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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 18
    Marzo
    2014

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    CONFIANZA CIEGA

    Tras leer en la prensa regional las declaraciones del delegado del Gobierno en Murcia, Joaquín Bascuñana, no he podido reprimir la necesidad de comentarlas. Ustedes perdonen, pero es que la carne de este humilde aporreador de teclas es tan débil que en cuanto me relajo un poquillo, caigo en la tentación.

    Parece ser que, aprovechando su presencia en el acto de homenaje a las víctimas del terrorismo, algunos periodistas le preguntaron su opinión sobre la polémica sucesoria del todopoderoso Ramón Luís Valcárcel (no se me ofendan todavía, que ahora explico lo de “todopoderoso”), una pregunta a mi juicio, de lo más inapropiada, tratándose del acto que se trataba, pero ya sabemos que algunos no desperdician ninguna ocasión. Y como D. Joaquín tampoco es de los que malgastan tiempo ni energías, en vez de salirse por la tangente, decidió entrar a saco y aprovechar la oportunidad que le brindaban para alabar (y halagar) a su amigo, el todavía Presidente de la Comunidad Autónoma.

    Afirmó que cualquier cosa que “diga, quiera o exprese” D. Ramón Luís, contará con su apoyo porque “si no se ha equivocado antes, no se va a equivocar ahora”. Toma declaración de intenciones, toma fidelidad y toma confianza ciega en su líder. Ya firmaba yo por tener a alguien así a mi lado, aunque igual tendría que comerme mis palabras, porque terminaría hartándome de tanto empalago.

    El caso es que, para el bueno de D. Joaquín, el “dedo divino” de Valcárcel era infalible y lo que éste indicase, bien indicado estaría. Hasta tal punto llegaba su convencimiento, que continuó su declaración, instando a la militancia pepera a “estar más unidos que nunca” (como sigan uniéndose, terminarán amontonados) y arropando a la persona “que se les indique” (ya saben, movimiento en manada). Me parece un consejo de lo más denigrante y una falta de respeto hacia los militantes murcianos del PP, que se les pida obediencia y confianza ciega, cuando se les imposibilita pensar, opinar y decidir, pero ellos sabrán lo que están dispuestos a consentir.

    Lo siguiente que dijo Bascuñana, que al parecer, se iba creciendo conforme hablaba, suena de lo más literario: “Tenemos que dirigir los barcos que tenemos cada uno, los barcos que podamos tener, hacia el puerto que el almirante Valcárcel diga que hay que dirigirlos”. (¿Comprenden ahora lo de todopoderoso?) Por si no nos había convencido o se habían interpretado mal sus palabras, apostilló que, “Si Valcárcel nos dice que tenemos que dirigirnos hacia el puerto A, los dirigiremos, y si nos dice que hacia el puerto B, los dirigiremos hacia ese puerto o hacia donde nos lo indique”. Por favor, eso no es propio de un simple almirante, es por lo menos, de un generalísimo.

    Cuando se cansó de las batallas navales, el inspirado delegado del Gobierno, la tomó con el fútbol y habló de que, en su opinión, “el PP tiene un banquillo extraordinario”, (algo que debe ser cierto porque si no, no habrían tardado tanto tiempo en dar con el sucesor de Ramón Luis). De momento, lo que sabemos, es que al almirante ya ha decidido la alineación definitiva y que, como el primer reserva está apercibido de sanción y el segundo no le llega a convencer con su juego, ha tenido que recurrir a un jugador del equipo de veteranos (Alberto Garre, una promesa de 62 años) para que lidere el equipo (cosas del fútbol).

    Para rematar, (ya que al parecer, se había dado cuenta del pasote que se estaba pegando con lo de los barcos, el almirante y toda la flota pepera), intentó justificar sus primeras afirmaciones y cómo no, recurrió a las viejas batallitas, recordando la abrumadora mayoría conseguida por el PP en las elecciones de 2011 y quién “lideraba el proyecto” (el almirante, por si se habían perdido), por lo que consideraba que Valcárcel tenía “toda la legitimidad” para decidir quién es su sucesor, entre los diputados regionales del PP y siempre “dentro de la legalidad” (faltaría más).

    ¿Se asombran de estas declaraciones? Yo también. Ya les he contado al principio que, después de leerlas, no he podido reprimir mis instintos. Si la cúpula del Partido Popular opina como este señor, que las personas y los cargos se deciden mediante el sistema dactilar y que las bases, lo que deben hacer es acatar y arropar a la persona que designen los que, como su amigo Ramón Luís, cuentan con iluminación divina, mal vamos con lo de la regeneración política. Ya veremos cómo reacciona la marinería con la decisión tomada por el almirante.

    Besos

     

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