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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 28
    Julio
    2014

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    FRANCO CONTRA CARRILLO

    Franco y Carrillo andaban la semana pasada a la gresca, por culpa de una orden de desahucio contra la cúpula celestial. Al parecer, el rector de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), José Carrillo, y el obispo auxiliar de Madrid, César Franco, no se ponían de acuerdo respecto a la ubicación de la capilla (de culto católico) que hasta ahora ocupaba un local de la Facultad de Geografía e Historia y como pasa siempre con los temas religiosos, saltó la polémica.

    Con el argumento de que se necesitaba espacio para ubicar un aula grande (para un centenar de alumnos) y que el “Acuerdo de Asistencia Religiosa” que regula la existencia de capillas en el Campus, se firmó en 1993 y caducó a los diez años, el lugarteniente de Carrillo y decano de la Facultad de Geografía e Historia, Luis Otero, le comunicó al Arzobispado que tenían que desalojar la capilla antes del día 15 de julio y les ofreció la posibilidad de reubicarla en otras aulas más pequeñas. Como el otro bando (el de Franco) hizo oídos sordos y no desalojó el espacio universitario “okupado”, Carrillo decidió pasar a la acción y cerró a cal y canto la capilla (con cambio de cerradura y vigilancia en la puerta), con lo que se reavivó la polémica.

    Franco y sus seguidores, al grito de “han secuestrado al Santísimo” decidieron declararle la guerra a Carrillo, le organizaron “misas de protesta” diarias en el hall de la Facultad, se “encerraron” en los exteriores del centro universitario y organizaron acampadas de protesta para evitar el “desahucio”, (como han visto hacer a los miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca), e impedir así que Carrillo y su gente les desmantelase el oratorio.

    Parece que la polémica ya está medio solucionada y que tras una ardua negociación se ha llegado a un acuerdo entre ambas partes (Franco y Carrillo se han puesto de acuerdo) para reubicar la susodicha capilla en un aula más pequeña, aunque el Rectorado de la Complutense ya ha avisado al Arzobispado que el acuerdo de 1993 no está vigente y que en el nuevo que se negocie, “no habrá ningún privilegio para nadie ni para ninguna institución”, por lo que el bando pro-capilla (el franquista) anda mosqueado con lo que pueda depararles el futuro, respecto a las otras seis capillas que tienen repartidas por los campus de la UCM.

    No hace falta que les diga que me posiciono en el bando de Carrillo y que me declaro abiertamente defensor de una Universidad pública, laica y sin privilegios para ninguna confesión religiosa. ¿Es normal que en pleno siglo XXI, en un estado aconfesional y que respeta la pluralidad de culto, se produzcan estas situaciones? ¿Deben las universidades públicas habilitar también espacios para otros cultos religiosos (sinagogas y mezquitas)? La coherencia nos dice que no es lógico mezclar las cosas. La educación superior se imparte en la Universidad y el culto religioso, se debe realizar en los templos.

    Por cierto, si piensan que la polémica está realmente solucionada es que son algo ingenuos o que no conocen la voracidad eclesiástica. De momento, gracias al revuelo generado, el arzobispado consigue una nueva capilla, rehabilitada 'por la cara', algo más pequeña, pero suficiente (tampoco se los comería la bulla) y un motivo para movilizar el fanatismo religioso, que le viene muy bien a sus intereses, porque a ver si ahora se atreve el Rectorado de la UCM a proponerles un alquiler por la utilización de un espacio público, como se habían planteado en su momento.

    A ver si cunde el ejemplo y por el principio de reciprocidad, se habilitan también espacios en las universidades privadas de la iglesia católica, para ser utilizados en el culto de otras religiones, para actos públicos (como mítines de partidos políticos de izquierdas) o para reuniones de sindicatos y asociaciones no católicas. Es que no es lo mismo dar que recibir, ni pedir que exigir. ¿Verdad?

    Besos

     

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