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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 27
    Julio
    2016

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    Murcia

    LA IDEA

    LA IDEA

    En 1.945, poquico antes de que a un servidor lo irrumpieran en este mundo, allá en Budapest, alguien llamado József Biró, inventó (mejor, descubrió) el artilugio que más ha podido revolucionar el sistema de escritura del mundo moderno: el BOLÍGRAFO… Andaba pensando el hombre lo incómodo que era llevar siempre lápices acompañados de navaja o afilapuntas, o lo inviables de aquellas primeras estilográficas, que eran caras, manchaban los bolsillos de tinta, o se descargaban en el momento más inoportuno…

    Así que, enfrascado en sus pensamientos, vió jugar a unos niños a la pelota – recuerden aquella máxima de que “el maestro aparece cuando el discípulo está preparado” – y cómo el balón, tras atravesar un charco, dejaba un rastro de barro en el suelo… Y, ¡eureka!, aquí está el que asó la manteca… Un depósito de tinta grasa duradero, y regulado por una bola entubada que dejara pasar la tinta justa y precisa… Et voilá... Yo siempre he creído que el famoso BIC respondía a las siglas de Biró Inventor Cojonudo, pero no es así. De hecho, el primer bolígrafo no se llamó Bic, ni siquiera se le conoció por bolígrafo.

    … Se le llamó Esferográfica, paqueosepan… Y como eran pocos, muy pocos, los que circulaban, en las antiguas papelerías se los recargaba de esa tinta espesa desde un depósito cónico a presión, tras haber sacado previamente la minúscula bola con la ayuda de un alambre de acero duro, para luego volver a encasquetársela en su sitio con más maña que oficio… Figúrenselo, si es que pueden. Un rudimento que requería un tino y un pulso especial, si no querías verte embarrado de aquel betún hasta las orejas pasando por las ojeras… Mi madre cargó muchos cientos, quizá miles, de bolígrafos de aquellos, y mi hermano y yo unos cuantos también…

    A estas alturas de aquesta historia se preguntarán a qué viene el relato cebolletero de hoy… Bueno, primero, por lo curioso de algo que todo el mundo utiliza, pero que estoy seguro que casi todo ese mismo mundo ignora, de sus recientes orígenes… Y, segundo, porque es quizá la demostración más simple y simplista, y, por supuesto, más gráfica, de que una vulgar idea puede transformar el mundo más elaborado.

    Las ideas son como los aforismos. Que encierran potenciales que superan a las propias ideas, y que no siempre se hacen realidad. Por eso mismo, pensar y pensar sin mover las ideas, es como querer volar sin mover las alas… Pensamos y pensamos sin parar, constantemente, en casi un movimiento continuo de nuestra mente, pero no reparamos en las ideas que nos cruzan los pensamientos. Y una idea, piénsenlo ya puestos a pensar, es una sospecha de conocimiento.

    A mí me gustaría poner en marcha una especie de Taller de Ideas, algo así como una Factoría del Pensamiento… Imagínenselo por un momento, qué guay… ¿Alguien de los que me siguen, y pueden poder, ya me entienden, me ayudaría a conseguirlo..?. Piensen, piensen que toda idea ausente se anuncia como una paradoja presente… Piénsenlo, por favor... 

    MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escriburgo.com / suscríbase gratis a estas news, facilitando su e-mail en miguel@galindofi.com

     

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