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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 25
    Octubre
    2013

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    SUBVENCIONES PÚBLICAS

    Llevo un tiempo dándole vueltas a la cabeza con un tema (no se asusten, que no es literal, ni estoy poseído, como la niña del Exorcista). El tema de marras son las subvenciones públicas. Ya saben, las que reciben las confesiones religiosas (principalmente, la Iglesia Católica), los Partidos Políticos, los Sindicatos, las Organizaciones no-Gubernamentales (también llamadas oenegés entre el pueblo sabio) y el resto de Asociaciones (como las Empresariales) que en mayor o menor medida, reciben su parte del pastel, a la hora de repartir los fondos públicos.

    Descartando las chapuzas y chorizadas que hacen algunas de estas organizaciones con los fondos públicos que reciben y que no deberían servirnos de excusa para generalizar, la realidad es que la mayoría de ellas, llevan a cabo una importante labor social, por lo que tiene su lógica que reciban estas ayudas estatales, para poder seguir realizando su trabajo con cierta independencia.

    Por otro lado, como imagino que le ocurrirá a la mayoría de los ciudadanos, cuando pienso que una parte de mis impuestos pueden ir a sufragar determinadas asociaciones, es inevitable que se me revuelvan las tripas, el galillo y hasta los riñones. ¿Con mis impuestos se subvenciona el Partido Popular (o Socialista, según el caso)? ¿La Iglesia Católica? ¡Si me he hecho musulmán! ¿Los sindicatos? ¿Qué sindicatos?

    El caso es que cada españolito, según sus preferencias, creencias, filias y fobias, tiene una opinión y le repatea que con su dinero puedan estar financiándose causas u organizaciones cuyos principios no comparte. ¿Cómo solucionamos el problema intentando dejar contentos a todos?

    Pienso que la solución la tenemos frente a nuestras narices, o mejor dicho, frente a nuestra declaración de hacienda, con la famosa “crucecita” de la Iglesia Católica y los fines sociales. Recuerden que se puede marcar una, las dos o ninguna de las casillas, a gusto del contribuyente.

    ¿Por qué no lo generalizamos? ¿Por qué no se incluye un código (con el correspondiente listado) de todas las confesiones religiosas que hay en España? Así, cada declarante podría decidir si su parte se cede a una determinada religión, a todas o a ninguna. Si además pudiésemos también decidir a qué partido político, a qué sindicato o asociación queremos “subvencionar” con nuestros impuestos, igual nos quedábamos todos contentos.

    Además, de esa forma, si el contribuyente se entera por la prensa que determinada asociación, partido político, sindicato u otra organización, malgasta los fondos recibidos o no le gusta en qué los emplean, podría expresar su malestar no volviendo a marcar ese código en sucesivas declaraciones tributarias.

    Lógicamente, la idea está “en bruto” y habría que perfilarla. Tendría que darse la opción de marcar una casilla de “a todos” (y fijar cómo se haría el reparto) o una de “a nadie” (en cuyo caso, habría que definir dónde iría a parar ese dinero).

    También, como las cosas no son blancas o negras y se admiten tonalidades de gris, pienso que deberían fijarse unos mínimos garantizados. Imaginen que nos diese a todos por marcar “a nadie” en el apartado de la subvención a los partidos políticos. ¿Cómo iban a funcionar? ¿Con financiación privada? ¿En A ó en B? ¿Donativos? ¿A cambio de qué? No tendríamos cárceles suficientes.

    Bueno, pues eso, que es una idea loca que me ronda por la cabeza y que dejo ahí, como dije antes, “en bruto”, por si genera debate, hace reflexionar a los políticos y alguien más influyente y mejor preparado, coge la idea, la desarrolla y encuentra una solución.

    Besos

     

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