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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 17
    Febrero
    2014

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    IGLESIA Y CIUDADANÍA

    Nací y me crié en el seno de una familia católica, estoy bautizado y confirmado, hice la primera comunión vestido de marinero (soy cartagenero), estudié en un colegio de curas, fui monaguillo (me tuve que chupar unas cuantas misas adicionales), me casé por la iglesia y bauticé a mi hija, en la Iglesia de Santa María (lo de ser cartagenero, marca mucho) y vivo rodeado de seres queridos y amigos entrañables, que se declaran católicos, por lo que podríamos decir, que me he criado y formado en un entorno “católicamente favorable”, para hacer de mí un buen creyente, como manda la Santa Madre Iglesia. ¿Qué me ha pasado entonces para haberme vuelto tan descreído, tan escéptico y tan ateo?

    Pienso que me ha pasado lo mismo que les puede estar pasando a muchas personas en nuestro país, principalmente a los jóvenes, a los que eso de comulgar con ruedas de molino, se nos atraganta. Nuestra sociedad va evolucionando, adquiriendo cultura, pensando y razonando, mientras la jerarquía eclesiástica sigue anclada en el pasado, en sus dogmas de fe, en su oscurantismo rancio y en su involución casposa, por lo que cada día que pasa, la distancia entre la iglesia católica y la ciudadanía, se hace mayor.

    Sólo hay que ver los resultados de la última encuesta realizada por Bedixen&Amandi para la cadena norteamericana Univisión, que recoge entre otros, la opinión de 1.000 católicos españoles encuestados y cuyos resultados, deberían provocar una seria reflexión entre la curia española.

    Mientras nuestra sociedad lucha contra el machismo y defiende la igualdad de trato y de oportunidades entre hombres y mujeres, la iglesia católica insiste en no permitir que las mujeres accedan al sacerdocio o que puedan casarse los sacerdotes católicos (para que no se “distraigan” en otros placeres terrenales), cuando la encuesta refleja que un 78% de los católicos españoles estarían a favor del sacerdocio femenino y un 73% de permitir el matrimonio de los sacerdotes. ¿Todavía tienen las mujeres que seguir cumpliendo condena por el supuesto pecado de Eva?

    Mientras nuestra sociedad reconoce el derecho individual a equivocarse eligiendo pareja y nuestras leyes permiten el divorcio, los que mandan en la iglesia siguen empecinados en declarar indisoluble el matrimonio, salvo que seas alguien muy importante y te puedas pagar la nulidad eclesiástica. ¿Cadena perpetua?

    Mientras la jerarquía eclesiástica emprende su cruzada “a favor de la vida”, demonizando el uso de anticonceptivos y negando la posibilidad de abortar a las mujeres “bajo ningún concepto”, resulta que el 90% de los católicos españoles encuestados estaría a favor de utilizar estos métodos y un 88% de permitir el aborto en determinados casos.

    Mientras la iglesia católica española ataca despiadadamente la homosexualidad y el matrimonio homosexual, el 64% de su feligresía encuestada estaría a favor de este tipo de matrimonio (el 83% de los jóvenes entre 18 y 34 años, encuestados).

    Y así, suma que suma. Las grandes riquezas acumuladas mientras reclaman caridad, los privilegios frente a otras religiones, la intolerancia eclesiástica, la demagogia desde los púlpitos, su obsesión con el sexo, etc. Pero lo más grave, bajo mi punto de vista, lo que me hace renegar de mis antiguas creencias, es ver cómo utilizan esa posición de poder que históricamente se le ha otorgado a la iglesia católica en nuestro país, para imponer sus normas, para confundir a los creyentes o para transformar derechos y libertades en imposiciones y obligaciones universales. ¿Por qué se empeñan en imponer sus criterios a quienes no pensamos como ellos?

    A la hora de adoctrinar no vale todo. Igual si explicaran su evangelio desde la tolerancia el perdón y la humildad, llegaban a más gente y eran más respetados, porque está demostrado que ni la Conferencia Episcopal Española, ni sus asesores sectarios ultracatólicos, consiguen convencer a nadie. Conmigo, al menos, lo llevan claro.

    Besos

     

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