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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 10
    Junio
    2014

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    COSECHA DEL 63

    Menudo año elegí para nacer, o mejor dicho, menudo año eligieron mis padres para que yo naciera. Nada más y nada menos que el 1963, el mismo año en que murió el Papa Juan XXIII y fue sustituido por Pablo VI, el mismo en que Martin Luther King tuvo su sueño (“I have a dream”) y asesinaron a John F. Kennedy en Dallas (Texas). Comparto año de nacimiento con figuras del deporte como Michael Jordan, Emilio Butragueño o José Mourinho, con cantantes como Nacho Cano o Alaska, con Lydia Bosch y Micky Molina, e incluso con nuestro famoso astronauta, Pedro Duque. Menuda cosecha la del año 63 (buena añada).

    Pertenezco por tanto, a una generación que ya mira con nostalgia los cuarenta años y empieza a descubrir cómo se lleva eso de ser cincuentón, en la que nosotros sólo podemos ya peinar canas (aunque sean teñidas) o abrillantar calvas, mientras que ellas, “las chicas del 63”, siguen manteniendo su muy productivo “pacto con el diablo”, para que no se les note el paso del tiempo.

    Una generación a la que podríamos denominar como “observadora del cambio”, porque hemos vivido en dos siglos distintos (XX y XXI), hemos conocido la dictadura de Franco (aunque nos afectó poco), la Transición (en plena juventud loca) y la Democracia (que nos dure mucho tiempo), hemos visto pasar por el Vaticano a seis Papas (a Juan XXIII, desde la cuna y de refilón), por la Moncloa, a seis Presidentes del Gobierno (y los que nos quedan) y por la Zarzuela veremos pasar al menos, a dos Reyes de España, con su correspondientes Familias Reales. Pudimos contemplar en directo cómo el hombre llegaba a la Luna, cómo España organizaba unas Olimpiadas o cómo ganaba por primera vez un Mundial de Fútbol, vivimos la entrada de España en la OTAN y en la Unión Europea, con todo el cambio social que supuso, o el cambio de moneda y el paso de los reales, pesetas y duros a euros y céntimos.

    El paso del tiempo nos ha supuesto adaptarnos a los continuos cambios tecnológicos, como pasar de un teléfono con cable, pegado a la pared, donde para hacer una llamada telefónica teníamos que contactar primero con una centralita y saludar a la operadora, a llevar el teléfono móvil siempre incorporado, o pasar de escribir aporreando teclas en una máquina de escribir mecánica (y borrar con cinta correctora), a la máquina eléctrica (que borraba sola) y luego, al ordenador, el portátil, la tablet o a la comodidad de escribir desde nuestro smartphone. Hemos pasado de ver la única cadena de televisión disponible (TVE o como mucho el UHF) a poder elegir entre cientos de canales y de grabar en VHS al disco duro grabador. Hemos vivido un acelerado cambio tecnológico, que nos ha obligado a estar siempre aprendiendo y readaptándonos.

    También hemos sobrevivido a varias finales del mundo anunciadas, como el “Efecto 2000”, las “profecías Mayas” o las amenazas de III Guerra Mundial, pero aquí seguimos, esperando a ver si se deciden de una puñetera vez a dejarnos vivir tranquilos. Hemos sufrido varias crisis económicas (incluida la actual), devaluaciones de moneda, burbujas inmobiliarias, subidas y bajadas del PIB, del IPC o de la “Prima de Riesgo”, cambios en el sistema tributario, el ITE, el IVA o el cambio de tener que realizar nuestra declaración de IRPF con asesor y calculadora, a poder hacerla por Internet.

    En deportes, hemos visto ganar a España en fútbol, baloncesto, natación, balonmano, hockey, atletismo, tenis y en casi todas las especialidades deportivas, hemos vibrado con la selección y disfrutado de sus éxitos.

    Somos además, una generación de cambio social, en la que hemos pasado de ser buenos hijos que respetaban a sus padres, a ser buenos padres que respetan a sus hijos. Hemos intentado que a ellos no les falte nada, que no sufran nuestras necesidades, que se sientan libres y decidan por ellos mismos y aunque al final, se nos hayan olvidado a nosotros nuestras propias necesidades, nuestras libertades y nuestra capacidad de decisión (porque las hemos supeditado a las suyas), nos consolamos viéndoles crecer.

    Somos por tanto, una generación imprescindible, que ha sido testigo de muchos cambios y que en consecuencia, hemos adquirido un compromiso con nuestra sociedad, como cronistas de los tiempos vividos. Para suerte de nuestros nietos, pronto podremos hacer lo que hicieron con nosotros nuestros abuelos, sentarlos en nuestras rodillas y contarles cómo hemos cambiado y cómo ha cambiado el mundo, desde aquel año tan importante, el 1963.

    Besos

     

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