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Blog EL MIRADOR - MIGUEL GALINDO SANCHEZ

MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 21
    Julio
    2014

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     La que se ha liado en el gremio del Taxi con lo de la plataforma Uber tiene tela. Los profesionales llevan razón, pero los usuarios tienen derecho a ahorrarse una pasta, y otros qe no pueden llegar a fín de mes, el llevársela. La cosa tiene difícil, muy difícil, solución, porque lo que hay detrás de esto es todo un cambio de paradigma económico. Total y absoluto.

    Porque lo de que los particulares admitan acompañantes cobrando un mínimo por las molestias es tan solo que la punta del iceberg de lo que se nos viene encima. También está funcionando Craigslit, y Etsy, y Airbnb, y Feastly, y DogVacay... y las que vendrán. Y esto ya no solo incluye a que el propietario del coche haga el servicio, no, es el propio coche, su propia casa, sus propiedades, sus herramientas, sus habilidades, su tiempo... Y este fenómeno empezará a afectar a la restauración, la hostelería, los servicios, y muchas acividades más.

    Personas que les ceden su vehículo para determinados desplazamientos, o su casa para determinadas estancias, o que les monten una cena de aute couisine o simplemente casera en su domicilio o en el del que ofrece el servicio, o que se hagan cargo de su mascota durante sus vacaciones, o que le solucione el problema que tenga cuando lo tenga y allí donde lo tenga, desde hacerle de taxista, llevarlo a su propia propiedad, valga la redundancia, prepararle la cena y hacerle un servicio de lavado y planchado.

    Se llama economía compartida, propiedad compartida o consumo colaborativo,y se basa en la confianza... y en la necesidad. La necesidad de ahorrar unas perras y la necesidad de ganarse unas perras. Estas plataformas coordinan a la gente de todo el mundo para que le brinden lo que usted pueda necesitar en un determinado momento del calendario y en un determinado lugar de ese mundo. Es su negocio. Unos se ahorran de un 50 a un 60% en sus costos, y los otros redondean sus escasos ingresos para poder seguir viviendo dignamente y/o manteniendo su patrimonio.

    Y a ver quién le pone el cascabel al gato. Esto supone un cambio de concepto. Una noción nueva y revolucionaria. La rápida implantación de estas plataformas ha dejado a los estados sin capacidad de reacción. El vacío legal existente y la imperiosa necesidad de estos servicios ágiles y baratos junto a la no menor necesidad de prodigarlos ha bloqueado la respuesta de un marco jurídico regulador. La sociedad humana, simplemente, crea sus propios sistemas de subsistencia.

    ¿Que quién tiene la culpa de todo esto?.. Pues los propios estados, sin duda alguna. El varapalo que la crisis ha supuesto para las economías domésticas de toda una clase media mundial, junto a la desproporcionada avidez impositiva con que se grava cualquier actividad o producto, empuja a la gente a ahorrar y/o adquirir recursos de manera alternativa. El poner al servicio de los demás lo que uno tiene es una forma de aprovechar esta sinergia. Lo que está pasando tiene un motivo, un orígen, una explicación, y no está en el afán de nada si no en la necesidad de todo.

     

     

     

     

     

     

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