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Blog El Blog del Funcionario - Alfonso Ros Campos

Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 07
    Julio
    2014

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    MADE IN SPAIN

    Nos guste o nos disguste, los españoles somos lo que somos y lo que estamos acostumbrados a ser de toda la vida. En nuestro carácter latino llevamos marcada a fuego, nuestra particular “Marca España”, que nos hace reclamar con pasión el ejercicio de nuestros derechos y justificar al mismo tiempo y con vehemencia desmedida, la omisión en el cumplimiento de nuestros deberes.

    Es nuestro carácter hispano, forjado al amparo de la picaresca, que nos hace sonreír ante la astucia de personajes como el Lazarillo de Tormes y el ingenio del bonachón Sancho Panza, ensalzar la habilidad y el “arte” de ladrones y trileros, o admirar la valentía de bandoleros como Curro Jiménez. Nos empapamos desde pequeños de literatura picaresca, de películas y series televisivas donde ladrones, timadores, golfos, vagos y maleantes adquieren una nueva dimensión y pasan a ser los protagonistas de nuestra historia, los más listos, los más hábiles y los más admirados.

    Vemos al Estado como ese gran señor feudal que exprime y avasalla a la ciudadanía, que recauda impuestos de manera injusta y que legisla en contra del pueblo, pero se nos olvida que nos gobiernan las personas que hemos elegido nosotros y que gracias a los impuestos que pagamos, podemos disfrutar de esos servicios públicos que con tanta pasión reclamamos.

    Aquí el que no corre, vuela. Consideramos al golfo que elude pagar impuestos como un listo que consigue una rebaja y al que paga religiosamente sus facturas (con IVA), un pringao, porque al final le cuesta más caro. Nos preguntan si vamos a querer factura o si lo pagamos en negro y en vez de ofendernos, le agradecemos el detalle y la consideración que han tenido con nosotros. Somos así.

    Cuando nos ofendemos al enterarnos de que determinado personaje público tiene cuentas abiertas en el extranjero para pagar menos impuestos, en el fondo, lo que nos cabrea es no poder hacer lo mismo, porque no tenemos ni capitales que evadir, ni el poder o las influencias para poder hacerlo.

    Nos enteramos de casos de corrupción política, tráfico de influencias, prevaricación, cohecho y mercadeo ilegal, en todas sus acepciones, de las personas que nos gobiernan (que hemos elegido nosotros) y los justificamos pensando en que si estuviera otro en su lugar, habría hecho lo mismo.

    Nos han inculcado tanto el valor de la fidelidad hacia la familia y los amigos que vemos normal el hecho de que cualquier cargo público, cuando llega al poder, se rodee de familiares y amigos enchufados, viviendo a costa del cargo. España es un país de amigos y aquí, el que tiene un amigo (con poder) tiene un tesoro, porque traficamos con las influencias como si fuera la cosa más normal del mundo.

    Siempre nos han dicho que es pecado acusar o chivarse de lo que hacen otros y aunque veamos casos de corrupción en nuestro entorno, hacemos la vista gorda. Que lo denuncien otros, porque nosotros no somos unos “chotas”. ¿Denunciar yo a fulanito? Que lo denuncie Hacienda, o la Guardia Civil, que a mí no me pagan por hacerlo.

    Añadan a estas circunstancias que, desde pequeños, nos han educado en un sentimiento de grupo, donde “los nuestros” son lo primero. Somos españoles, murcianos, cartageneros, bilbaínos o catalanes, del Real Madrid a muerte, del Barça hasta la médula del Betis “manque pierda” o sevillista hasta la muerte, de derechas o de izquierdas, y lo defendemos hasta las últimas consecuencias. Si los míos no lo están haciendo bien, es porque no podían hacerlo de otra manera y seguro que si estuviesen los otros, todavía lo harían peor.

    Esta cultura “made in Spain” que hemos ido transmitiendo de generación en generación, es lo que tenemos, lo que hemos mamado desde pequeños y las consecuencias de esa “mala alimentación” las podemos ver todos los días en la prensa.

    No tenemos lo que nos merecemos, pero sí algo de culpa de lo que nos está pasando.

    Besos

     

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