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Tomás del Cerro

Corresponsal de La Opinión en Alcantarilla.

Sobre este blog de Cine

A menudo, la realidad se entremezcla con la ficción, y nos impide distinguir los hechos que han sucedido realmente de aquéllos que hemos leído en un libro, escuchado en una canción, o soñado despiertos. Identificaremos la realidad a través de su película, porque toda la vida es cine, y los sueños, c...


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  • 12
    Marzo
    2011

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    El Tercer Hombre

    Cualquiera que haya leído un libro y medio a lo largo de su vida sabe que al término de la Segunda Guerra Mundial, los restos del naufragio alemán se los repartieron las tres potencias vencedoras (Gran Bretaña, EEUU y la URSS) y Francia, que a pesar de no contribuir a la victoria salvo con alguna espía que sacaba información de los boches entre revolcón y revolcón, le concedieron una parte del pastel para que pudieran seguir presumiendo de grandeur.

    Para saber que la antigua capital del Reich también se dividió y repartió entre los mismos actores, es necesario haber leído como mínimo dos libros en la vida; los que sean, pero al menos haberlos terminado. Lo de verdad difícil era saber que esa misma partición también se aplicó a la capital de una pusilánime Austria entregada de forma entusiasta a las manos de Hitler en un Anschluss vergonzosamente aceptado por Gran Bretaña y Francia. “Elegisteis pasar vergüenza para evitar la guerra. Y ahora tendréis vergüenza, y guerra”, sentenciaba Churchill.

    Los que no teníamos ni idea de la partición de Viena la descubrimos al ver El Tercer Hombre, una de esas pequeñas maravillas que da el cine cada 20 años. Para muchos está muy por encima de la sobrevalorada Ciudadano Kane. Resulta asombroso, por otro lado, que una de las películas por las que más se recuerda a Orson Welles no fuera dirigida por él, sino por un irregular Carol Reed, que tiró del mejor expresionismo para forjar planos inolvidables

    Porque inolvidable es la escena de la noria del Práter, o el cinismo con el que tratan al escritor norteamericano (me encantan sus novelas; son de esas que se pueden leer mientras uno está pensando en sus cosas); y por supuesto la persecución por Viena a través de una gigantesca alcantarilla.

    A propósito de Alcantarilla. Después de un mes deshojando la margarita (Me quiere Gálvez, me quiere Lázaro…) resulta que el PP regional ha decidido poner un poco de orden en su casa de aquí y también ha encontrado a su tercer hombre. Aquí le tienen:

    Joaquín Buendía Gómez nació en Alcantarilla en 1971. Es hijo de Josefa y Ricardo, un Guardia Civil retirado, natural de Campos del Río, y hermano de María José, junto a quien creció en un piso asomado al jardín de Campoamor de los años 80, cuya música adora con pasión.   

    Fue al colegio Jara Carrillo y como todo alcantarillero de aquellos maravillosos años estudió en el Instituto Salzillo, donde ya daba muestras de ser bueno con los números; así que no fue el azar (para él nunca lo es) lo que le llevó a Cartagena a estudiar Ingeniería. A los 21 años sacó la oposición al Cuerpo de Profesores de Secundaria, lo que le tuvo entretenido un par de años en Cantabria, antes de volver a Alcantarilla para casarse con Carmen María Zamora, alcantarillera de una familia del barrio de San Pedro de toda la vida, con la que comparte matrimonio y dos hijos: Lara y Roberto.

    Fue profesor de Tecnología en Caravaca y Alhama, entre otros, pero la mayor parte de su carrera profesional la ha desarrollado en la consejería de Educación, Formación y Empleo, donde llegó como asesor y ha acabado como Director General de Formación Profesional. A día de hoy es uno de los hombres de confianza de Constantino Sotoca, a quien le ha costado aceptar su marcha entre otras cosas porque les une una reciente gran amistad.

    Riguroso hasta el extremo, encantador en el trato, atractivo a las mujeres, conciliador en el trabajo e inteligente hasta la genialidad, Joaquín Buendía dejó huella allá por donde pasó debido a una extraña capacidad innata de trabajar mucho sin hacer ruido, progresar día a día sin pisar al vecino de al lado, y mirar siempre hacia arriba sin pedir paso a toda prisa.

    Ahora el destino le ha llevado a tener que diseñar la Alcantarilla del futuro, y los que le conocen ya están apostando a que lo hará como nadie en el mundo. Y acertarán. Mucha suerte hermano.

     

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