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Nieves Jiménez

Comentaré, cada semana, las revistas del corazón, destacando lo más relevante, lo más curioso o las declaraciones más histriónicas con un punto de ironía. A menudo, lo más destacado no será lo que muestren en portada. Lo mejor está donde menos lo esperas.

Sobre este blog de Gente

El corazón es uno de los géneros que sigue, aún, manteniendo más el interés. Sólo hay que observar como los programas de televisión no desaparecen y algunas radios le dedican tertulias, tanto en la programación de noche como de día y durante una hora. Las revistas han gozado de mala reputación. Sie...


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  • 18
    Enero
    2016

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    Murcia Gente

    No me sean cursis

      El viernes por la noche estuve viendo la entrevista a María Teresa Campos y Bigote Arrocet en Sálvame Deluxe. Sí, me sometí por propia voluntad a tremenda tortura. Por actos heroicos así deberían dar una compensación por ejemplo, yo qué sé, unos puntos para el carnet del coche o dos latas de Coca Cola más en el supermercado. Llegaron amarraditos los dos, como en la canción de la Pradera. ¿Quieren que les diga algo? si les parece rococó y antiguo lo de “tú saludas tocando el ala de tu sombrero mejor, y yo agito con donaire mi pañuelo” les prometo que Campos y Bigote superan con creces la estampa. ¡Pero si Bigote parecía Willy Fog! ¡Sólo le faltó sacar el reloj con cadena del bolsillo de su chaleco! Porfaplis, que diría Marujita Díaz. Las entrevistas a las Campos comienzan a ser de género, del género lamentable. En esta vida se puede ser de todo menos un coñazo, que espetó un día Michi Panero. Una constante loa a Bigote que ha venido a alegrar la vida de María Teresa aunque, “me molesta mucho que me digan eso, algo le alegraré yo a él, digo yo” apuntillaba la malagueña. La entrevista era a dos pero quedó en un monólogo Camposiano. Un melocotón en almíbar. Al terminar, todo me olía a amor como cuando entrabas a los bares y salías con todo el olor a tabaco pegado hasta el último pelo. Lo de la pareja ha sido una relación forjada a golpe de WhatsApp pero todo en la vida tiene un límite, “a ver si se cree éste que voy a estar yo escribiendo WhatsApp toda la vida”. Dicho y hecho. Bigote a Villa Campos. Él, en las dos frases que pudo meter en diagonal en el monólogo de su novia, sólo atisbó a razonar sobre su exposición pública, “no me queda otro remedio, ella es un personaje muy popular, muy reconocida”. Todavía recuerdo cuando Campos dijo, al inicio de su relación, “Edmundo nunca hará una exclusiva en una revista conmigo”. Ya llevamos tres portadas en Hola y ésta la primera entrevista en televisión juntos. Para más INRI era grabada y algunos de los cortes ‘copia y pega’ eran un caos de Patiño comentando algo de la primera pregunta en la quinta. En definitiva, atrás quedó aquel libro de María Teresa ‘Amar para qué’ y que promocionaba con frases como “el amor está sobrevalorado”. Ahora ella tiene febril la mirada y vive un amor que es capaz de parar los relojes. Pero sin perder su carácter, ojito a cómo ordenaba a Bigote que se pusiera las gafas de sol para hacer una parodia de Cantinflas. Como si fuera José Luis Moreno ensayando Matrimoniadas y le tocara entrar por la puerta al cachas musculoso llamándole con grandes aspavientos y manoteos. He visto directoras de funciones de fin de curso en el cole más sutiles.

      Hubo perla nueva. Momento que ni lo de Anne Germain: “A Edmundo me lo mandó ella”, se refería a la mujer de Bigote que, ya muy enferma, le decía que acudiera a España a la entrevista con Campos en QTTF. Y otro momento para que analice Iker Jiménez, “entre un montón de fotos la única que cayó al suelo fue una -de hace la torta de años- de ambos”. ¿Casualidad? No lo creo. Los vellos como escarpias, oiga. Esto ya era peor que una frase del libro de Federico Moccia “me han robado el amor y no puedo denunciarlo”. Mientras, Bigote y su tinte a lo Rajoy, media cabeza más oscura que las largas patillas, se emocionaba y miraba al techo. Me daban ganas en ese momento de soltar como Panero (qué grandes momentos, Panero) a Sánchez Dragó “¿puedo ir a mear?”. Creo que esta pareja vive atrapada, permanentemente, en el Un, Dos, Tres. Ella se descacharra de risa cada vez que él emite un “Piticlin, piticlin” o hace un amago de “Terecha.-cha-cha –cha” Para concluir, Bigote hizo bueno aquel axioma de Paul Valery “lo más profundo del hombre es la piel” y a modo piropo, haciendo referencia al vestido estampado de hojas de Campos, soltó “deseando que llegue el otoño para que se le vayan cayendo poco a poco las hojas”. Ahí ya no había suficientes pinos en Murcia para ir a ahorcarme a uno. Hasta se me bajó el bizcocho que tenía en el horno (había que aprovechar el tiempo en algo). Lo cursi abriga, que decía Gómez de la Serna. Y si la exclusiva tiene varios ceros a la derecha más calorcito. Concluyeron con una ranchera en play-back. Yo apagué rápidamente la televisión, temía que aquello se propagase por mi casa con la velocidad de la tuberculosis. Tenía razón Ortega con aquello de que estar enamorado es un estado de imbecilidad transitoria. Recuérdenme que no vuelva a enamorarme.

     

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