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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 25
    Septiembre
    2014

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    CUIDADO...

     La Casa Blanca es, sin duda, la mansión presidencial más famosa, fotografiada y vista del mundo. Quizá por su aparente aspecto de accesible normalidad. En su primera época, estaba rodeada por un muro que la protegía del exterior, pero pensaron que era mejor sustituírlo por una verja que le diera apariencia de transparencia a su interior. Así que, en la Avenida de Pensilvania los turistas se agolpan para verla, hacerse un selfie (fotomóvil en español) personal con el que luego epatar ante sus familias y amistades, y las tonterías normales en tales circunstancias.

    Pero los 60 metros de jardín que hay desde la verja al edificio están discreta pero potentemente vigilados por ocultas videocámaras infrarojas, perros especialmente entrenados, guardias armados hasta los dientes ocultos en tejados y árboles, etc... Tal y como debe ser protegido un presidente de EE.UU., claro.

    Bueno, pues el otro día, inexplicablemente, un chalado con un cuchillo, saltó la verja, recorrió tranquilamente, como si fuera a entregar una carta, la distancia hasta la casa, abrió la puerta de entrada como si fuera de ella, y se coló en en chalecico de los Obama. Gracias a Good, el segurata de dentro no estaba meando, y lo pilló en el pasillo. ¡¡Menúo disgusto, quillo..!!

    Por supuesto, tras el susto, allí bailó desde San Pascual hasta la estatua de Lincoln, y habría, así cabe esperarlo, sus reconvenciones, sus dimisiones, sus expulsiones y sus vacaciones... forzadas, dado el lapsus. Lapsus de no ver nada sospechoso en un tipo nada sospechoso. Me río yo de los superagentes 86 of Usa. El caso es que, horas después de aquel sainete, en la misma acera, frente al mismo espacio de verja, un mochilero zarrapastroso se paró a atarse los cordones de sus sportivs y le cayó al pobre encima medio cuerpo de marines.

    Bueno... y, a todo esto, se andarán preguntando ustedes a qué leches viene esta curiosity de hoy. Pues por todo y por nada. Es solo para que vean y se percaten que nadie, pero nadie, nadie, está totalmente a salvo en este jodido y puñetero mundo. Que cualquiera, y recalco, cualquiera, por muy vigilado y seguro que se sienta, puede ser víctima de un loco.

    Porque, a fin de cuentas, un loco es un anormal que pasa por normal. Y eso es tan previsiblemente imprevisible en la Casa Blanca como en la Calle del Percebe. Así que, avisados quedan. Cuidado con la gente normal... ¿Que usted no es Obama, ni se le parece?.. Bueno, tampoco un loco parece un loco...

     

     

     

     

     

     

     

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