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Nieves Jiménez

Comentaré, cada semana, las revistas del corazón, destacando lo más relevante, lo más curioso o las declaraciones más histriónicas con un punto de ironía. A menudo, lo más destacado no será lo que muestren en portada. Lo mejor está donde menos lo esperas.

Sobre este blog de Gente

El corazón es uno de los géneros que sigue, aún, manteniendo más el interés. Sólo hay que observar como los programas de televisión no desaparecen y algunas radios le dedican tertulias, tanto en la programación de noche como de día y durante una hora. Las revistas han gozado de mala reputación. Sie...


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  • 13
    Diciembre
    2013

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    Nos vamos de verbena

     

    Los premios 40 Principales, celebrados el pasado jueves, merecen un análisis rápido y telegráfico. Me voy a acoger a aquel hilarante sketch de Tip y Coll en el que Coll dictaba un texto a Tip y éste se tomaba al pie de la letra lo del punto y coma. Vamos, que no daba abasto a comer y a escribir a la vez.
    Comienzo. Se supone que una gala de premios debería sacar lo mejor de cada uno pero, desgraciadamente, no sé por qué razón, ocurre todo lo contrario. La alfombra azul (patrocinador manda) del Palacio de los Deportes de Madrid se convirtió en un sindiós. Un batiburrillo. Un contenedor de ‘aquí cabe todo’. Suerte que la juventud es una enfermedad que se cura con los años, según George Bernard Shaw. La pesadilla de los padres. Punto.
    Propongo a los organizadores que cambien el nombre de estos espectáculos. Que no lo llamen Gala. Punto y coma. Más bien, verbena, guateque o guirigay. Verbena 40 Principales y tan panchos. Lo que no se puede aguantar es que se llame Gala a algo cuyos invitados se presentan con camisas sucias, camisetas chic-pulgoso o con aspecto de voy a coger el autobús que se me escapa. Por lo menos, se podían peinar. Ya lo dijo la actriz Lana Turner, hace unos años, en el Festival de San Sebastián: “Los actores y las actrices ya no son lo que eran. Van por ahí con unas pintas impresentables. No entienden que los actores estamos interpretando permanentemente un papel”. Sabia mujer.  Observando a más de uno temí que apareciera  alguien con las horrorosas Crocs que luce, a veces, Javier Bardem por la calle. Punto. Pero no me quejaré. Punto y coma. Esto puede empeorar. Recuerden que Kiko Rivera ha sacado un disco y Coma asegura que canta él. Punto y coma. Amarraos los machos. Punto. En definitiva, strass y mucho color negro. Coma. Decepciones. Coma. Ausencias. Perfil de invitados más bajo que en años anteriores. Punto y final. Vamos con las fotos.
     
    Tamara Falcó. La que mejor entendió el lugar en el que se encontraba. Acorde con el ambiente pop-rock de la noche. Cazadora de piel y pinchos. De Burberry Prorsum. “No me gusta el heavy, me gusta la moda heavy”, dijo. Una pena que tenga que ser el mejor look una persona que no se dedica al objetivo de esa noche, la música o la interpretación.  
     
    Malú. Se le notaba, en aspecto y voz, el desgaste festivo de La Voz la noche anterior. A valorar que, este año, prestara más atención a su look y llegara luciendo un Zahir Murad aunque su pelo se encontrara aún de resaca en el escenario de La Voz.  
     
    La actriz Silvia Alonso, de Tierra de Lobos, acertada con un Just Cavalli, puro jeroglífico en colores y formas. Estupendo. No pudo lucirlo mejor porque la pobre tiritaba de frio. Los zapatos eran de Úrsula Mascaró.
     
    Raquel Sánchez-Silva, de blanco nuclear. Y su cuello aplastado por una inmensa paloma blanca de porcelana. Estos diseños de porcelana son obra de Andrés Gallardo, todo un zoo de joyería para las más fuertes. Recuerdo que Eva Hache también  se presentó en unos Goya luciendo un anillo con ¡dos! palomas blancas en uno de sus dedos. Y ese pelo a revisión. Ese cardado imposible no se entiende.
     
    Adriana Abenia se fue a la calle, cogió el coche y se presentó en la gala con el lencero de andar por casa. Otra de blanco nuclear y sin gracia. Desacertada. Frio. Mucho frio daba verla.
     
    Luján Arguelles. Miedo. Enjuta. Look muy masculino all black. Ha recogido el testigo del actual alcalde de Zaragoza Juan Alberto Belloch que, en su etapa de ministro, era conocido como el cochero de Drácula. Ese abrigo negro, con el cuello ceñido y consumido, ni en Bram Stoker. Por algo es conocida como Bruján Arguelles.
     
    Edurne (con Olly Murs). No es la misma que era. Operada pero muy guapa. El estilismo no era el esperado. Consigue echarse diez años encima. Una especie de maillot transparente con strass pegado ideal para ir a patinar sobre hielo. Los pendientes eran una continuación del dorado del maillot. Ella sí cantó estupendamente.
     
    Cristina Pedroche. Ceñidísima. Look con aire egipcio por ese detalle dorado al cuello. Vestido que podemos ver en cualquier fiesta de Nochevieja  perdida en cualquier lugar. Además, tuvo el honor de ser la más pitada de la noche por las revolucionadas fans de Auryn al ser la elegida para contonearse y manosear a los componentes del grupo mientras cantaban.
     
    Daniela Blume y Uri Sabat. Más miedo. Rejilla indescriptible en la Blume a no ser que te falte, en casa, el colador para escurrir el agua de los macarrones, tal y como hacía Jack Lemmon con la raqueta de tenis en El Apartamento. Ordinariota.  En cuanto a Uri Sabat sólo una cuestión: Calcetines blancos, NO.
     
    Vamos con ellos.
    Maxim Huerta, imposible. Chaleco mostaza holgado (el tiempo pasa y el cuerpo se redondea) y cazadora de piel. Dantesco. El mostaza es un color muy complicado. Parecía escapado de una biblioteca o de una serie de época de las que emite Antena 3 por la tarde.
     
    Estopa. Ya los conocemos. La foto lo dice todo. En su armario sólo hay camisas de cuadros y camisetas. Pues ya está. Ahora, a David le hace falta un entrenador o un gimnasio. Sólo por bajar las escaleras se quedó sin aliento. O fue por la emoción del muy merecido Premio Especial a la Trayectoria.
     
    Pablo López. Chaqueta de La Condesa. Le gusta y se gusta con este tipo de casacas de aire royal y militar.  Los pantalones eran “de un diseñador que está empezando ahora, un tal Amancio Ortega”, mira, ahí estuvo gracioso Pablo.
     
    Dani Martínez. De los que están por encima del protocolo en una gala de premios. Yo soy yo y mi circunstancia. La camisa estará muy limpia pero no se aprecia. A ver, hay un término medio entre ir con camisas desgastadas a lucir como Rafael Medina. Se puede conseguir, Dani; inténtalo. Parece que hubiera salido pitando del escritorio en el que escribe sus monólogos: “¡Ey, chicos, salgo un momento a entregar un premio y ahora vuelvo. Y no quitéis la calefacción!”.  Y esas manos siempre en los bolsillos: NO
     
    Antonio Orozco. Con los flecos devastadores de la noche anterior, en La Voz, que le impidieron entonar. Desafinando fue todo uno. Ese abrigo está bien para, al salir de la fiesta, ir directo a embarcar en un carguero. Ese gabán lo veo, a diario, en muchos universitarios que corren para coger el autobús de buena mañana. Ordinary day. ¿Ven?, con el gesto de los dedos está pidiendo a gritos un autobús que lo saque de allí. Eso sí, vuelve locas a las fans. Está en un buen momento.
     
    Jaime Cantizano. Black Man. Se ha depilado tanto las cejas que al hablar le toman la misma forma que a Mr Spock, de Star Trek. Tiene su ego y no lo disimuló con Tamara Falcó. Antes de decir el ganador, Tamara, por lo bajini, le susurró a Jaime: “abro el sobre y lo digo, ¿te parece?”. Cantizano, al abrir el sobre la buenaza de Tamara, se adelantó y gritó el ganador. A Tamara ni se la oyó. Egolatría pura.
     
    P.D. Por cierto, a ver cuándo aprendemos de fuera. Seguimos premiando a gente internacional que ni siquiera viene a recoger el premio. Las ausencias se notaron muchísimo.

     

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