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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 31
    Agosto
    2016

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    Murcia

    LA CLAVE

    LA CLAVE

    Cuando escribí el de la leyenda sobre el niño playero y San Agustín, no hace mucho, COSAS Y CAUSAS se llamaba, no esperaba la respuesta que tuve. No es que fueran muchos, no, qué vá, pero sí que fueron unos pocos de gran nivel… Ya saben, lo de la calidad y la cantidad. Es natural, debido al tema al que me arriesgué… Pero hubo uno que me retó, en el mejor de los sentidos, claro, en que a ver si yo mismo, ya que me había puesto, podía explicar el tema del charco en el que me metí, o sea, lo de la creación del mundo-universo desde la enigmáticas palabras de San Juan… Ahí es nada, camarada de camada, que de cama viene la palabra dada…

                    “En un principio era el Verbo… Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros…”, ahí está. Yo creo que, para abrir boca, con ese poco ya tenemos mucho. En el caso de San Juan, más que suficiente… Lo poco sacia, ya se sabe…         

                    Lo primero que tendríamos que pensar es que San Juan fue un enorme pensador y filósofo de gran talla, que había bebido en las antiguas fuentes de la sabiduría primigenia, como entonces fueron las egipcias, la hermética, de Hermes Trimegisto, y que ya antes de ser fraile fue cocinero (no al revés), y que intentó transmitir una enseñanza de la creación universal que supera todos los límites confesionales de cualquier religión. De ahí que, dejando a un lado la referencia que la Iglesia Católica hace de la figura de Cristo con el Verbo, como interpretación interesadamente justificativa, y que es una interpolación de su misterio de la Santísima Trinidad, la cosa quedaría poco más o menos así:

                    La Palabra es el Verbo, pues, al fin y al cabo, significa lo mismo, y alude al concepto de la definición de las cosas. Ya saben, aquello de “todo empieza a existir cuando se le nombra”, que viene a ser el principio creativo de todo, en este caso atribuido a Dios, naturalmente. Como curiosidad, fíjense en la misma palabra Universo… Universo significa, precisamente y exactamente, Uni Versum, o Uni Verbum. El Uni (Dios) y el Versum (la palabra creadora)… O sea, en un principio (todo principio empieza por el Uno) era el Verbo, o lo que es igual, la palabra, el verso… Uni/Versum… Ahí lo tienen.

                    Luego está lo de que esa palabra creadora “se hizo carne, y habitó entre nosotros…”. A mí, personalmente, claro, me encaja más que habitó CON nosotros, o a mayor exactitud, EN nosotros, que no “entre” nosotros. Y eso, porque la esencia de Dios es espiritual, y, al hacerse carne, o sea, materia, se encerró EN ella y CON ella para evolucionarla, esto es, espiritualizarla, o redimirla de la propia materia, de la propia carne. Por eso lo de que habitó “entre” nosotros..

                    …Ahora, sumen uno y uno, o mejor Uni y Uni: El Universo se hizo material a través de la Palabra (el Verbo) de Dios, de su “hágase”, de otorgarle “su” nombre, enfín… Bien. En el caso del hombre, del ser humano, de esa cosa “hecha a su imágen y semejanza”, habitó en su mente para que fuera el señor de su carne, de su cuerpo, de su materia… Es que, si no fuese más o menos así, ni un servidor podría intentar explicárselo a ustedes con cierta lógica y un mínimo de razonamiento, ni ustedes podrían intentar entenderlo. Es que la Palabra de Dios es la que se intenta interpretar, y la palabra del hombre la que intenta interpretarla. Esa es la cosa… La capacidad del ser humano para esforzarse en ello, es la clave. O la Clave de Bóveda, como decía Da Vinci… Pues eso.

    MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escriburgo.com / suscríbase gratis a estas news, facilitando su e-mail en miguel@galindofi.com

     

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