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Gauden Villas

Sobre este blog de Deportes

Ha dicho muchas veces que su piel solo tiene un color: el rojo. Se creyó siempre un perdedor hasta que Luis Aragonés, el sumo pontífice, demostró que España también puede ser la más grande. Lloró con el gol de Iniesta y en su camiseta, contra viento y marea, luce el 9 de Torres.


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  • 08
    Junio
    2012

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    España y Alemania...y luego los demás.

                                             

     

                La Eurocopa, como el Mundial, parece que no va a llegar nunca. Y de repente resulta que empieza hoy. Nos pilla desprevenidos, pero sabemos que el proceso de adaptación es corto. Es poner la tele para ver el partido inaugural y darte cuenta de que ahora la cosa va en serio.

                Tengo delante el calendario, los grupos, las selecciones clasificadas. Veo algunas que sobran y no quiero ni pensar lo que será la próxima Eurocopa con ocho países más (no queda lejos el momento en que veamos a San Marino o Islas Feroe luchando por pasar a cuartos). Así, de entrada, lo del grupo A es como de risa. Vale que los polacos fueron muy simpáticos aceptando que la final fuera en Kiev, pero tampoco había que hacerlo tan descaradamente. El resultado es que en el grupo de al lado, el B, se la juegan cuatro selecciones de rompe y rasga. Ahí va a estar el espectáculo hasta cuartos.

                La gente -o su traslación moderna al mundo del fútbol: las casas de apuestas- dan favorita a España. Antes, cuando éramos campeones mundiales de amistosos y perdedores impenitentes de todo lo demás, los únicos que nos dábamos como favoritos éramos nosostros mismos. Ahora son los demás y, como somos españoles, somos nosotros los que no lo vemos tan claro -más allá de la prensa de Madrid, que piensa que vendiendo optimismo vende más periódicos-. No estamos tan bien como hace cuatro años y estamos un poco peor que hace dos. Que los otros sean capaz de superarnos está por ver.

                ¿Que de qué otros hablo? Pues para empezar, de Alemania. Los hemos tumbado dos veces seguidas, lo cual engrandece nuestras victorias. La tercera será más complicada. La mayoría sube y baja al albur de generaciones más o menos brillantes de futbolistas. Los alemanes ni suben, ni bajan, siempre están arriba. Si tienen tíos que saben moverla, la mueven y, si no, buscan otra manera. El país en sí se transforma durante estas citas. Da gusto pasear por sus calles y ver cómo sacan la Eurocopa a las terrazas, los jardines, las plazas y los parques. Lo viven, en definitiva. Quizás por eso no hay futbolistas más mentalizados que los alemanes.

                Siguen hablando de Holanda. Y yo la veo fuera en la fase de grupos -es desde luego un deseo, que acaso influencia mi análisis-. Simpáticos como país -al menos para mí- el actual seleccionador ha convertido a ese equipo en un batiburrillo de zapadores del antifútbol. En el Mundial -contra Brasil sobre todo- agotaron su cupo de suerte. A poco que  Ronaldo, o los chicos de Dinamarca, tenga su día, De Jong y su cohorte de pandilleros volverán a casa bien pronto. A dar patadas a las latas de cerveza del Red Light District.

                Italia siempre es Italia, aunque siga jugando Cassano. Es un torneo corto y se nota el partido menos que en el Mundial. Equipos que apuestan al cero-cero, tipo Grecia en la Euro que ganó, pueden apurar su suerte. Los italianos son un poco como Alemania, pero en plan depresivo, así que por el bien del fútbol sería deseable su pronta desaparición. Ver desaparecer a Balotelli de los titulares sería el premio añadido para la inteligencia mundial.

                De los otros, veo muy mal a Inglaterra. Ningún inglés entiende que hayan optado por Hodgson -la gente quería a Redknap- y el pobre hombre trabaja con la espada de Damocles encima desde que llegó. A ello hay que añadir una generación bastante limitada en talento. En cambio, aprecio mejoras en Francia. Blanc es un tipo listo, tiene dos delanteros de primer nivel -Benzema y Ribéry- y una defensa más que competente. En partidos de ida y vuelta es un equipo temible.

                Veremos, finalmente, si, como parece, la aborrecible corriente del fútbol tacaño y avinagrado que llevó al Chelsea a ganar la Champions tiene su continuación en Polonia y Ucrania. Que Holanda juegue al catenaccio no es, desde luego, ningún buen augurio. Ver a Trapattoni en Irlanda tampoco invita a ponerse a bailar. Habrá que esperar por dónde nos salen Francia e Inglaterra. Porque España y Alemania ya sabemos que saldrán a ganar.

     

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