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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 08
    Abril
    2016

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    Murcia

    DOMAR LA BOTA

                   DOMAR LA BOTA

    El problema que tienen los cuatro jinetes del apocalipsis político español: Rajoy, Sánchez, Iglesias y Ribera, es, en el fondo, el mismo problema que tiene España, porque su incapacidad se la están traspasando al país, cuyas gentes andan polarizadas y cabreadas, y encrespándose en la misma medida. Y es que las derechas, me da igual extrema que moderada, son incapaces de girar su torticolisado cuello a la izquierda, así como las izquierdas, me dá igual la desaforada que la educada, muestran su irracionalidad para virar y mirar a su derecha… aunque solo sea por pragmatismo, ya que no por educación.

                    Y fíjense cómo y por donde, y a través de qué extrañas circunvalaciones mentales, me viene a la memoria aquel inefable calzado del incipiente desarrollismo industrial español (hoy solo tenemos hostelería, y de lo demás, la caja vacía) de marca Segarra, que casi duraban los zapatos más que los pies que lo calzaban. Si es que, claro, se sobrevivía a la monta y doma de los mismos. Porque había que domarlos y padecerlos antes de llevarlos cómodamente por los años de los años… Y yo creo que era porque su horma era un intermedio entre pie izquierdo y pie derecho, de forma que cada cual los moldeaba y adaptaba a ambos remos según su férrea voluntad o capacidad de sufrimiento.

                    Fíjense, si no, que, durante muchos, muchísimos años, Segarra fue el proveedor del ejército. Las botas del soldado – las de mi mili, al menos – habían de durar un inacabable por duro periodo de instrucción, y habían de ser domadas a base de marchas recias, carreras, caminata, pateos indefinibles y desfiles… Nótese que digo que debían ser domadas, no que tenían que domar los pies de la tropa, puesto que entonces todos estaríamos hoy cojos.. No. Éramos el recluterío aquel el que habíamos de doblegar y adaptar aquellas botas que  producían llagas y dolores a los pies de cada cual. Era laborioso, fatigoso, pero el servicio recibido a cambio por la bota era muy, pero que muy rentable: pasaba el periodo de instrucción y machaque, duraba toda la mili, y aún las usabas en tu vida civil tras el licenciamiento durante laaaargo tiempo. Las desechabas por pura vergüenza, y aún eran útiles.

                    Pues bien, haya o no elecciones, el pueblo ha de domar las botas políticas cuyos pies izquierdo y derecho se resisten a ser metidos en una horma centrista. O quizá sea al revés, pero es igual… El caso es que la ciudadanía ha elegido unos Segarra, para que duren. El precio a la renuencia es insistir. Cuando enseñemos a nuestros viciados políticos a entender y dialogar entre ellos, como en muchas democracias probadas lo hacen, porque así lo quieren y lo mandan los votantes, se convertirán en unas útiles botas durante muchas, muchas, muchas leguas de andariaje… adaptadas al pié de su usuario.

                    Pero los ciudadanos han dicho no al zueco de derechas, y han dicho no al zueco de izquierdas. Las rigideces de la madera, para los ataúdes, que para andar los caminos de una democracia hay que calzar botas duraderas, sí, pero también flexibles, que se dejan adaptar por los pies que las andan, no al revés… Y si no lo son, habrá que domarlas. Como ya hicimos en la historia de nuestro tiempo con aquellos Segarra…

    MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escriburgo.com

     

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