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Alfonso Ros Campos

Cartagenero, de la cosecha del 63, funcionario en la Universidad de Murcia y sindicalista.

Sobre este blog de Sociedad

La actualidad de nuestra Administración y la cruda realidad en la que desarrollamos nuestro trabajo las Empleadas y Empleados Públicos, desde un punto de vista irónico, malintencionado y totalmente subjetivo


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  • 15
    Octubre
    2012

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    CHISTES DE FUNCIONARIOS/AS

     

    Imaginen por un momento la noticia: Una de las grandes multinacionales, con delegaciones por toda España, decide por las buenas, despedir a miles de trabajadores y trabajadoras. Al resto, los que mantienen su puesto trabajo, les rebaja el sueldo, les aumenta la jornada laboral, les suprime una paga y les quita los derechos sociales contemplados en su Convenio Colectivo, sin avisar y sin negociación previa con los representantes de los trabajadores. No hay que pensar mucho para imaginar que, a continuación, se organizarían grandes y sonoras movilizaciones de protesta que contarían con el apoyo solidario y mayoritario de la ciudadanía.
     
    ¿Por qué no ocurre lo mismo en el caso de los empleados públicos? Al fin y al cabo, trabajadores de la mayor empresa española, la Administración Pública, que han visto como el Gobierno de turno, de manera sistemática, recorta sus salarios, suprime su paga extraordinaria, despide a miles de funcionarios interinos y contratados laborales y les recorta derechos.
     
    ¿Cómo ha reaccionado en este caso la ciudadanía? Al contrario de lo esperado, no se nota un sentimiento mayoritario de solidaridad o de comprensión hacia los funcionarios. Hay sectores de la sociedad, incluidos algunos políticos y medios de comunicación que parecen alegrarse. ¿Recuerdan el famoso “que se jodan”? Parece que algunos ya han encontrado un chivo expiatorio al que responsabilizar de su frustración: Los funcionarios, esos parásitos sociales, que trabajan poco, ganan mucho y están siempre protestando. ¿Tan mal concepto tiene la sociedad española de sus empleados públicos? ¿Cómo hemos llegado a esta situación?
     
    Todo empezó con unos cuantos chistes de funcionarios, la mayoría, basados en tópicos arrastrados de una Administración anterior, cuando los funcionarios se nombraban a dedo o por sus méritos en el “Movimiento Nacional”, y que tendían a generalizar y exagerar situaciones, para conseguir su objetivo de hacer reír.
     
    Estos chistes calaron en la sociedad, hasta el punto de que los propios funcionarios los contábamos, unas veces por animar veladas y otras por justificar nuestra precaria situación económica con aquello del “me engañan en el sueldo, pero no en el trabajo”. Por nuestro carácter latino, a los españoles (funcionarios o no) nos gusta mucho sacar barriga y ser envidiados por nuestra “buena posición laboral”, aunque sea mentira.
     
    Ahora, los chistes se han vuelto en nuestra contra. Ya no hace gracia que el tópico haya calado tanto, que una parte de la sociedad nos considere una lacra y los responsables de todos los males de nuestra Administración. Y no hace gracia porque no es real, es una mentira que, de tanto repetirse, parece una verdad absoluta.
     
    De los funcionarios del chiste a los de hoy en día, hay un abismo. Ahora, la Administración Pública se ha modernizado, los funcionarios y funcionarias accedemos a las plazas por concurso-oposición, cumplimos con nuestro trabajo y nuestros horarios y atendemos al resto de ciudadanos con diligencia, profesionalidad y respeto. Es cierto, puede haber excepciones, como en cualquier oficio y profesión, pero es injusto generalizar, aunque sea para hacer un chiste.
     
    Mientras tanto, nuestros políticos se frotan las manos con la situación. La campaña de desprestigio que se ha generado contra los empleados públicos y que, si no la han generado ellos mismos (de manera interesada), sí que al menos, la han fomentado y alentado, les viene bien para seguir con sus políticas de recortes, para desviar la atención y no tener que cargar con las culpas de su mala gestión, de su falta de ideas y recursos, de su ineptitud y mediocridad ¿Qué oposiciones han superado ellos para llegar al poder? ¿Qué conocimientos y habilidades han demostrado, más allá de su capacidad trepadora dentro del Partido? ¿Qué esfuerzos están dispuestos a realizar ellos? ¿En qué se están recortando?
     
    Ha llegado el momento de apartar chistes y tópicos, de hablar seriamente y recordarle al resto de ciudadanos, que los empleados públicos somos los responsables de que pueda funcionar la Administración, que de nuestro trabajo dependen esos Servicios Públicos que garantizan el estado de bienestar, el acceso en igualdad de condiciones para todos los españoles y españolas a la sanidad, la educación, la asistencia social, la justicia, la seguridad, etc. Una agresión a los funcionarios, por tanto, es una agresión directa a la ciudadanía.
     
    Es momento también de dejar aparcado ese orgullo malinterpretado y explicar al resto de ciudadanos que la agresión hace mucho más daño, porque es continua, continuada y sumatoria. Antes de entrar en estos años de crisis, ya nos quejábamos de la pérdida de poder adquisitivo que soportábamos, con subidas salariales por debajo del IPC, a las que luego se añadió un recorte del 5 % y a los que se sumó una nueva congelación salarial, la supresión de la paga extraordinaria (nuevo recorte adicional al anterior y equivalente a un 7 % aproximadamente), aumento de jornada y supresión de días libres (trabajar más horas por el mismo precio, supone una nueva rebaja salarial), despidos o reducción de jornada y salarios a interinos.... ¿No es esto una agresión? ¿No es lógico que protestemos? ¿No protestarían ustedes?
     
    No nos dejemos llevar por el dicho de que “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey” para justificar que hay gente que está todavía peor, porque, como también dice nuestro refranero, “mal de muchos, consuelo de tontos”.
     
    Besos

     

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