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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 27
    Marzo
    2015

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    Murcia

    El cuento de María Sarmiento, que fué a eurocaGARREar y...

    El cuento de María Sarmiento, que fué a eurocaGARREar y...

    ...Se lo llevó el viento. Hay un reino en el mundo de los cuentos, al que en tiempos de los reyes moros llamaban Mursiya, y que hoy debe ser Morsilla, por ser éste el amojonamiento principal de sus fiestas, así como de sus costumbres y procederes. Y hete aquí que ese país tuvo un rey principal, Valacárcel I, de la dinastía de la gaviota, que accedió al trono con gran justeza, poderío y nombradía hace ya muy largos decenios, si bien que aprovechándose con gran tino de la decadencia de los de la dinastía de la rosa.

    Y el caso de este gran monarca es que comenzó muy bien y con gran fuerza su reinado, el joío... Si bien también es cierto, y así hay que reconocerlo, que supo navegar inteligentemente entre aguas que vinieron propicias y con vientos favorables y favorecedores, puesto que sus entornos tuvieron épocas florecientes, donde los garroferos daban brevas, a sus cizañas le crecían trigos y se levantaban hermosos castillos con resorts en sus almenas y campos de golf en sus pantanales. Todo se convertía en moneda de bancal - entiéndase como almoneda de banco - donde no había que cavar, si no tan solo pedir y recibir.

    Y fué que en este espumerío espumó la suerte política del suertudo rey. Y como en el reparto de maravedises y gananciales había para vasallos, avasallados y avasalladores, aún sin mirar proporción, el avisado monarca sabía que su ralea duraría mientras durase la bonanza. Y así era, que los villanos daban vivas y alharacas cada cuatro años mientras en las faltriqueras sonaran metales y los jóvenes mozos abandonaran formación y preparación por apuntarse a la fácil ganancia del adobe y libarse los cobres en las fiesterías de locales santeríos. Todo era dicha, chicha y salchicha...

     Pero como las vacas flacas suelen perseguir a las gordas, y en el reino de la Morsilla nadie fué previsor, cuando vinieron mal dadas, al regidor le entraron ganas de pastar en reinos de mayor enjundia. Y como la cosa se ponía cada día peor y nadie quería hacerse cargo del cada vez más maltrecho reino, al que ya le asomaban todas las costuras mal cosidas y peor hilvanadas, al final pudo enganchar a su más leal amigo y caballero, Albert de Lagarre, al cual cedió trono y responsabilidades, loco por irse a trincar coles de Bruselas y poner tierra por medio.

    Mas era su secreta intención no soltar el poder de nada, aún desde la lejanía. Y como que Albert el prudente le salió honesto además de leal, e independiente y honrado, y con ganas y ánimos de renovar y limpiar la heredad de malas prácticas, nocivos compadreos y sucios trapicheos, atacó su retaguardia con sus huestes de soldados de fortuna hasta destronarlo del trono en el que él mismo lo sentó como envenenado por interesado regalo. Y puso de aspirante a un tal Sancho, al que entonces quiso y no pudo... Feo papel el del regente, pero peor el del aspirante, que se deja manipular para encumbrarse él a costa de desfenestrar al sacrificado por honrado camarada de... una más que dudosa ya tabla redonda.

    Pero las espadas están en alto, y las urnas del reino se abrirán para premiar o castigar tales procederes, que de esa palabreja viene lo de próceres. En el caso de los de la dinastía de la gaviota han segado lo nuevo para reinstaurar lo viejo. Renovar reinando desde lejos y con una traición de por medio no es bueno. Pero dar por bueno lo que es malo, es mucho peor. Que la conciencia de los siervos mutantes, digo votantes (en qué leches estaría yo pensando) pongan fin a aqueste tan malhadado cuento.

    Miguel Galindo Sánchez * www.elescribidor.net

     

     

     

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