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Tomás del Cerro

Corresponsal de La Opinión en Alcantarilla.

Sobre este blog de Cine

A menudo, la realidad se entremezcla con la ficción, y nos impide distinguir los hechos que han sucedido realmente de aquéllos que hemos leído en un libro, escuchado en una canción, o soñado despiertos. Identificaremos la realidad a través de su película, porque toda la vida es cine, y los sueños, c...


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  • 07
    Marzo
    2011

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    La Noche de los Cuchillos Largos

    Desde 1934,  la purga de rivales políticos que un día fueron apoyos para aupar en el poder al ejecutor se la conoce como la noche de los cuchillos largos, en recuerdo de la eliminación de los paramilitares de las SA a manos de un Adolf Hitler recién nombrado canciller. Como todo lo que rodea a la Segunda Guerra Mundial, de ese hecho se han escrito enciclopedias, y se han filmado tantos metros de película que incluso se podría derribar el espantajo de hierro de la plaza de Entrevías de Alcantarilla sólo con atarla bien y tirar fuerte.

     

    A propósito de Alcantarilla. Un terremoto político está haciendo temblar el sillón del alcalde, que se las está viendo y deseando para seguir sentado en él. Una información de David Gómez (ver LA OPINIÓN del lunes 7 de febrero) ha puesto de manifiesto que el PP regional se niega a confirmar a Lázaro Mellado como candidato porque “un sector del PP es partidario de presentar un candidato distinto”.

     

    El origen de esta rebelión habría que encontrarlo en la noche de los cuchillos largos del pasado mes de mayo, cuando el alcalde purgó a sus concejales provocando un vuelco en el complicado equilibrio de poder. El objetivo era someter a María Dolores F. Gálvez, que se había hecho fuerte en la Policía Local y controlaba además un buen puñado de carteras, entre ellas la de Personal, que ya aparecía como una de las más importantes de cara a la crisis política que se avecinaba.

     

    En un golpe de autoridad sin precedentes, el alcalde le retiró las competencias y se las entregó a Mónica García, que pasó a ser la mujer fuerte del Gobierno, al tiempo que despertaba los más absolutos recelos, cuando no desprecios, entre el resto de concejales que el alcalde había cambiado de sitio sin que aún hoy lleguen a entender porqué.

     

    Unas semanas después, la plantilla de la Policía Local se reunía en un restaurante de las afueras de Alcantarilla para jurar fidelidad a la que aún hoy consideran su concejala. La revuelta policial ha llevado a los agentes incluso a concentrarse a las puertas del Ayuntamiento pidiendo la dimisión de Mónica García, uno de los últimos apoyos que le quedan al alcalde dentro del equipo de Gobierno, y lo que es peor: dentro de su propio partido.

     

    La hegemonía del PP en Alcantarilla (más del 60% de los votos, y en trayectoria ascendente) contrasta con la escasa o nula actividad del partido, que inauguró su nueva sede de plaza Cascales por todo lo alto, para cerrarla en la práctica desde entonces. Los militantes populares responsabilizan al alcalde, al que acusan de contar con ellos cuando llegan las elecciones, para trasladar después la actividad política al Ayuntamiento, donde lleva gobernando década y media con prácticamente las mismas personas.

     

    Este hueco emocional ha sabido cubrirlo Lola Gálvez, una mujer de partido, brazo de hierro y firmeza política, que está generando confianza entre los militantes, y buena parte de ellos está dispuesta a auparla a la alcaldía. Muy importante va a ser aquí la postura de Nuevas Generaciones, que podría decantar la balanza a favor de la aspirante al trono.

     

    Sin embargo, una filtración desde Murcia la tiene nerviosa como el ama de casa a la que no le devuelven un táper: el PP regional sopesa imponer una candidatura de consenso sacándose de la manga un mirlo blanco que ya podría tener cara. Se barajan varios nombres de dentro de la propia Comunidad Autónoma, con perfil más gestor que político, y cuyos avales de Murcia fueran suficientes como para derrocar al alcalde y aplacar a los rebeldes al mismo tiempo. No parece tarea fácil, habida cuenta de que aquí le recibirían con unos cuchillos tan largos como los que el alcalde utilizó contra ellos.

     

    Por último, el alcalde no va a ceder su trono por las buenas, y si es necesario puenteará a los responsables electorales de su propio partido y acudirá directamente a Valcárcel, al que recordará que en Alcantarilla los votos populares se cuentan al peso: “Presidente, los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”.

     

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