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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 22
    Enero
    2015

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    Murcia

    ¿INEPTITUD o COMODIDAD?..

    ¿INEPTITUD o COMODIDAD?..

    Me dicen algunos unos que voy sembrando un estado de pesimismo cuasi que enfermizo con mis escribidurías. Enorme error. Eso es confundir crítica con réquiem. Y no es así, ni mucho menos. Una cosa es rendirse y darlo todo por perdido y otra no estar satisfecho y decirlo. Osea, que es precisamente todo lo contrario. Se trata de no dejar de restallar el látigo para que nadie se duerma. De sacudir conciencias, si es que aún las hay, porque todavía hay remedio. A un muerto no hace falta gritarle. A un vivo, sí, porque puede estar sordo.

    Dice Bob Dylan que quien nada tiene, nada puede perder. Pero eso es mentira. Siempre se tiene algo que perder, incluso los que nada tienen que perder pueden perder la libertad, o la esperanza, que es lo peor que se puede perder. Cuando decimos que "esto no tiene arreglo" (eso sí que es pesimismo) es cuando nos abandonamos en manos de nuestros enemigos, cuando rehusamos a dar la cara, y nos retiramos a nuestras quejas y nuestras lástimas. Mientras luchemos y denunciemos mantendremos la posibilidad de mejorar (y eso no es pesimismo).

    Por eso también, cuando decimos que "no podemos ir a peor", estamos insultando a millones de personas y a nosotros mismos. Insultamos a los que se dejan la piel en la verja de Melilla y la vida en las pateras, a millones de asiáticos, sudamericanos, africanos... Incluso insultamos a nuestros abuelos y bisabuelos, a nuestros padres, que vivieron una sociedad muchísimo peor que la nuestra, y que lograron mejorarla en lo posible para nosotros con el compromiso de su lucha diaria. Y nos insultamos a nosotros mismos por reconocernos ineptos e incapaces.

    Y yo, al menos, no lo creo así. No somos ni ineptos ni incapaces, entre otras cosas, porque hemos sido mejor preparados, hemos recibido una formación e información que ellos no tuvieron, y mayor apoyos y posibilidades que cualquiera de nuestras generaciones anteriores. Y si nuestros antepasados, sin ningún medio, nos procuraron esta sociedad en la que vivimos, no podemos decir que "esto no tiene arreglo", cuando tan solo tenemos que defender lo que ya fué conquistado.

    No... no es incapacidad, ni ineptitud. Es comodidad. Nos sentimos muy arropados y seguros en nuestras madrigueras de jubilados, colocados, o funcionarios, o lo que sea que seamos, y hemos perdido el hábito de defender el pesebre común, los derechos de todos. Ya ni ladramos ni mordemos. Solo sabemos silenciar al que lo hace no sea aún que nos haga perder nuestro propio y personal hueso privado. Pero eso no es ineptitud, es solo miedo, cobardía, o si acaso... egoísmo. Que cada cual se lo mande analizar en el laboratorio de su conciencia.

    Y ese, amigos míos, sí que es el peor pesimismo de todos. No se trata ya de, con la falsa excusa de la prudencia, escondernos detrás de nuestra particular escudilla de sopa. Solo se trata de alzar la voz para que esa misma voz sea oída por quienes corresponda. Nada más. Solo se trata de hablar alto y claro. Solo eso. En una democracia, nada más se trata de salvarla. Y mientras sea una democracia, es fácil hacerlo, muy fácil, porque la última palabra la tienen siempre los ciudadanos... salvo que rehusen a ella, claro.

    Así que no escupamos en la memoria de nuestros ancestros, de los que dieron su sangre y empeñaron su vida por traernos esta democracia, diciendo ahora que no hay quién la arregle. Si no somos nosotros capaces de hacerlo, es que estamos pidiendo a gritos una nueva dictadura... ¿Acaso es lo que queremos?. Entonces, es porque la merecemos.-

     

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