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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 04
    Marzo
    2015

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    Murcia

    AUSTERIDADES

    AUSTERIDADES

    No sé si ustedes se habrán dado cuenta o no, pero al poco de comenzar la crisis empezó también una sutil y solapada campaña destinada a echar toda la culpa de lo sucedido a las víctimas, a los paganos de la misma, a fin de que los agentes que lo propiciaron se fuesen de rositas. Es la vieja estrategia de disculpar al verdugo culpando al condenado. La efectividad de su resultado reside en la alianza entre los poderes financieros y sus gobiernos títeres. El machaqueo y el tole/tole, al final, puede resultar hasta creíble y convincente, sin serlo.

    Que si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que nos hemos creído ricos sin serlo, que si hemos abusado del gasto y del crédito... son cantinelas que, al final, suelen calar en la conciencia colectiva de la gente. Pero hemos de saber que esa es la parte menor de la verdad total. Lo saduceo, hipócrita y cínico de esto es que ese dinero, ese crédito, nos lo metieron por vena y por las narices, vía esnife, las propias cajas y bancos para hacernos caer en una trampa bien cebada y preparada desde las propias financieras. No fué un dinero pedido y exigido, no, fué un dinero ofertado hasta el agobio. Nos vendieron una mentira vestida de bonitos colores para quedarse con la vida y hacienda del personal. Tiraron un anzuelo al rio con un engañoso cebo para que los besugos picáramos como bobos. Esa es la única verdad.

    Al final, ellos se han quedado con la parte de dinero que cada cual pudo pagar, con el objeto de la compra (hipoteca), con todo o parte de su patrimonio, y, encima, le toca cubrir, aparte, el agujero de su bropio banco con el recorte en sanidad, jubilaciones, educación, prestaciones, servicios... y aumento indiscriminado de impuestos. Osea, se han quedado con todo a cambio de nada. Usted, y yo, y el otro desgraciado, tenemos la culpa de ser tontos, sí, pero no somos culpables de lo que se nos quiere acusar. Más bien al contrario, ellos son los ladrones y nosotros los robados.

    La última falsedad inicua es colocarnos pobreza por austeridad. El peor de todos los embustes. Nos quieren convencer que las medidas de austeridad son buenas y necesarias para remontar sus irresponsables acciones, y es cierto, pero nos dan el cambiazo de austeridad por pobreza, de forma que hacen pagar con hambre, frio, enfermedad y necesidad, pero eso no es austeridad... como tampoco es humano, ni honrado.

    Austeridad es no comer jamón si no puede, pero que a sus hijos no les falte pan, no pasen hambre. Austeridad es no tener dos casas si no puede, pero que no le falte un techo bajo el que cobijarse. Austeridad no es disponer de una clínica privada si no puede, pero no morir en pasillos y en listas de espera. Austeridad no es vivir en la calle, comer de los bancos de alimentos, enfermar de pulmonía por no poder pagar la luz... Eso es maldita pobreza, no austeridad... Y decir lo contrario de la realidad es mentira y la más pura deshonestidad.

    Como el más elemental principio de justicia es imponer la mayor carga fiscal a los ricos para que los pobres sean menos pobres, y no al contrario, que los jubilados, por ejemplo, pagan porcentualmente el doble de impuestos que los grandes potentados a través de sus Sicavs. Que mi porcentaje personal, abundando en ese mismo ejemplo, duplique el de D. Amancio Ortega... manda huevos...

    Así que no digan que los que claman contra la austeridad son locos, malos y advenedizos. La austeridad bien entendida no es pobreza. La austeridad para los pobres y no para los ricos, sí que lo es, además de una sangrante injusticia social y una gran bajeza moral. Así que no engañen ni manipulen. Hasta la ignorancia tiene un límite.- ADVIERTO: no abusen de ella, que, como las armas, también la carga el diablo...

    Miguel Galindo Sánchez

    www.elescribidor.net

     

     

     

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