Blog 
El Blog del Funcionario
RSS - Blog de Alfonso Ros Campos

El autor

Blog El Blog del Funcionario - Alfonso Ros Campos

Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


Archivo

  • 31
    Enero
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    ¿QUIÉN DECIDE EL VOTO?

    Últimamente se ha reabierto el eterno debate político y social respecto a la hipotética libertad de voto de nuestros diputados y diputadas ¿Deben votar en bloque y acatar la disciplina de partido o por el contrario, votar en conciencia, respetando sus principios y los de sus teóricos votantes? Mucho me temo que, con el sistema electoral actual de listas cerradas y bloqueadas, la respuesta es clara y contundente: Todos votan agrupados y en la misma dirección que marque el líder de turno (como las manadas borreguiles).

    Podemos estar de acuerdo o discrepar con el sistema y parecernos más o menos justo, pero es la consecuencia lógica de votar siglas y no personas. Recordemos que, salvo en las elecciones al Senado, no elegimos a los candidatos que más nos gustan, sino que votamos a una candidatura completa, presentada por un determinado partido político.

    Es cierto que el elector, a la hora de decidir su voto, además de tener en cuenta sus preferencias ideológicas (voto a las siglas) y en algunos casos (los menos), el contenido del programa electoral (voto a las ideas), también suele revisar la composición de la candidatura, la credibilidad que le inspiran los candidatos y el orden en que aparece cada uno (voto a las personas), por lo que realmente, el resultado electoral es una suma de los méritos (y los desméritos) del partido, del programa y de los candidatos.

    Con estos razonamientos, parecería lógico que la decisión del voto corriera a cuenta del partido, porque es quien en última instancia, decide qué candidatos y en qué orden se incluyen en la candidatura, quien aprueba el programa electoral y quien coordina la acción política de los que han salido elegidos, pero, si al final la labor de nuestros diputados se limita a levantar una mano (o apretar un botón) siguiendo las instrucciones del portavoz, ¿Para qué queremos tantos diputados? Con un representante por partido y votos ponderados de acuerdo con los resultados electorales, habría suficiente.

    Por otro lado, si se permitiese a cada diputado votar libremente, de acuerdo con sus ideas, su conciencia y su opinión, quedaría sin sentido el propio sistema electoral y sería discutible hasta la existencia de los partidos políticos. Es más, seguro que los diputados afines, terminarían poniéndose de acuerdo para unificar sus votos y no perder las votaciones. ¿Quién debería decidir entonces? En mi opinión, la respuesta es fácil y se basa en algo tan simple como el “Compromiso Electoral”.

    En teoría, el candidato se identifica y se compromete, con los principios ideológicos del partido cuando, de manera libre y personal, acepta ser incluido en una determinada candidatura, por lo que el sentido del voto, en temas que afecten a estos principios, le correspondería decidirlo al partido y el diputado debería acatar esta decisión o renunciar al escaño.

    Además, al integrarse en una candidatura, se supone que participa en la elaboración del programa electoral de ésta y que se compromete con sus electores a defenderlo, por lo que debería ser la propia candidatura, la que valorase si el tema objeto de votación está contemplado en el programa (que ellos mismos han elaborado) y decidir en qué sentido debe votarse (también en bloque) para respetar al máximo su compromiso electoral.

    Y finalmente, cuando se trate de temas sobrevenidos o no contemplados en el programa electoral, que no afecten a los principios ideológicos del partido y que pueden representar distintas opiniones dentro de sus votantes, debería plantearse libertad de voto, para que cada cual decidiese en conciencia, intentando dar voz a esa parte del electorado que no necesariamente, coincide con otros planteamientos mayoritarios.

    ¿Parece simple, no? Pues algún fallo deben tener estos razonamientos, cuando continuamente, se generan debates al respecto. ¿No estarán intentando crear confusión y polémica en casa del vecino y tapando al mismo tiempo, las miserias que tienen en su propia casa? Así nos va, por anteponer los intereses políticos al interés general.

    Besos

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook