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Nieves Jiménez

Comentaré, cada semana, las revistas del corazón, destacando lo más relevante, lo más curioso o las declaraciones más histriónicas con un punto de ironía. A menudo, lo más destacado no será lo que muestren en portada. Lo mejor está donde menos lo esperas.

Sobre este blog de Gente

El corazón es uno de los géneros que sigue, aún, manteniendo más el interés. Sólo hay que observar como los programas de televisión no desaparecen y algunas radios le dedican tertulias, tanto en la programación de noche como de día y durante una hora. Las revistas han gozado de mala reputación. Sie...


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  • 14
    Febrero
    2014

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    Coronados para minorías

     

    Enésimo intento. TVE sigue añorando programas como La Edad de Oro de Paloma Chamorro, aquella muestra de las tendencias artísticas, vanguardista y minoritaria de la primera mitad de los ‘80. Coronas y Alaska o Torres y Reyes son un intento por quitarle el pelo de la dehesa a esta televisión que sufrimos hoy llena de realities, debates políticos y personajillos del corazón. Sólo por eso ya merece ser valorado. Es un programa de los serios pero, para que no se asuste el espectador, pasado por el tamiz de la risa. “Hall of Fame de extrañas parejas que presentarán este programa”, se presentó Alaska. Lo apurado fue intentar explicarlo, corres el riesgo de etiquetarlo como hizo la cantante: “Un programa sobre la vida moderna”. Sin rodeos, Coronas y Alaska debe estar en televisión y punto. Pero como también debe estar La Mirada Invisible, de Juan Carlos Ortega, que se emite también en La 2. Son pequeños espacios, pequeños balones de oxígeno, a los que sabes que puedes acudir para desconectar.
    Alaska y Coronas sólo necesita perfeccionar lo visto en este primer intento.  Como cualquier recién nacido muestra tropiezos pero nada que no tenga arreglo, fallos de sonido o una cabecera que no entra en su momento. El comienzo fue de lo más prometedor. Un arranque rápido y con sentido del humor. Alaska ha llegado a estas alturas de su vida como la señora que siempre aparece con un hombre a su lado que hace continuamente gracietas.  Léase Mario Vaquerizo, léase Javier Coronas. En cualquier caso, este  tándem funciona mejor que el anterior con Torres y Reyes (mejoraron los datos  de audiencia de los anteriores). No hay nada forzado. Alaska estuvo,  salvando las distancias y sin llegar a lo más culto, a ese desdén, esa  Sprezzatura que llamaban en  El Cortesano. Traduzco. Alaska clava ese disimulado esfuerzo ante una tarea y que al final queda con tanta soltura.  Y Coronas hace lo que mejor y únicamente sabe hacer, poner su típico humor,  “os voy a hacer el Test Gioberti”, gracia que sólo entiendes si has sido fan absoluta de Falcon Crest. En realidad, como decía  Ambrose Bierce,  no hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas antiguas hay que no conocemos.  Por allí pasan diferentes secciones ya conocidas con una especie de Retrospect de los Chanantes echando mano de un joven y bigotudo José María Iñigo para dar paso a los contenidos de la noche. A partir de ahí, el recurso que no acabo de cogerle el punto como el de sacar a la madre por teléfono y que también hace Pablo Motos; el momento entrevista, esta vez con Javier Cámara y Marián Álvarez para hablar del cine y su situación; un soporífero debate-tertulia con Forges, “somos centrífugos, otros son centrípetos. Ponernos de acuerdo es lo heroico”;  Javier Mariscal y Julián Casanova para encontrar una respuesta, si la hay, “a esta desidia del corazón que tenemos con lo español. Por qué nos da vergüenza reconocer que nos gusta lo que hacemos” explicaba Olvido  y justo, en ese momento, falla el sonido. 
    Y, a continuación, Ray Loriga en la Masterclass. Aquí intenté mantenerme, por todos los medios, como una perfecta gafapasta pero me fue imposible. Ray es ese intelectual que sabe de todo y ha tenido entre sus brazos a bellezas como Christina Rosenvinge o Eugenia Silva pero sigue siendo muy espeso aunque se haya cortado la melena. Estar  continuamente pasándose  la mano por el pelo es desagradable  nivel mientras cuenta cosas como “el desafio es pensar antes y arriesgarse a pensar de nuevo”. El programa va intercalado con minisecciones como Route 66, un espacio para audiovisuales; el Enjuto Mojamuto de Coronas y Alaska, ‘El puto krío contra la vida moderna’, obra de Jorge Riera; los DJ’s Pepino Marino y Crawford,  muy frikis, que te dice tu madre que salgas así a la calle y le montas un número que para qué. Pero, ellos son así y se rodean de Hello Kitty, una cámara Polaroid y el bote de salsas Campbell. Y más, el uso de Instagram, ilustraciones de Darío Adanti  y el juego de multipantallas como aquella cabecera de la serie ‘La Tribu de los Brady’ que se hablaban y miraban unos a otros en aquella cuadrícula. Cuando salió la última invitada, Topacio Fresh, a su manera, “me dijiste que viniera sobria pero ha sido imposible, estoy trabajando desde las siete de la tarde”, mi interés había caído más que el estado de forma de Messi. “Show-woman-vedette-actriz-galerista y una diosa”, la definió Alaska. ¿Qué interés tiene Topacio?, ninguno, que son amigas. Alaska ha echado mano de aquello que decía Elizabeth Taylor, “si tienes fama, ésta es la manera de usarla” y se rodeó de sus amigos. Démosle un voto de confianza por ser el primer programa. Es comprensible que quiera estar acompañada de aquellos que le den buen rollo. A su favor, me gustó el broche final de la cantante a dúo con Asier Etxeandia cantando ‘¿Por qué a mí me cuesta tanto?’, con Olvido en plan Michelle Pfeiffer, sobre el piano, que logró sacarme del sopor en el que me metieron Ray Loriga, Forges con su clase de historia y Topacio con su no sé qué.   
     
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