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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 30
    Junio
    2017

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    SOCIEDAD Murcia

    ARTE

    ARTE

    Ya sé que he escrito varias veces sobre esto, pero es que no me resisto a volver a destapar la estupidez de los entendidos en arte conceptual cada vez que aparece una noticia que lo denuncia. Más que nada, es para ver si provoco alguna reacción, alguna contestación, no sé… algo. Algo que me ayude a entender lo que aun no comprendo, por mucho que me esfuerzo en ello. Y miren, intento dar con una explicación, de verdad que sí…
    Ya he contado por ahí lo del cubo, el trapo y la escalera que alguien quitó pensando en un olvido de los de la limpieza, y resultó que era una obra maestra, expuesta en un museo milanés. O ese montón de ladrillos, que en otro sitio quitaron de en medio creyendo que eran los materiales sobrantes de una reciente obra de restauración, y era otra hipergenialidad… Un consejero, por cierto, tuvimos aquí, que pagó por eso de los ladrillos, y por otras cosas que pasaron desapercibidas, cuando no abiertamente cachondeadas.


    Pero es que he sabido de un par más, al menos. En la Tate Gallery, no hace mucho, un chico se dejó olvidadas sus gafas de sol sobre uno de los muchos cubos de relleno decorativo en una de sus salas. Al salir, se dio cuenta y volvió grupas, a ver si las encontraba… Y las encontró, pero rodeada de un nutrido grupo que fotografiaba, tomaba notas y ensalzaban la “concreción, minimalismo y sencillez” de la obra. No se atrevió a retirarlas, y se resignó a dar por perdidas sus queridas gafas de sol.


    Lo más reciente, en Escocia, un par de estudiantes de la Robert Gordon University compraron, en una tienda al paso de un museo cercano, una piña, a fin de comerla tras su visita al mismo, pues querían ver una afamada exposición. La metieron en una bolsa y, durante la visita, vieron un stand vacío y decidieron gastar una broma. Dejaron en el centro del desmantelado espacio la piña, tal cual. Al término del recorrido, pasaron a recogerla. Encontraron el stand totalmente vestido y a la piña en su centro, si bien que dentro de una protectora cápsula de vidrio… “Es lo más divertido que nos ha pasado”, comentaron. “Es que está en sintonía con el espíritu de la exposición”, se justificó luego, avergonzada, la comisaria…


    Es sabido lo de neoartistas desconocidos que pegan obras de 3 o 4 cms. En los bajos de las paredes de los más afamados museos, para luego poder decir, por ejemplo, que sus creaciones han sido expuestas en el Moma de New York, a un suponer. Esto es rigurosamente cierto. Lo juro por Tutatis.


    Yo entiendo que artistas geniales vendan banalidades por el solo hecho de llevar su firma. Ahí tienen los botes de sopa Campbell, de Andy Warhol, o la M´erde D´Artiste, de Manzzini, como ejemplos más conocidos. Vale. Pero inventarse una genialidad falsa e inexistente por el simple hecho de tropezársela en un museo, denota una gilipollez rampante y supina, no me digan que no… El mero nombre de Arte Conceptual es una tontada como poco. ¿O acaso el arte por sí mismo no es ya un concepto?... Pues por eso.

    MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escriburgo.com / suscríbase gratis a estas news, facilitando su e-mail en miguel@galindofi.com Siga sus programas en www.radiotorrepacheco.es directo, Youtube o Facebook

     

     

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