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Nieves Jiménez

Comentaré, cada semana, las revistas del corazón, destacando lo más relevante, lo más curioso o las declaraciones más histriónicas con un punto de ironía. A menudo, lo más destacado no será lo que muestren en portada. Lo mejor está donde menos lo esperas.

Sobre este blog de Gente

El corazón es uno de los géneros que sigue, aún, manteniendo más el interés. Sólo hay que observar como los programas de televisión no desaparecen y algunas radios le dedican tertulias, tanto en la programación de noche como de día y durante una hora. Las revistas han gozado de mala reputación. Sie...


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  • 28
    Enero
    2014

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    Los premios Feroz se visten de gala

     

    Anoche se celebró la primera edición de los Premios Feroz. Unos premios que se han sacado de la manga los críticos cinematográficos españoles. Como en España somos mucho de comparar, etiquetas y clichés, desde el primer momento los bautizaron como los Globos de Oro españoles. Nada más lejos. Sobre todo porque los Globos de Oro los entregan los miembros de la asociación de la prensa extranjera de Hollywood y aquí son, pues eso, los de aquí. Para qué vamos a darle más vueltas. Por lo demás, cumplieron con la comparación. El patio de butacas de los cines Callao se convirtió en un gran salón de restaurante, lleno de mesas y sillas doradas que, desde aquí lo digo, puede aprovechar, de paso,  aquel que tenga que casarse próximamente. En realidad, yo más que la antesala de los premios Goya (como los Globos de Oro son la requeterepetida frase ‘antesala de los Oscar’)  los definiría la antesala o el aperitivo de los piropos que va a recibir el ministro Wert. Inevitable el discurso político. José Sacristán, premio de Honor, dio muestras de su veteranía y saber estar reivindicando sin caer en el mensaje político y sin esa pose tan Bardem de estar por encima del bien y del mal. De todas formas, mi enhorabuena por la iniciativa que condujo Alexandra Ximenez de forma impecable.
    Por otra parte, fue el sprint final para, sobre todo, las féminas que tienen que estar hasta el moño de elegir vestido largo, ellas que siempre van en vaqueros y botas. En la previa, que yo vi por streaming ( el despliegue en las redes sociales fue espectacular) , la alfombra roja dio para algún detalle. Entre los tiritones de frío de algunas, debido al helor semipolar de la noche, dio pelín de tristeza observar cómo pasaba Terele Pávez junto al set de los del micro de Paramount Channel y que éstos prefirieran a Hugo Silva para decir unas palabras. Que quede claro, nunca Hugo Silva tendrá algo más interesante que contar que la gran Terele Pávez.  Pero qué podíamos esperar  cuando la gente sólo preguntaba si venía Mario Casas. Por otra parte, en cuanto a la elección de vestidos, sigue sin haber Dress Code. La gente va como buenamente se le ocurre y pobre del que no tiene quién le asesore. Debían tener en cuenta que había que sentarse en una mesa de restaurante, a comer y a beber, durante casi tres horas. El modelo a escoger, por tanto, no podía ser cualquiera y algunas pecaron de ingenuas al optar por corsés y ballenas para fijar escotes, elementos todos que se te clavan y a los 20 minutos estas sin aliento. En cuanto a los hombres, la compañera ideal que han encontrado todos los varones de España es la barba. Barbita y barbaza. Lo mismo te encontrabas esa de tres días que maromos al más puro estilo Sergio Rodríguez (para los advenedizos, el base del Real Madrid). En la foto de los premiados, os invito a jugar a Dónde está Wally pero en versión spanish Donde está el hombre ‘sin barba’.
    Vamos con las vestimentas.
    María León se está convirtiendo en una apuesta segura a la hora de vestir. Hasta que llegó Blanca Suárez con su pedrería, su vestido era el más elegante. Un Pucci. Transparencias en negro. Labios marcados. Y sus ojos verdes. Avisó a los presentes de que a los Goya acudirá con su novio, la presentación oficial.
     Paco León y María León
    Terele Pávez. De negro. Muy adecuada con un vestido túnica crepe en gasa de punto de tela y un chal. El broche fue el elemento que destacaba y que dio empaque a la indumentaria. La importancia del detalle.
    Aura Garrido. Esta vez no acertó. Hay que ser muy valiente para acudir a actos de cine o teatro con ese color tan de piolín. Era un Nina Ricci, lo que te ofrece todas las garantías. Pero de otro color, mejor. El cuello halter encajaba en su anatomía a la perfección. Pero el maquillaje, demasiado pálido, se mezclaba perdiéndose entre tanto amarillo y nude. La esperamos en los Goya. Ah! Y hoy se examina del carnet del coche, del práctico. ¡A madrugar después de la fiesta!
    Belén Rueda ya tiene más experiencia. Su vestido gris perla, firmado por Lorenzo Caprile, era sencillo y muy bonito. El peinado con cola de caballo fue lo que no terminé de ver en el conjunto final. Además, su acompañante-pareja-novio desmerecía todo el esfuerzo de la actriz con sus mejores galas al mostrarse con esa carita que parecía que no tomaba caldo caliente desde hace meses. Y en vaqueros. Y sin un cinturón, al menos.
    Inma Cuesta también arriesgó. Será porque llegaba, épica, de rodar Águila Roja y se atrevía con amarillos y lo que le echaran esa noche. Más que amarillo lo veo pelín mostaza. Muy bonito y, a pesar de su corta estatura, lo lució a la perfección. Me recordaba al fabuloso vestido que vistió Lupita Nyong’o en los Globos de Oro. 
     Inma Cuesta, la tercera (derecha)   
    Hombres. Javier Pereira con un traje inspirado en las chaquetas de Messi sin llegar a lo estrafalario. La chaqueta destacaba por sus pintas o motas blancas, suaves, a Dios gracias. Los demás, despeinados y descorbatados.
    Y Blanca Suárez. La dejo para el final. Llegó con aires de estrella. Tanto halago y tanto anuncio de lencería están creando al monstruo. Tanto que, a la hora de hablar, parece que se va a romper. Llegó melena al viento lo que le dio problemas porque no paró de tocarse el pelo. Posó haciendo de contorsionista: espalda doblada, piernas hipercruzadas, cuello retorcido… Y criticaban a Elsa Pataky. Sólo faltaba que le gritaran “¡al cielo con ella!”. Una pena. El vestido, de Roberto Diz, para ser una alfombra roja pecó de corto. Además, demasiada pedrería, para mi gusto.
    Candela Peña. Muy folclórica con ese moño y raya en medio. Además de los pendientes, extragrande, en aro dorado y el adorno de claveles en la manga  del ajustado vestido chocolate que, seguro, llevaba debajo una buena faja Spanx para no marcar ningún pliegue ni esquina de la anatomía de la actriz. Como no podía ser de otro modo, lo firmaba Vicky Martín Berrocal.  

     

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