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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 07
    Abril
    2014

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    TODO MENTIRA

    Reconozco que lo sabía desde hace algún tiempo, pero no he querido hacerlo público hasta ahora, cuando ya se están apagando los últimos rescoldos originados por el gran incendio futbolístico que supuso el último Real Madrid-Barcelona, para que nadie pudiera acusarme de antipatriota o chafa-fiestas.

    Ahora, cuando toda España lleva más de dos semanas discutiendo sobre jugadas polémicas, penaltis pitados y no pitados, faltas, gestos y provocaciones de jugadores o posibilidades de alzarse con el campeonato de cada equipo, tengo que destapar algo que, seguramente muchos intuían, pero nadie se atrevía a denunciar: Todo el partido fue una farsa, una maquiavélica manipulación. Estaba todo organizado para que pasara lo que tenía que pasar y finalmente pasó. Una vez más, nos han engañado.

    El plan conspirativo (cómo no), surgió de los sótanos de la FAES, una fundación que se montó en su momento el PP, para generar corrientes de opinión y sacar beneficios políticos y que viene a ser algo así como una CIA (pero en cutre), presidida por el mismísimo José María Aznar.

    Me cuentan (no pienso revelar mis fuentes, salvo que hablemos de un buen precio) que hace unos meses, cuando la alcaldesa de Madrid se enteró que lo de la “Marcha por la Dignidad” iba en serio y que podrían confluir cientos de miles de perroflautas, yayoflautas, curaflautas y demás radicales de izquierdas en su ciudad, montó un cirio de narices, perdió su habitual estado de relaxing y recurrió a la fundación de su marido para que le dieran una solución.

    A los pocos días y a instancias de la presidencia, se reunió con carácter de urgencia la sesuda directiva de FAES, integrada entre otros, por Miguel Ángel Rodríguez, Dolores de Cospedal, Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, para analizar el problema y diseñar una estrategia al respecto. Tras muchas horas de debate, propuestas rechazadas y peleas, al parecer, fue Mariano (el más futbolero de los presentes) el que dio con la solución, al comprobar que según las previsiones, la “marcha de desharrapados” (como alguno de ellos la llamó) tenía previsto llegar a Madrid, el mismo fin de semana en el que se jugaba “el clásico” (Real Madrid-Barcelona).

    Rápidamente, la maquinaria conspirativa de la FAES se puso en marcha. Había que aprovechar un evento deportivo de ese calado, para sacar beneficios políticos. Además, Esperanza, que para estas cosas es una experta, propuso que no se centrasen sólo en el problema de Madrid. Podían aprovechar para remover un poco el gallinero político a nivel nacional (madrileños contra catalanes daba mucho juego) y matar así varios pájaros de un solo tiro.

    La decisión estaba tomada. Ahora sólo faltaba ir perfilando detalles y madurando el tema para sacarle el máximo rendimiento. Lo primero que tenían que hacer era designar a alguien con experiencia y contactos suficientes para organizarlo todo, que fuese afín al partido y que no se fuera de la lengua. A la mayoría de los presentes le pareció buena la idea de contactar con Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid para que llevase la parte técnica, a las órdenes (por descontado) de la directiva de FAES.

    El diseño del plan estaba cada vez más claro: Tenía que ganar el Barça porque así, manteniendo vivas las posibilidades de alzarse con el campeonato, los catalanes se centraban en el fútbol y se olvidaban del referéndum (pan y circo). El Madrid tenía que perder, pero mejor que lo hiciese de manera polémica, por la mínima y con penaltis discutibles, para generar debate, discusiones acaloradas y unir al madridismo más conservador (en todos los sentidos, incluido el político) en un sentimiento de victimismo, frente a la injusta persecución del nacionalismo arbitral. Por lo tanto, estaba claro también que el árbitro tenía que ser el navarro Undiano Mallenco, licenciado en ciencias políticas y militante de Unión del Pueblo Navarro (UPN), para justificar sus errores como un complot nacionalista frente al centralismo madrileño.

    Me cuentan que fue Mariano quien planteó que el partido debía tener muchos goles (por lo menos siete), para generar afición y que le gente se olvidase de la política. Por su parte, Aznar sugirió que en el palco del Santiago Bernabéu hubiese muchas autoridades del PP, para que la ciudadanía identificase al gobierno y al Partido Popular con el equipo blanco, que estaría siendo injustamente tratado.

    El resto de flecos (según me cuentan), son obra de Miguel Ángel Rodríguez, el ideólogo de FAES, que propuso además, que los eternos “malos de la película”, los defensas centrales Pepe y Sergio Ramos, debían ser ahora víctimas inocentes y sufrir pisotones, provocaciones y expulsiones injustas, para que el personal, una vez identificado el PP con el Madrid, sintiese esa misma sensación, de estar siendo juzgados injustamente a nivel político.

    Como les cuento (porque así me lo cuentan), de la parte técnica se encargó Florentino Pérez, que acostumbrado a este tipo de negociaciones ideó el plan perfecto. Para convencer a ambas plantillas, primero “tocó” a las estrellas del Barcelona (las de su equipo no eran problema). Realizó una llamadita a Hacienda (por mediación del Ministro Montoro) y tanto Neymar como Messi se mostraron rápidamente, dispuestos a colaborar. Para coordinar las dos plantillas y llegar a un acuerdo sobre el resultado del partido, nada más fácil que organizar un anuncio televisivo, juntar a los porteros de ambos equipos (Diego López y Víctor Valdés), vestirlos de superhéroes para recrearles el ego (de Spiderman) y soltarles una buena pasta en concepto de derechos de imagen. Por si acaso, a propuesta de María Dolores, se invitó también a Iniesta como mediador, porque era alguien muy querido por ambas aficiones y como es manchego, no despertaba recelos.

    Todas las piezas estaban encajadas. Sólo faltaba hacer unas cuantas llamadas de teléfono a la prensa deportiva para que resaltasen determinadas imágenes, comentasen algunas jugadas polémicas y fomentasen el debate entre las aficiones y todo arreglado.

    Los catalanes a lo suyo con el Barça, sin pensar demasiado en la independencia, los madridistas (identificados con el PP), ofendidos y agrupados en torno al sentimiento antinacionalista, la calle hablando de fútbol en vez de hablar de política, los medios de comunicación comentando las polémicas del partido y dejando la Marcha de Indignados en segundo plano y de rebote, la afición del Atlético de Madrid, mayoritariamente gente obrera (y por tanto rojillos), más contentos que unas pascuas por el liderato, con lo que se rebaja la tensión en la calle.

    Y yo mientras tanto, como un gilipollas, frente a la tele, ondeando un banderín para animar a mi equipo. Será todo mentira, pero si Pedro-Jota tira del hilo…

    Besos

     

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