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Nieves Jiménez

Comentaré, cada semana, las revistas del corazón, destacando lo más relevante, lo más curioso o las declaraciones más histriónicas con un punto de ironía. A menudo, lo más destacado no será lo que muestren en portada. Lo mejor está donde menos lo esperas.

Sobre este blog de Gente

El corazón es uno de los géneros que sigue, aún, manteniendo más el interés. Sólo hay que observar como los programas de televisión no desaparecen y algunas radios le dedican tertulias, tanto en la programación de noche como de día y durante una hora. Las revistas han gozado de mala reputación. Sie...


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  • 03
    Marzo
    2014

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    Los hombres dan el golpe en la alfombra roja...por fin

     

    La alfombra roja de los Oscars de este año no defraudó. Tanto para lo bueno como para lo peor. Las ganadoras de las estatuillas parece que se sabían ganadoras de antemano o, al menos, así lo sintieron a la hora de elegir diseño... aunque alguna con menos acierto que otra. A destacar, este año, el papel de los hombres. Siempre despreciados en sus looks, pasando desapercibidos por culpa de las mujeres y este año se han reivindicado. Han pedido los cañones de luz  a su persona.   Esos siempre olvidados varones porque su uniforme no varía nunca. Pero,  anoche, un diez a todos. Venga que hoy estoy generosa. Sobre todo, Matthew McConaughey, mi apuesta personal, de color claro (llámalo crudo, rosa palo…). Jared Leto ya prometía pero otro diez por destacar y, sobre todo, divertir. Hubo ese apartado ‘presencia española’  de la mano de Pronovias y Roberto Verino. Y Penélope Cruz, que no llevaba diseño español (mucho era pedirle algo así),  pero convenció.  No ella, el vestido. Y Elsa Pataky, muy española en el sentido de ‘qué me voy a quedar yo en mi casa, amos anda’ y allí que partió con todo  lo que cabía en esa barriga a punto de parir.  Mucho escote palabra de honor, color nude, maquillaje , poca joya  y el blanco desbancando al negro de siempre. Se agradece. Pero vamos desgranando.  
    Matthew McConaughey. Aquí no puedo ser objetiva. Era mi apuesta ganadora. Y su chaqueta color claro, crudo o rosa palo , de diez. Para contraste, el chaleco de color -prenda fetiche en su armario-. Otro diez. Y, la pajarita del tamaño adecuado, todo un detalle. El hombre de la noche. Y Camila, a su lado, de dulce. 
    Lupita Nyong'o, la de los vestidos unicolor. De Prada. Vale. Perfecta y bla, bla, bla. Pero ese escote era un completo desatino para su anatomía plana. “¡Cuidado, no te agaches!” pedía que le gritaran. Y, esa diadema que parecía de las que salen en esas máquinas de huevos con regalo que hay (o había) en los bares. Supongo que este ansia con Lupita y sus looks pasará. Sobre todo porque ya no le queda un color que ponerse. La paleta cromática ya no da para más.  
    Elsa Pataky y Chris Hemsworth. Elsa es la clásica que suelta en la comida familiar: “¿Qué me voy a quedar yo en mi casa sin ver los Oscars en directo y codearme con lo más granado, vamos anda, que ya tendré tiempo de estar en mi casa” . Y  allí que partió, cogida del brazo de sus marmóreo marido y sus dos retoños que piden a gritos salir de su barriga. El Elie Saab, cargado de brillos, muy cortina hippy-chic  pero es Elsa, no pidan mucho más.
    Angelina Jolie de Elie Saab  El brilli-brilli no es de mis recursos preferidos. Además, la zona del pecho no quedó muy definida: ni alto, ni bajo, ni insinuante, ni atractivo. Simplemente, correcta. Para mí que lo tenía en el armario y fue el primero que sacó porque sabe que siempre acierta. De ella siempre esperamos más. 
    Calista Flockhart. Miedo. Tengo miedo, que cantaba Rocío Jurado. Vestida de novia…centenaria y decadente. El lifting, ese careto nuevo que se acaba de poner, espanta. Se supone que cuando te operas es para aparentar más joven. El cirujano no la entendió. O ella no quiere desentonar con un envejecido Harrison Ford a su lado (¡Noooo!). Asimilación de personalidad se llama.
    Anne Hathaway se vistió de Juana de Arco. Lo digo por la coraza que llevaba puesta de Gucci. Estaba claro que no quería que le pasara lo del 'pezongate' del año pasado. Anoche no marcaba ni un pelo. Pero  me sigo quedando con la Anne del 2011, cuando fue la maestra de ceremonias. No por su maravillosa conducción, que no, pero sí por sus cambios de looks y su espontaneidad. Ahora la noto sosa, falta de alegría, a esta chica.  
    Liza Minelli. No me pareció correcto que en la ceremonia saliera Pink a cantar ‘Somewhere over the rainbow’ y a ella la mantuvieran castigada en la butaca. ¿Qué temían? ¿Que estuviera dos horas hablando? Pues dos horas que se la deja, que para eso es la Minelli. Un respeto. Está hecha un cromo, eso sí. Y sin complejos, desafiando a la ley de la gravedad  “ancha es Castilla y yo sin un sostén o sujetador”, llámenlo como quieran, total a ella se lo bufa a estas alturas.
    Pharrell Williams. Lanvin, ¿por qué? En bermudas. Sin palabras. Como si no tuviéramos bastante con el sombrero.  Ay, si el sombrero hablara. Y me requetepregunto:  ¿Por qué dejan entrar a gente con estas pintas a una ceremonia como los Oscars?. Me lo puedo esperar en los Goya, que cosas peores veredes, dicen expresaba El Quijote.  
    Jared Leto. Esperpento. Pero divertido. Sobre todo, actitud. Y a muchas las tiene enloquecidas, no me pregunten por qué. Por mí, que no cambie. Es de los looks más soportables.
    Sandra Bullock, de Alexander McQueen. Correcta. Sin más. Me quedo con el peinado ondas al agua y el color azul que me priva. Y con su cirujano, en el caso de que pudiera permitírmelo. Casi en los 50 está essstupenda, que diría Carmen Lomana. Del vestido sólo decir ‘¿¡dónde está la plancha!?  
    Julia Roberts y su Givenchy A pesar de los pesares, nunca puedo criticar a Julia Roberts. A pesar de ese negro soso y rigurosísimo. Y ese corte ‘péplum’ que me horroriza. Y esos brazos que piden ya unas mangas. Pero, es Julia Roberts. La sonrisa más perfecta. La novia de América. Aunque algunos la tildaran anoche como la viuda de América. Qué malas lenguas…
    Penélope Cruz, de Giambattista Valli. El vestido es precioso. Tal vez, lo que no termina de convencernos es ella. Su forma de lucirlo. No le da la elegancia y el aire que merece esa túnica greco-romana. El cinturón negro no lo entiendo. Y su cara y su cabeza iban por Audrey Hepburn. Es decir, mezcla de estilos, épocas y géneros. Un despropósito. Lo dicho. Todo bonito pero puesto en ella queda desordenado.  Y Javier, ¿dónde estaba Javier?
    Kevin Spacey es estadounidense pero siempre desprende ese aire english. Supongo que adquirido de sus muchos trabajos en el teatro británico. No decepciona. Su smoking azul Burberry,  haciendo honor al instituido  (toda una institución ese smoking) por el duque de Windsor.  
    El efecto contrario es Bill Murray. O se durmió con todo puesto y no le dio tiempo a cambiarse. Sin planchar, sin peinar…ay…
    Cate Blanchett, de Armani Prive. Vestida para el triunfo. Aunque tantos brillos, reitero,  no me convenzan. No eligió el mejor. Pero era su noche para brillar. Y ella puede. Un dorado no es fácil de llevar. Ella sí representa, desde hace tiempo, la belleza clásica de Hollywood.
     
    Jennifer Lawrence no defraudó al festival del humor: Escote y caída. ¡Dior! Como expresión  y como información. Le ha caído en gracia a la firma y no hay más que hablar. No hay nada como caer en gracia a alguien…en todos los sentidos de la palabra…
    De Emma Watson me quedo con sus labios. Rouge espectacular. No en vano es la chica Lancôme.
    Enhorabuena a Bradley Cooper por dejarse a su novia en casa, por lo menos para la alfombra roja. Esa novia raruna y con aspecto de caniche (perdón a los caniches) no completa el cuadro. ¡A lucirse en soledad, Bradley!
    Y Lady Gaga, pelín gagá. Creo que aún está en esa pose. Estatua de sal. Si alguien pasa por ahí, que la lleve a casa.  
     
     

     

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