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Nieves Jiménez

Comentaré, cada semana, las revistas del corazón, destacando lo más relevante, lo más curioso o las declaraciones más histriónicas con un punto de ironía. A menudo, lo más destacado no será lo que muestren en portada. Lo mejor está donde menos lo esperas.

Sobre este blog de Gente

El corazón es uno de los géneros que sigue, aún, manteniendo más el interés. Sólo hay que observar como los programas de televisión no desaparecen y algunas radios le dedican tertulias, tanto en la programación de noche como de día y durante una hora. Las revistas han gozado de mala reputación. Sie...


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  • 07
    Febrero
    2016

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    Murcia Gente

    Goya nunca lo haría

    Goya nunca lo haría

      Fue una señal. Y el problema es que no hacemos caso a las señales. Que el primer premio fuera para Pablo Alborán fue la perfecta definición (y señal) de lo que se nos venía encima. La cosa se perfilaba ya con tintes tirando a dramáticos. Fue ver al cantante malagueño coger el micro y ya se me empezó a hacer larga la noche. Y llevábamos veinte minutos. Casi cuatro horas de gala. Lo voy a decir ya: ¿puede que la trigésima edición haya sido la peor de todos los tiempos? yo digo, sí. ¿Pero qué necesidad hay de someter a esta tortura a los espectadores, a los seguidores del cine, a los actores que estaban ahí sentados y, sobre todo, a Juliette Binoche y a Tim Robbins a los que aplaudo sus caras de estoicismo. Por algo están en la cumbre, qué gran interpretación en los sillones del hotel Marriott.

      Formato agotador y agotado. Seré breve, si una cosa he aprendido de anoche es que los malos tragos cuanto más rápido pasen, mejor. O, siguiendo a Mies van der Rohe, ‘menos es más’. Porque, digo yo que, una gala puede hacerse insoportable, ¿pero, además, triste? Y me refiero al conductor de la gala, Dani Rovira. Este era su segundo año. Se le notó sin nervios, suelto, fresco, lo que me da que es peor; cuando hay confianza, da asco, dicen. La soltura dio paso a chistes insoportables sobre andaluces; tacos sin venir a cuento (¿sólo por hacerte más cercano, más al pueblo?) una sucesión de "de puta madre", "hostias", "putada" y “una tía como…” refriéndose a Isabel Coixet o los facilones comentarios a políticos (pesadísimas las reiteradas menciones al tuit de Cayetana Álvarez de Toledo ‘jamás te lo perdonaré, Carmena’). De vergüenza ajena sobre todo los dirigidos al ministro de Cultura al que, tras destacar con socarronería su currículo laboral y personal, le espeta un "¿usted de menú no ha comido nunca, no?". Shit yourself little parrot. Sí, amigos, es esas estamos todavía. La cara de la señora que estaba sentada junto a Méndez de Vigo (ignoro si era su mujer) mostraba la misma alegría que una de las de Bélmez. Porque el cacao mental de algunos es alucinógeno. Hace unos días Kichi, alcalde de Cádiz, exigía a un edil del PSOE “tenga respeto, que yo tengo una carrera y usted no” y ahora la crítica al Ministro es por sus méritos académicos y profesionales…no entiendo nada. A continuación, siguió haciendo más chistes exagerando el acento andaluz. Os aseguro que se me hizo mucho más amena mi última depilación con cera. Ni siquiera la presencia masiva de políticos (los políticos de La Sexta trasladaron sus asientos a los Goya, ni un sábado libre de políticos), su primera vez chispas de Iglesias, Rivera, Pedro Sánchez, Cristina Cifuentes levantó aquello…. Que lo más sabroso estuviera en el paseíllo previo del photocall con el esmoquin del líder de Podemos y su pajarita más retorcida que el colmillo que sobresale de su boca dice mucho, también, de la gala. Ni siquiera la presencia de Preysler (vestida como Alexis Carrington en Dinastía) y Vargas Llosa ("yo ya me he llevado el Goya", dijo mirando a Isabel) fue suficiente. Ridícula quedó Elvira Lindo. ¿Hacía falta ese ejercicio de peloteo hacia la reina de corazones? (y Muñoz Molina a su vera, ay Dios) . "Es un honor estar contigo, a tu lado (dirigiéndose a Vargas), pero la estrella está ahí sentada" y señala hacia Isabel. La cara de póker de la filipina fue antológica y el silencio y huecos aplausos de los actores fueron épicos. Si el comentario de Elvira Lindo a Isabel Preysler fue el de una amiga ¿quién quiere enemigos? No quiero pensar, además, cómo estará Preysler cuando haya visto en televisión que encima la pillaron por su perfil malo, ese pliegue en la mandíbula no lo he visto yo en Hola. Si creéis que nada podía empeorar esto y hacerlo más patético estáis equivocados: sí, un tuit de Iker Casillas, "disfrutando de Dani Rovira con la gala! Viva el cine español. Saludos desde Porto!" y con esos emoticones de palmas aplaudiendo que tanto le gustan. Lo de Casillas parecía un grito desesperado desde el exilio, aprovechar cualquier ocasión para que se acuerden de uno. Sara Carbonero, por su parte, sólo subió una foto al principio, la de Miguel Herrán: "Lo mejor de la gala hasta ahora". Ya no subió más, supongo que será un poco más lista que el portero y se iría a hacer cosas más interesantes como tricotar o meter naranjas en el frigorífico para que estén frías cuando vaya a hacerse el zumo. Sólo faltaban María Teresa Campos y Bigote Arrocet y ya estábamos todos.

      Para destacar, el agradecimiento del joven Herrán a Daniel Guzmán, "me has dado la vida"; Luisa Gavasa y su elegancia que me recordó a Julia Gutiérrez Caba cuando recogió su Goya (mejor actriz de reparto -You’re the one (una historia de entonces, 2000) también elegantísima con otra camisa blanca de estilo masculino y pantalón negro; la ternura de Adriana Ozores preguntándole a su tío "¿quieres que nos vayamos ya?"; Tim Robbins de pie aplaudiendo a Ozores como si conociera, realmente, su obra completa y las palabras de Mariano Ozores dedicándoselo al "público, el respetable público". Más: el discurso de Antonio Resines, por una vez el discurso de un presidente no fue para ir eligiendo pino e ir a ahorcarte; Victoria Abril ofreciéndose para que la contraten, "estoy frita por trabajar aquí". Y magnifica la abuela de Guzmán cuando en el photocall le preguntaron que de quién era el vestido que llevaba, "el vestido es mío, que me lo he hecho yo que soy modista". Ah, y si para algo nos ha servido la noche ha sido para ver a Eusebio Poncela y a Marisa Paredes juntos entregando un premio lo que nos permitió comprobar que no son la misma persona. A la 1.30 h. de la madrugada, tras tres horas y media de gala, me pregunté a lo Jardiel "¿de haber algún espíritu elegante estaría aquí?" Yo sí me transformé en el espíritu de José María Caffarel en El viaje a ninguna parte cuando, después de oír declamar a Fernando Fernán Gómez aquello de "¡Señoriiiito!"), soltaba: "¡Corten o yo me corto los huevos. Me cago en el padre de los hermanos Lumière".

     

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