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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 10
    Octubre
    2013

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    COJONES EXCMOS.

    Hace más de una semana de la celebración del Acto de Apertura de Curso en las Universidades Públicas de la Región y todavía hay quien sigue dándole vueltas a la dichosa y desafortunada frase del Rector de la Universidad de Murcia, José Antonio Cobacho: “No dimito porque no me sale de los cojones”.

    De nada ha servido que de manera casi inmediata, dándose cuenta de lo inapropiado de la expresión, rectificase y pidiese excusas por haberla utilizado. De nada ha servido tampoco que desde entonces, y de manera sistemática, haya seguido pidiendo excusas en cualquier oportunidad que ha tenido, tanto públicamente como en privado. Hay quien sigue rasgándose las vestiduras (algunos aprovechan para rasgarse las togas, que es más académico) por la frasecita de marras.

    Algunos de estos “rompetogas” malintencionados, incluso obvian la situación y el entorno en que se pronunció la frase y aunque hacen énfasis en la solemnidad del acto académico y en su condición de Rector (para que parezca más inapropiada), olvidan citar que se trató de una respuesta airada (pero en parte, justificada) a los gritos de “Cobacho sinvergüenza”, “Cobacho dimisión” y “Cobacho muérete” que le gritaba un grupo de estudiantes.

    Dejando aparte los insultos (también inapropiados en un acto académico, señores rompetogas) y la imbecilidad de pedirle a una persona que se muera (como si él pudiera decidir cuándo morirse), me llama la atención que a estas alturas, todavía haya quien piensa que la Universidad de Murcia gana algo con la dimisión de Cobacho.

    ¿Qué se consigue con la dimisión de un Rector al que le quedan, como mucho, seis meses de mandato y que además, no puede volver a presentarse al cargo, porque ha agotado las dos legislaturas que le permiten los Estatutos de la Universidad de Murcia? ¿Estamos pensando en que la Comunidad Autónoma designe un “Rector-Comisario”, a su imagen y semejanza, para que organice unas elecciones en la Universidad? ¿Les daría más garantías democráticas (o presupuestarias) una situación como ésta? ¿Defendería mejor los intereses de la Universidad de Murcia? ¿Reclamaría con más vehemencia el pago de la deuda?

    Por eso, ante la sinrazón de la propuesta de dimisión y lo crispado de la situación, la respuesta de Cobacho, aunque desafortunada por la forma en que se dice, parece de lo más lógica y coherente. Una dimisión, por definición, lleva implícita la voluntad del que dimite (si no, sería un cese o una remoción) y él, no dimite porque no quiere (o porque “no le sale de los cojones”, que es lo mismo y todos lo entendemos). Y no quiere (añado yo), por responsabilidad, por compromiso y por el bien de la Institución a la que representa.

    La forma en que se dice (volvemos con los rompetogas), puede resultar vulgar o malsonante, pero nadie puede negar la contundencia de la afirmación y lo coloquial que resulta (al más puro Murcianico-Style). Podría incluso, tratarse de una cita literaria del fallecido Camilo José Cela o de nuestro Arturo Pérez-Reverte, miembros de la Real Academia de la Lengua Española.

    Por cierto, que con tanto darle vueltas a la frase, queda en segundo plano lo importante del acto de apertura, los discursos de ambos Rectores, (criticando la política de recortes, las subidas de tasas, la reducción de becas, la disminución de recursos en docencia e investigación, la “sustracción” de pagas extras y la bajada de salarios a su personal), la lección magistral del Dr. Sergio Amat (con camiseta verde de protesta incluida), o la reacción de algunos políticos del Partido Popular, que abandonaron el acto en una desbandada generalizada, con el consiguiente desplante al ponente, por no pensar como ellos. ¿Por qué hizo cada uno lo que hizo durante el acto? Está claro, porque “le salió de los cojones” (o de los ovarios, según el caso).

    Besos

     

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