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Nieves Jiménez

Comentaré, cada semana, las revistas del corazón, destacando lo más relevante, lo más curioso o las declaraciones más histriónicas con un punto de ironía. A menudo, lo más destacado no será lo que muestren en portada. Lo mejor está donde menos lo esperas.

Sobre este blog de Gente

El corazón es uno de los géneros que sigue, aún, manteniendo más el interés. Sólo hay que observar como los programas de televisión no desaparecen y algunas radios le dedican tertulias, tanto en la programación de noche como de día y durante una hora. Las revistas han gozado de mala reputación. Sie...


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  • 18
    Febrero
    2014

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    Saldos Velvet

     

    La televisión, anoche, fue un perfecto estado ‘on fire’. Los asiduos a las series en un sinvivir por tener que dividirse entre dos estrenos en distintas cadenas. Telecinco y Antena 3 devorando a sus hijos, como Saturno. Como en una del oeste, en ocasiones vi pasar hasta las flechas y los tiros. Pero, ese es otro cantar. Que se arreglen los directivos. Vamos al lío de la ficción. Suerte tiene Unamuno que no tiene que ver en qué ha quedado aquello de “el progreso consiste en renovarse”. Con la comodidad de que todo está inventado aquí el que más y el que menos reinventa. ¿B&B no es una mala copia de Periodistas?  Respecto a Velvet, que es lo que me trae aquí, sus creadores creyeron que cogiendo un poquito de El Tiempo entre Costuras y Gran Hotel añadiéndole un suicidio, una mala pécora, un accidente y una empalagosa historia de amor tendrían la fórmula del éxito. Aprovechando que la pasión por el estilo de época y lo vintage engancha últimamente.
    Pero no, una serie española inspirada  en otra estadounidense o británica (Downton Abbey, por lo de época, digo)  termina pareciéndose a ella misma. Lo peor es que la habían ensalzado tanto que ahora tenemos que desmontar el sueño. “No cuentes una historia si es aburrida, aunque sea verdad. Inventa, crea, diviértete”, decía Diana Vreeland. Como cantaba Alaska en Cómo pudiste hacerme esto a mí, “La calle desierta, la noche ideal / un coche sin luces no pudo esquivar / un golpe certero /y CASI todo terminó entre ellos de repente”. Casi. Arranque con accidente. Ahora es cuando o te tomas en serio la serie o en broma. Yo he optado por lo segundo. Sobre todo mirando a la pareja protagonista: los poco creíbles Paula Echevarría (Ana) y Miguel Ángel Silvestre (Alberto). La historia de amor es típica. Fácil. Sin emoción. Un simple catálogo de sonrisas, miradas, despechos y frases, entre la pobre costurera y el heredero, tipo:  -“te quiero” y -“yo a ti más”. Vamos, que les faltó -“te quiero mucho, como la trucha al trucho” o -“¿eres feliz?” -“como una perdiz” y no desentonaría para nada.  El recurso de esos aviones de papel que recordaba a Paperman, el corto de Disney, o a Los Amantes del Círculo Polar. Lo dicho, todo está inventado. El (grotesco) inmediato despertar en el hospital de Paula, más allá que acá, con una sola frase de Silvestre, “quiero ver como juegas con nuestros hijos en la piscina”, como si nada. Para colmo, la escena final con Ana desmayada en sus brazos, saliendo del cementerio, era más adecuada para un próximo anuncio navideño de perfumes, ellos que tanta publicidad realizan. Mira, pues ya tienen la idea. Miguel Ángel Silvestre transmite menos que los maniquíes del taller de costura. Yo de él ya estaría apuntado, desde primeras horas de esta mañana, en una escuela de Arte Dramático tras ver cómo en la escena en la que discute con Tito Valverde el excomisario se lo come con patatas. Porque, esa es otra. Para un actor de los buenos que había se lo cargan en el primer episodio. Adiós Tito Valverde, un placer mientras duró. Nos queda la cara de acelga (¿alguien lo vio sonreír en el tiempo que duró la serie?) que gasta el gran José Sacristán. Pero compro a Sacristán y veinte sacristanes más que aparezcan si quita protagonismo a los demás. Otra cosa. Que introduzcan nombres como Pertegaz o Pierre “Cardan” (óle el dominio de los idiomas) como decía Miguel Ángel Silvestre, no quiere decir que ya sea una serie documentada sobre Moda de la época. Porque, ese tinte plateado que gasta otra del elenco…De un momento a otro me parecía que iba a entrar a comprar telas Sira Quiroga, de El tiempo entre Costuras. Lo que está claro es que no hay ‘Silvestrehartura’. La serie seguirá manteniendo su cuota de pantalla gracias a las fans irrefrenables y devotas del exDuque. Sólo hay que fijarse en el detalle (de agradecer) que han tenido los responsables de Velvet con este target femenino abusando de cantidad de tomas y planos desde la perspectiva de su culo-trasero o pompi, como dice Norma Duval, ayudado por el vestuario tirando a una talla más pequeña que le han endosado. Y la mala malísima de Aitana Sánchez-Gijón… que no me la creo dando esos gritos de mala persona con esa cara de angelical de ‘Un paseo por las nubes’. Y, ¿a cuento de qué las modistas del taller beben San Francisco? ¿Eso también es típico de la época? Tal vez otro reinvento de aquella máxima también de Diana Vreeland, “siempre bebo una copa de champán antes de tomar una decisión seria”. Esperaba más de la serie. Ojalá Galerías Velvet no se quede en Saldos o Liquidaciones Velvet.

     

     

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