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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 30
    Junio
    2014

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    CHUPETES VERDES

    Ahora que el inviolable ha dejado de serlo y mientras que no le conceden la condición de aforado, nos enteramos por la prensa que dos presuntos hijos del susodicho (presunto y presunta, para ser más exactos) quieren aprovechar el momento para volver a reclamar sus derechos como hijos “por vía consanguínea” del anterior monarca.

    Ahondando en la noticia, nos enteramos que el primero de los presuntos, de nombre Albert Solá, nació en 1956 y que por tanto sería el primogénito real, ya que es siete años mayor que la primera hija “oficial” de D. Juan Carlos de Borbón (la infanta Elena nació en 1963). Afirma que se enteró de su condición de hijo del entonces monarca español, en el año 2001, cuando acudió al juzgado de instrucción en Barcelona para reclamar su expediente de adopción. Menuda sorpresa debió llevarse el hombre, de ser cierto lo que cuenta, cuando se enteró por el juez, que había sido un “chupete verde” (bebé con sangre real).

    La segunda protagonista de nuestra historia, Ingrid Sartiau, de 47 años y residente en Gante, también afirma ser hija del anterior rey de España (y por tanto, hermanastra de Albert, Elena, Cristina y del rey actual, Felipe VI). Al parecer, se ha realizado las pruebas de ADN y tras compararlas con las de su presunto hermanastro Albert, hay una coincidencia del 91 %, lo que supone una alta probabilidad de que el padre de ambos sea la misma persona.

    En el año 2012, ambos presentaron la correspondiente demanda de paternidad en sendos juzgados de primera instancia de Madrid y en los dos casos, éstas fueron rechazadas en aplicación del artículo 56 de la Constitución, que declara inviolable la figura del Rey. Las dos juezas implicadas debieron ver el cielo abierto, cuando gracias al artículo, se quitaron el “marrón” de encima.

    La misma Constitución que declara que “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” deja desamparados a dos ciudadanos que reclaman su derecho a conocer quiénes son y de dónde vienen, por proteger la inviolabilidad de otro ciudadano.

    El mismo Rey, que declaró durante su discurso de Navidad que “La Justicia es igual para todos”, se ampara en la inviolabilidad de su persona para eludir presuntas obligaciones legales. Los mismos políticos que en su día afirmaron que “Todos somos iguales ante la ley, ese es uno de los grandes logros de la democracia” (Mariano Rajoy) o “Vivimos en un estado de derecho y el principio de igualdad ante la ley es el que rige” (Alberto Ruiz-Gallardón), son los que ahora buscan solucionar, con un aforamiento especial, los problemas que puedan surgir con la pérdida de inviolabilidad de D. Juan Carlos. Curiosa manera de interpretar el texto constitucional.

    Supongamos por un momento, que aprovechando ese espacio temporal de desprotección entre la abdicación y el aforamiento de D. Juan Carlos, la demanda de Albert Solá es admitida a trámite. Supongamos que el Juez (o Jueza) le echa narices y pide una prueba de paternidad. Supongamos que dicha prueba saliese positiva y por que tanto, a Albert Solá le correspondiese el trono de España por derecho. Supongamos que lo reclama. ¿Qué pasaría entonces? ¿Qué opinarían los monárquicos juancarlistas? ¿Considerarían entonces que el nuevo Rey estaba sobradamente preparado para gobernar? ¿Saben que Albert Solá es miembro de “Iniciativa per Cataluya” en cuyo programa político destaca el rotundo rechazo a la inmigración? Igual entonces, se producía el hecho paradójico de ver cómo los monárquicos pedían una consulta popular para elegir al nuevo Rey, planteaban una modificación de la Constitución o se declaraban republicanos por convicción.

    Pero no se preocupen, que nada de los anteriores “supongamos” tiene visos de realidad. En todo caso, podría haber cierto revuelo, si el nuevo Rey no se ha hecho la vasectomía y le da por despendolarse durante su mandato, sembrando el mundo con sus semillitas reales. Como una de ellas fructifique y sea varón, volveremos a tener que repasar la Constitución.

    Ahora, que mis amigos monárquicos reflexionen antes de preguntarme qué prefiero, si una monarquía con Felipe VI o una república con José María Aznar de Presidente, no sea que tengamos que devolverles la pregunta y queden en evidencia.

    Besos

     

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