se fijan, y no en manipular las leyes cada cual según sus propios intereses políticos y en contra de los de los de enfrente... no sé si me explico.

    Lo que no podemos seguir es asistiendo al vergonzoso espectáculo de la demagogia. Tan estúpido es que IU no condene los excesos tiránicos de Maduro con la excusa (es rigurosamente verídico) que su régimen facilita una excelente educación musical, como que el PP justifique los abusos de los bancos para con los humildes, pero condene los escraches de los humildes contra los poderosos. Una ley es un arma. Y se puede usar tanto para defender como para atracar. Las leyes son armas que las carga quienes mandan, y los que mandan pueden ser tanto ángeles como diablos.

    Miguel Galindo Sánchez - www.elescribidor.net

     

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