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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 20
    Noviembre
    2013

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    SOY UN RADICAL DE IZQUIERDAS

    Habló la condesa consorte de Bornos, grande de España, Dama Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, de la Orden de Isabel la Católica y de la Orden del Mérito Civil, Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid y Dama Comendadora de la Orden del Imperio Británico. Y como ocurre siempre que Doña Esperanza Aguirre, abre ese noble pico de oro que Dios le ha dado, arremetió contra todo y contra todos, no dejó títere con cabeza y con tanta convicción defendió sus teorías que, por un momento, incluso pudo parecer que tenía razón en sus argumentaciones.

    Con esa entonación de abuela entrañable, que quisiera transmitir experiencia y sabiduría a sus nietos, la ex-presidenta de la Comunidad de Madrid, intentó convencer al auditorio de la bondad de sus teorías liberales, de la buena gestión que desarrolló en su época de gobernanta y de lo equivocados que estamos los “progresistas radicales de izquierdas”, cuando protestamos por la privatización (externalizaciones, las llama ella) de los Servicios Públicos.

    Mientras se vanagloriaba de haber sido ella quien destapó la trama Gürtel, dijo no conocer de nada al “señor Correa” y no haber firmado nunca contratos con las empresas de la trama. Afirmó sentirse traicionada por su antiguo asesor López-Viejo (imputado por recibir sobornos) y que nunca se ha llevado ni un duro, ni ha tenido condescendencia con los corruptos. ¿Qué quieren que les diga? Cuando veo la carita que pone para decirlo, con esa sonrisa dulce y picarona, mientras nos lo explica todo detenida y pausadamente, no puedo evitar creerla. Igual estamos equivocados los radicales de izquierdas y sospechamos de la pobre mujer, sin motivos.

    También se apuntó a la moda del “yo no sabía nada” y del “a mí, que me registren” tan utilizadas últimamente en los casos de corrupción, por acusados, imputados, sospechosos y presuntos colaboradores (en masculino y femenino). Si la familia Real y la Infanta, no sabían nada de lo que hacía Urdangarín, si Ana Mato desconocía de dónde sacaba su marido el dinero para pagar los globos de las fiestas de cumpleaños, si Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal, no sabían que Bárcenas era un chorizo y se han enterado por la prensa (a partir de las fotocopias de fotocopias que se han publicado), si Cándido Méndez, Fernández Toxo o José Antonio Griñán no sabían la que había montada con los EREs en Andalucía y si ni siquiera la pobre Isabel Pantoja sabía en qué trapicheaba su Julián Muñoz, ¿Qué podíamos esperar de nuestra baronesa consorte, tan ocupada en otros menesteres más terrenales? Será que los radicales de izquierdas somos unos malpensados.

    Ante la incisiva periodista que la entrevistaba (Ana Pastor, en la Sexta), la dulce abuelita que muchos desearían tener, exhibió un amplio repertorio de recursos semánticos para explicar sus teorías ultraliberales, atacar a sus rivales políticos (de dentro y de fuera del partido), defender a sus amigos (a los muy amigos) y justificar, con esa vehemencia que le caracteriza, las privatizaciones en la sanidad madrileña.

    Gracias a ella, nos hemos enterado que “escrache” es una palabra que utilizamos la izquierda radical, que los servicios públicos no tienen que ser gestionados necesariamente por funcionarios (al parecer, eso es un dogma de la izquierda) o que la empresa privada es más eficaz que la pública. Frases que sentencian y que sin duda, son dignas de pasar a los anales de la historia política española (o a la antología del disparate) y más, viniendo de alguien como ella, tan convencida de sus ideas, que incluso se ha auto-privatizado, renunciando a sus cargos públicos y cambiando su puesto de trabajo como funcionaria de Información y Turismo por el de consejera de una empresa privada catalana, especializada en la selección de directivos.

    Todo muy bonito, todo muy bien explicado, pero desde luego, ni me convencieron los argumentos de la baronesa del PP, ni comparto sus ideas. Será porque soy un radical de izquierdas.

    Besos

     

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