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Nieves Jiménez

Comentaré, cada semana, las revistas del corazón, destacando lo más relevante, lo más curioso o las declaraciones más histriónicas con un punto de ironía. A menudo, lo más destacado no será lo que muestren en portada. Lo mejor está donde menos lo esperas.

Sobre este blog de Gente

El corazón es uno de los géneros que sigue, aún, manteniendo más el interés. Sólo hay que observar como los programas de televisión no desaparecen y algunas radios le dedican tertulias, tanto en la programación de noche como de día y durante una hora. Las revistas han gozado de mala reputación. Sie...


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  • 21
    Febrero
    2014

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    Graciosa con calzador

     

    Anoche sucedió un hecho inaudito a la vez que absurdo. Y no estoy hablando de aquel "próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta", sobre el que nos avisó Leire Pajín. El Hormiguero, de Pablo Motos, logró poner en contra de su programa al 80% de su audiencia, cosa extrañísima para un programa simpático que se basa en el humor. El otro 10% giraría entre los familiares de la invitada y del presentador y los que no veían El Hormiguero en ese momento, que de todo hay. Las Redes Sociales fueron un hervidero de comentarios en contra, guasas además de los insultos de los indignados por el asunto de la trama de la Seguridad Social. Le va a costar a Campanario quitarse de encima lo de la ‘paga’ a su madre por mucho que ya esté juzgada.  La mujer de Jesulín provocó una especie de desprecio similar a la definición que Ambrose Bierce deja en su Diccionario del Diablo sobre el término Odio: Sentimiento cuya intensidad es proporcional a la superioridad que lo provoca.  Suena fuerte pero es que hemos pasado de disfrutar en ese plató de personajes de categoría como Harrison Ford o Will Smith a tener que cambiar de canal porque aparecía Kiko Rivera y Campanario. Antes, era en casa cuando una le gritaba burradas al que  salía en televisión y lo hacía desastrosamente. Hoy, con las redes sociales, Twitter se ha convertido en el perfecto altavoz y desahogo. Vamos, que todo toma unas dimensiones descomunales y se amplifica más que dentro de la casa de Gran Hermano, como se empeñan en explicar los concursantes cuando salen de ahí. Que se lo digan a Sara Carbonero, a ver si se acuerda de su “#graciasSara. Vale que el deporte nacional es criticar al que logra sacar la cabecita por algún lado y entusiasma exponerlo en la plaza pública pero es que,  algunos/as  protagonistas, nos lo ponen en bandeja de plata,  tal película de Jack Lemmon y Walter Matthau. ¿Qué necesidad había? ¿No tiene María José un asesor?  ¿Pur qué?, que diría Mourinho. Tal vez, ¿lavado de imagen? , ella misma reconoce que sólo aparece en Torrente5  unos treinta  segundos. Tal vez sólo obedezca a un compromiso con Santiago Segura, colaborador del programa, que sabe como nadie hacer la campaña de promoción de sus filmes.
     (Foto: Europa Press)
    La Campanario llegó sobrada. Y de amarillo. Desafiando y viviendo al límite. Ni que se vistiera en la marca de ropa 'Chula', aquella que lanzaron unos españoles con sede en Vietnam. Y reconocía, “no canto, no bailo, no pinto…”, pero se empeñó en caer en gracia. Y cada gracieta necesitaba calzador. No hay nada peor que intentar ser graciosa sin serlo. Ya lo sufrimos en aquel documental, que grabaron en Ambiciones, para que se les viera en plena vida familiar. Era tan natural que soltaba expresiones andaluzas como “chiquillo” o “mi arma” muy desaboría, sobre todo si no eres andaluza, “soy de Barcelona, no de Castellón como dicen siempre”. María José Campanario es de las que se ríe a carcajadas y en 0,4 segundos se te queda seria. Y eso asusta mucho. 
    Poco a poco, la emisión fue tomando tientes de tragicomedia en Twitter cada vez que se empeñaba más y más en hacer gracia. Y esos mohines y  la boca en plan Sara Montiel, cuando cantaba  “fumaar es un placer geniaaal y sensuaaal” o “en el ojaaal”, mientras hacía pausas valorativas acompañadas de parpadeo constante de ojos para contar cómo conoció al torero de Ubrique. Por lo visto, ese momento, fue una confluencia de casualidades que ríete tú de aquello de la caída de una manzana mientras Newton estaba sentado en actitud contemplativa, tal como contaba en su biografía  William Stukeley, amigo del científico. “Aparecí en vacaciones en un pueblo sin saber que allí estaba la finca de mi marido (no hay más pueblos en España, no). Con nosotros iba una persona que, casualmente, conocía a Jesulín…Y más: “Consiguió mi número de teléfono”,  como si eso fuera una misión imposible. Luego vino el momento quejica de todos los famosos: “Me encantaría que no me conociese nadie. Todos los que estamos en este teatro (¡eh, un respeto al teatro!) lloramos mucho”. Esta mujer se ve que no pone el telediario ningún día y no sabe, de verdad, lo que es llorar con la que está cayendo.  Como si protagonizara la película  ‘Dos vidas en un instante’.  Recordaba esas imágenes de estrellas de los ‘40 que aparecen escondidas tras unas enormes gafas de sol  envidiando a la gente anónima, cómo se besan en plena calle o se toman un café en un cafetería…, que le den el Goya ya. Para rematar, en su afán por demostrar que los famosos, como ella, son normales tuvo el mal gusto de contar que el otro día,  “cuando terminé de hacer pipí se me cayó un pedete de princesa… pero sin querer,  que yo soy catalana, que de verdad que yo no tiro nada”. La cosa iba empeorando. No encontró una anécdota menos escatológica. Ni siquiera pensó en aquellos que estábamos cenando a esa hora.  

    Pero, no vamos a hacer saña. A su favor, diré que se mostró pausada, sin gritos, sin insultar, sin poner los ojos en blanco ni decir "por mi familia ma-to”…porque las comparaciones son odiosas, ya sabéis…. Supongo que Tele5 aprovechará la visita para sacarle punta a cada respuesta. Hace unos años, en un debate, en La 2, el  filósofo Gustavo Bueno cuando le preguntaron: "¿Usted qué le pide a la televisión?", respondió: “A la televisión le pido lo que le pido a un perro o a un gato: verla”. Pues, vamos allá. Campanario ha dado, en treinta minutos de Hormiguero, la carnaza suficiente a su rival más enconado. Ha explotado el morbo contando lo que otros habrían estado encantados de oír en sus platós. Y eso que dice que ya no ve programas del corazón. Eso sí, confesó el truco, "por las mañanas me tomo una pastilla de 'A mí, plin'...", y pa´lante...

     

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