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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 19
    Diciembre
    2014

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    FELIZ NAVIDAD

     El intercambio de felicitaciones en estas fechas tuvo su origen en el reinado de Rómulo, nada menos que en el año 744 antes de Cristo. Osea, si antes de que naciese Jesús, ya se felicitaban las navidades, está claro que nada tenía que ver con su nacimiento, ¿no..?. O yo estoy equivocado, o la historia está equivocada, o es el calendario el equivocado.

    Efectivamente, Rómulo regaló a su amigo Tácito unos ramos cortados de un árbol frutal de pequeño fruto rojo, procedente de los bosques de la diosa Strenia, según rezan las crónicas. Este obsequio lo recibió Tácito como indicio de buenos deseos y augurios para esas fechas y para el nuevo año, quedando establecida tal costumbre a la sombra de aquella deidad pagana. Y así, el 25 de diciembre, la cristiandad de casi mil años después, la hizo suya, extendiéndose por todo el mundo a la luz del cristianismo.

    Los antíguos celebraban con grandes festejos el solsticio de invierno, que culminaban ese tal 25 de diciembre. Roma desbordaba en manifestaciones de mutuos agasajos e idolatría en esos días repletos de palpitante y gozoso paganismo. La propia historia demuestra documentalmente que la Iglesia estableció tal día como el del nacimiento de Jesucristo (como Sol de Justicia) cambiando poco a poco la loca y desbordante exhuberancia pagana por las alegrías más recatadas y contenidas (¿?) del cristianismo.

    Yo no sé a ustedes qué les parece, pero a mí me dá el olfato que las hemos reconducido de nuevo a las orgiásticas celebraciones primitivas, si bien que aderezadas por villancicos, belenes y misas de gallo, entreveradas en las primigenias costumbres. Por mucho que busco en el Evangelio no acierto a encontrar qué se celebra, por ejemplo, con las pantagruélicas cenas nochebuenenses. Pero sí que aparecen de cien formas y maneras en las costumbres y usos de casi todos los pueblos y culturas anteriores al catolicismo.

    Parace ser que, tras la ubérrima primavera y el benigno verano, una vez pasada la preparación otoñal, había que encarar el último espacio de tiempo duro y penoso de antesala al nuevo ciclo de fertilidad y abundancia. Y qué mejor manera de hacerlo que vaciando despensas y llenando barrigas. Si a esto añadimos el barniz cristiano del triunfo de la luz sobre las tinieblas - en este punto, las noches empiezan a encoger y los días a alargar - pues ya tenemos el producto navideño/religioso ad hoc.

    Así que esto es lo que hay... Yo, la verdad, es que me siento más tranquilo sabiendo que el origen es pagano. Al menos, nos comportamos acorde a ello, y con respecto a eso, somos sinceros, aunque ignorantes. Es que lo otro chirría más que la carreta de Atahualpa Yupanqui... Ponernos como el quico en un país donde la pobreza atenaza a más del 20% de la población tiene más de pagano que de cristiano, aunque nos cueste una cruz reconocerlo...

    ...Pero, a lo mejor, si decimos "este bocado por Cibeles", o "este trago por Baco", la cosa tiene más lógica y menos pelendengues... ¡¡Pos venga, vamosaello..!!

     

     

     

     

     

     

     

     

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