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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 21
    Enero
    2013

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    POLÍTICA Y CORRUPCIÓN

    Decía un gran amigo, con el que desgraciadamente ya no puedo contar y al que echo mucho de menos, que “todo lo que toca la política, se estropea” (bueno, lo decía de otra forma más coloquial, pero lo traduzco “al educadamente” para no ofender a nadie) y continuaba con un ejemplo muy gráfico: “una madre, que es lo más grande que hay, cuando pasa a ser madre-política, se convierte en una suegra”.

    Tras la sonrisa lógica por el recuerdo del chascarrillo, hoy me he propuesto pensar (ya era hora) y reflexionar (seriamente) sobre la política, los políticos y la corrupción. Algo que está en boca de todo el mundo y cuya relación directa se da por hecho entre la mayoría de la población, porque vivimos en una sociedad muy acostumbrada a dejarse llevar por los tópicos y donde la mayoría de las veces, preferimos no pararnos a pensar en profundidad o lo que es peor, no nos atrevemos a hacerlo, por miedo a disentir con el resto y quedar en evidencia.

    Frases del tipo “todos los políticos son unos corruptos”, “todos los políticos son iguales” o “da igual al que votes, porque todos buscan sacar provecho” han pasado a la categoría de axioma (premisa que por considerarse evidente, se acepta sin necesidad de demostración) con lo que todo el mundo (sea de derechas o de izquierdas) arremete sin piedad contra la clase política y desconfía de todo y de todos. ¿Estamos siendo justos? ¿Realmente son todos iguales? ¿No hay políticos honrados?

    Partiendo de la base de que cualquier generalización es injusta, la primera pregunta quedaría respondida: Cuando hacemos pagar a todos por lo que hacen unos cuantos, estamos tratando injustamente a la mayoría. Con lo que, de pasada, también respondemos a la segunda y a la tercera pregunta, ya que reconocemos la existencia de una mayoría silenciosa de políticos honrados y “distintos” a los corruptos, los que no salen en prensa, los que no visitan los juzgados, los que trabajan diariamente para mejorar las condiciones de los ciudadanos/as que les han votado, desde su puesto de gobierno o desde la oposición.

    Es paradójico que, lo que empezó como una consigna del movimiento 15M (los supuestos radicales de izquierda), poco a poco se haya extendido, hasta el punto de que la ultraderecha (lógicamente, por intereses distintos) también se apunte al carro de descalificar a los políticos.

    Vivimos en un sistema democrático que quizás, no sea el mejor que podíamos tener, que posiblemente pueda mejorarse, pero que no puede concebirse sin la figura del político, el representante elegido por el pueblo, el que toma decisiones por nosotros, el que se encarga de transmitir la voz de sus votantes o negocia en nuestro nombre ¿Cómo vamos a prescindir de los políticos? ¿Qué nos quedaría sin ellos? ¿Una anarquía, una oligarquía o una dictadura?

    Propongo que rompamos los tópicos y no nos dejemos llevar por opiniones interesadas y demagógicas. Luchemos con uñas y dientes contra la corrupción, pero defendiendo a nuestros representantes, exigiendo que se investigue a fondo y se tomen medidas contra los que han traicionado nuestra confianza, pero que el árbol insano no nos impida ver la frondosidad de nuestro bosque político.

    Yo me quedo con esa inmensa mayoría de políticos y políticas honrados, los que de verdad se preocupan por nosotros, los que intentan hacer las cosas bien, (aunque puedan equivocarse), los que trabajan sin importarle que, a final de mes, el ejercicio de su actividad política les cueste dinero, tiempo y sufrimiento, los que no buscan su beneficio o el de sus amiguetes. A ellos y ellas les digo, sin rubor, que cuenten con mi apoyo, con mi voto y con mi confianza porque yo, sí creo en la política y en los políticos.

    En España, no sobran políticos, lo que sobran son sinvergüenzas y algunos de ellos, por desgracia, se dedican a hacer política.

    Besos

     

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