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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 20
    Julio
    2015

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    Murcia

    ESCLAVOS

    ESCLAVOS

    Es biología, es historia, y es ciencia. Hace 500.000 años, los híbridos cromagnón-neanderthales comenzaron a aparecer en el sur de Europa y a extenderse por el continente. El primitivo homo sapiens abandonó las extensas sabanas africanas, quizá, quién sabe, por lo mismo que hoy: sequía, escasez, hambre, supervivencia... son los motivos eternos y universales por lo que los pueblos se mueve en masa. Unas veces pacificamente, y otras con los garrotes en la mano, si es que los tienen. Pero nadie se resigna a morir y ver morir a sus hijos de pura inanición. Eso vá en la genética humana. Es puro instinto. Y hoy, como ayer, también en la misma genética de los que vienen y los que estamos, que igual y también somos descendientes de aquellos que vinieron...

    Porque aquí está la terrible paradoja histórica de esta jodida humanidad deshumanizada. En esto mismo. En que nosotros, los europeos de Italia, Grecia, Portugal, España, Francia incluso... los europeos del sur, los del arco Mediterráneo, somos los descendientes directos de aquellas primeras migraciones negroides preanenthalenses que vinieron de África en busca de mejor caza, pues los pastos de sus llanuras se estaban secando... y había que comer carne, o morir de hambre. Casi que por lo mismo que ahora, si bien que por razones más "evolucionadas" digamos, pero igual en el fondo... El caso es que ahora nos vienen los descendientes de nuestros antepasados... Curioso, ¿verdad..?.

    El caso es que, en el ínterin de ambos movimientos de mareas humanas, los europeos descendientes de aquella primitiva égida, tan pronto aclaramos nuestra piel y estiramos nuestra talla, nos creímos de mejor familia, con derecho al uso y al abuso, y emprendimos la colonización del continente madre y de nuestro propio origen, África, y comenzamos a esclavizar a sus habitantes, a tratarlos como subhumanos, y a esquilmar todas sus riquezas naturales y materias primas, hasta agotar todos sus recursos al límite. Luego, nos retiramos a nuestros palacios ynos regodeamos en cómo se mataban entre ellos, porque no habían aprendido los preceptos de la supremacía del hombre blanco y su perfecta y muy ilustrada y civilizada democracia.

    Ahora, como al principio, nos vuelven a venir. Hermanos de sangre antígua. De los que descendemos, nos guste o no. Y los recibimos con empalizadas erizadas de afiladas cuchillas, con palizas y eliminaciones por parte de sicarios pagados al otro lado de nuestras cristianas fronteras. Pero ellos mueren a miles en oleadas, ahogados en nuestro mar latino. Vienen a compartir una herencia común y les damos una inmensa fosa común. Nuestro bienestar, heredado en parte de nuestra rapiña en sus tierras, no se comparte. Se protege. Es la ley del que no actua en justicia.

    Claro que también estamos siendo invadidos por otros pueblos que ya lo intentaron también en la antigüedad. Los del norte. Los pueblos druídicos, wikingos, arios y sajones... En su época, pudieron llegar hasta Paris en sus dackars, incluso hasta nuestras costas gallegas... Fueron los mismos cuyos reinos esquilmaron también su parte de África. Y ahora, también ellos nos convierten en sus sirvientes y vasallos a través de su economía invasora. Vienen en hordas prepotentes a que los aborígenes del sur les llenemos sus rubias y azules andorgas de sangría y paella, y nos pongamos a su servicio. Somos esclavos esclavistas, pero también esclavizados. En definitiva, somos esclavos evolucionados. Solo, que no sabemos hacia dónde evolucionamos...

    MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escriburgo.com

     

     

     

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