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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 08
    Octubre
    2012

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    EL ASCUA Y LA SARDINA

     “Cuanto más leo, más tonto me queo” me decía un compañero a propósito de los comentarios que se han generado por la no-apertura del curso académico en la UMU y que un día sí y otro también, llenan páginas de prensa, colapsan foros de opinión y se extienden como reguero de pólvora, por la redes sociales y los correos electrónicos. Cada uno, como no podía ser menos, arrimando el ascua a su sardina.

    Por un lado, tenemos a los más puristas, los que consideran que es poco menos que una acción terrorista haber impedido que se celebrase un solemne acto académico, hablan de atentado a la libertad de expresión, actos vandálicos, gamberrismo, ataque a la institución universitaria, agresión a la comunidad universitaria, sindicalistas mamporreros
     
    Por el otro, los más progresistas, quitan importancia a lo que pasó, hablan de gestos de solidaridad universitaria, de protesta pacífica mal interpretada, de manipulación de la información, de elitismo arcaico, de provocaciones
     
    ¿Con qué nos quedamos? Pues con un poco de cada cosa, que en la variedad está el gusto, aunque lo reconozco, con cierta querencia natural hacia los manifestantes:
     
    Es cierto que la ceremonia de apertura en la Universidad tiene su solemnidad, con los doctores y doctoras ataviados de toga y birrete, los maceros encabezando el desfile, el gaudeamus, la lección magistral y sus homenajes, pero ni la Universidad es intocable, ni pasa nada porque un acto de este tipo se suspenda. No es el primero, ni creo que sea el último acto protocolario, al que asisten autoridades políticas, que tiene que aplazarse o suspenderse por una protesta.
     
    Calificar de actos vandálicos o gamberrismo lo que pasó, hablar de medidas disciplinarias o de expedientes de expulsión, me parece tan exagerado como hablar de protesta pacífica, así sin más. Hubo tensión, gritos, pitos y algún empujón que se podía haber evitado, pero no se causaron desperfectos graves, ni hubieron agresiones, ni cosas por el estilo.
     
    Se puede discrepar de las formas, pero creo que en el fondo de la protesta, prácticamente toda la comunidad universitaria estaba de acuerdo, porque la indignación con los recortes es generalizada. Tan indignado estaba el personal que quería participar en la ceremonia como los que protestábamos en la calle o los mismos vigilantes que controlaban el acceso al acto y se llevaron la mayor parte de los empujones. No califiquemos de agresión una movilización en defensa de la Universidad.
     
    En momentos como el que vivió el pasado viernes, 21 de septiembre, es cuando debería haber imperado la cordura (por ambas partes) y se habrían evitado situaciones desagradables. Si se da la orden de impedir el acceso a los manifestantes cuando el acto es público, lo único que se consigue es forzar lo que pasó. El personal de control de acceso intentando cumplir con profesionalidad, lo encomendado y los manifestantes, intentando entrar para protestar dentro, con el consiguiente tapón humano en la puerta, que no permitía acceder a los invitados. Si los manifestantes que querían entrar, hubiesen esperado que las autoridades tomaran asiento, posiblemente, se les habría permitido el acceso de manera tranquila.
     
    Si el Rector, en vez de intentar hablar en el centro de los manifestantes y despedirse airadamente cuando no le dejaron hacerlo, hubiese pedido una reunión con los representantes, quizás se podría haber buscado una solución intermedia y nadie hablaría de provocaciones…
     
    Yo les preguntaría a muchos compañeros y compañeras (amigos y amigas personales) que hoy se rasgan las vestiduras académicas por lo que pasó, o en muchos casos, lo que “les contaron que pasó”, (porque no asistieron al acto), critican al alumnado exhibiendo fotografías y videos y piden que se tomen medidas:
     
    ¿De qué os estáis quejando? ¿Ya se os ha olvidado que hace cuatro días también os quejabais amargamente del letargo en que estaba sumida nuestra juventud? ¿No recordáis que en las conversaciones de cafetería añorabais la rebeldía de nuestro tiempo? ¿Habéis apartado de la memoria el orgullo con que recordabais nuestros “mayos”, “septiembres” y “diciembres” de lucha? ¿Teníamos nosotros y nosotras más derecho a quejarnos que la juventud de ahora?
     
    Dejémonos de críticas, de buscar culpables y alegrémonos al ver que nuestros jóvenes están vivos, siguen siendo solidarios, valientes y contestatarios, como les corresponde por edad y están dispuestos a sacrificarse por defender una Universidad Pública de Calidad. Para filosofías y protocolos, ya estamos nosotros/as, los que, por la edad, no tenemos el cuerpo para carreras.
     
    Besos

     

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