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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 12
    Septiembre
    2014

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    LA MUÑECA DESNUDA

     Por mi artículo 'Pues hablemos de injusticias' (*), publicado en la edición impresa de este periódico del 10/09, me pusieron a caldo, como también me llamaron ángel y demonio indistintamente. Y, miren ustedes, todo ángel tiene agazapado un demonio dentro, asi como también en cada demonio hay un ángel escondido.

    Pero sea como fuera, se puede escribir y se puede describir, y nunca es lo mismo lo uno que lo otro. El artículo en cuestión está más descrito que escrito, dada la naturaleza del tema, y me limito, como digo y repito, a la descripción de un hecho concreto como ejemplo de injusticia. Lo describo y no lo escribo, dado que me baso más en hechos documentados y transcritos que en una elucubración intelectual de los mismos... Y los hechos, hechos son.

    Si el caso concreto, que tiene nombre y apellidos concretos, representa a miles de otros casos y hechos igual de concretos en esta España nuestra, desde luego no es culpa mía, ni yo lo he inventado para jorobar y molestar a nadie. Si eso forma parte de nuestra historia, podremos reconocerlo o no, pero ahí seguirá. Si nos avergüenza, pues habrá que remediarlo, y si no nos toca la conciencia, pues tampoco tendría porqué incomodarnos.

    Esto es como las muñecas desnudas... Aquellos que tengan mi edad, incluso más jóvenes, recordarán, sin duda, aquellas muñecas que se vendían desnudas, y que cada cual las vestía luego en su casa según sus mañas, sus posibles, sus gustos y sus querencias.

    Pues bien, que los que me han puesto como hoja de perejil, y los que me coronan con hojas de laurel también, piensen que lo único que les he puesto ante sus ojos y sus entendederas es una muñeca desnuda. El traje se lo han hecho ellos, según sus preferencias, tal y como yo puedo tener las mías, claro. La muñeca del artículo iba desnuda - también rota - y cada cual la ha vestido a su conveniencia...

    Pero eso sí... Que ese cada cual piense que lo auténtico, lo que nunca cambia, lo real, la que siempre es la misma, es la muñeca que va dentro de cada vestido. La muñeca desnuda. Esa jamás cambia por distintos trajes con que la vistan. Y las miles de muñecas que hay desnudas, son todas iguales.... Porque la muñeca no es el traje que se le pone. No. La muñeca, todas las muñecas, igual que nosotros, siempre nacen desnudas.

    (*).- Si no lo encuentran y desean leerlo, pídanmelo y se lo haré llegar.

     

     

     

     

     

     

     

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